martes, 20 de enero de 2026

DIARIO DE UN SOLDADO

 DIARIO DE UN SOLDADO


¿QUIÉN ESTÁ AL APARATO?
Tres de septiembre de 1936, Talavera de la Reina es la última ciudad importante entre Madrid y el ejército de África, la marcha de éste ha sido vertiginosa por Andalucía y Extremadura, su marcha parece imparable. El gobierno de la República se encuentra esperanzado en poder detener a los sublevados en esta localidad, y para ello piensa detenerlo a toda costa en la ciudad toledana.
La República ha designado al general Riquelme para dirigir a las fuerzas republicanas, al mando de las milicias se encuentra Juan Modesto, estas fuerzas han logrado reunir a más de diez mil combatientes, también disponen de abundante artillería y hasta un tren blindado.
El día dos de septiembre las fuerzas de Yagüe se encuentran en las afueras de la localidad, el teniente coronel soriano cuenta con unos tres mil quinientos hombres, la mayoría legionarios y regulares. La idea de maniobra de Yagüe consiste en rodear los flancos de las fuerzas de la república para envolverlos.
Una de las columnas de Yagüe al mando del comandante Castejón y la otra al mando del teniente coronel Asensio envuelven a las defensas republicanas por sus flancos, tras un primer momento en el que logran detener el avance, a la segunda acometida, las fuerzas gubernamentales se retiran en desorden, las fuerzas atacantes consiguen tomar el aeródromo y la estación de ferrocarril.
Yagüe ve su oportunidad y no piensa desaprovecharla, se lanza en tromba hacia el centro de la localidad, consiguiendo sorprender a los defensores que se encontraban allí, capturando a gran número de milicianos, los supervivientes emprendieron una desordenada huida, abandonando armamento y equipo, esa misma tarde a las 14,20 horas la ciudad está completamente en manos del teniente coronel legionario.
El Ministro de la Guerra de la II República llama por teléfono para preguntar por la situación en la localidad:
- Ring, ring, ring…..
Un soldado de regulares que había penetrado en un edificio oficial del centro de la localidad al escuchar el teléfono, lo descolgó.
- Aquí Madrid, soy el general Sarabia,
- ¿Con quién hablo?
- Llamo desde el Ministerio de la Guerra.
El soldado de regulares era la primera vez que contemplaba el artilugio del cual se emitían esos extraños sonidos, el asakari se animó a hablar por el micrófono:
- ¡Qué decir tú de Ministerio paisa!
El fuerte acento marroquí del interlocutor, desconcertó totalmente al general Sarabia.
- Pero, ¿vamos a ver quién está al aparato?
- Yo ser askari del tabor de Ceuta.
La respuesta que escuchó Sarabia le dejó totalmente helado y no admitía duda de ningún tipo, la ciudad había caído ya en mano de las fuerzas africanas. Las fuerzas de Yagüe se encontraban a ciento veinticuatro kilómetros de la capital de España, lugar donde se habían encendido todas las alarmas.
Jorge Rowe
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Guillermo Conquistador: El bastardo normando que robó Inglaterra con solo 7.000 hombres.

 




Guillermo Conquistador: El bastardo normando que robó Inglaterra con solo 7.000 hombres.

En el siglo XI, cuando Zoe Porphyrogenita gobernaba Bizancio desde un harén lleno de oro y traiciones, un bastardo normando llamado Guillermo el Conquistador cruzó el Canal de la Mancha con apenas 7.000 hombres y robó toda Inglaterra en un solo día de batalla en Hastings. Se convirtió en rey en 1066, construyó la Torre de Londres para aterrorizar rebeldes sajones, creó el Domesday Book —el primer censo completo de un reino en la historia— y forjó un imperio normando que se extendió desde Escocia hasta Sicilia. Detrás del mito del rey guerrero implacable había un hijo ilegítimo que sobrevivió a 17 atentados contra su vida desde niño, un esposo con 9 hijos que colgaba rebeldes de los árboles como advertencia, y un hombre paranoico que murió de un dolor terrible en el vientre mientras cazaba en Francia, dejando un reino unido por hierro, sangre y leyes nuevas que cambiaron Europa para siempre.
Guillermo nació en 1028 en Falaise, un castillo gris de piedra en el corazón de Normandía, hijo ilegítimo del duque Roberto I el Magnífico y de Herleva, una mujer sencilla de familia humilde que trabajaba como curtidoras de pieles en el pueblo. Desde pequeño lo llamaban "el Bastardo" por su nacimiento fuera del matrimonio, y ese apodo lo marcó como una herida abierta que nunca sanó. A los 7 años, cuando su padre murió en una peregrinación a Tierra Santa, heredó el ducado de Normandía —una tierra salvaje llena de vikingos
` campesinos, señores rebeldes y fronteras peligrosas—. Los nobles locales intentaron matarlo 17 veces: una vez lo escondieron dentro de un panal de abejas para salvarlo de asesinos, otra noche durmió entre sacerdotes armados con dagas para no morir apuñalado en su cama. A los 20 años ganó la batalla de Val-ès-Dunes en 1047, donde rompió una rebelión de sus propios barones a flecha limpia y demostró que era un líder de hierro puro.
A los 23 años se casó con Matilde de Flandes, una duquesa bajita pero rica e inteligente que le trajo tierras y alianzas. El Papa León IX prohibió la boda porque eran primos lejanos, pero Guillermo y Matilde se casaron igual en secreto en la catedral de Rouen, desafiando la excomunión. Tuvieron 9 hijos llenos de vida: Roberto Curthose, el heredero rebelde que siempre peleaba con su padre; Ricardo, que murió joven cazando un jabalí salvaje; Guillermo Rufo, el rey pelirrojo de Inglaterra; Enrique Beauclerc, el más culto que salvó la dinastía con libros y leyes; Adela, que se casó con un rey francés y crió emperadores; y más. Matilde gobernaba Normandía cuando Guillermo estaba lejos en guerra, y juntos crearon una familia que conquistó medio mundo.
Guillermo soñaba con Inglaterra desde los 20 años, cuando el rey sajón Eduardo el Confesor —su primo lejano— le prometió la corona en secreto. Cuando Eduardo murió en 1066, el noble sajón Harold Godwinson se coronó a sí mismo en Westminster, robándole el trono prometido. Guillermo, furioso en su castillo de Rouen, reunió una flota impresionante en solo 3 meses: 700 barcos que cargaron 2.000 caballos nerviosos, 7.000 hombres entre normandos feroces, bretones valientes y flamencos leales. Cruzaron el Canal en medio de una tormenta terrible, desembarcaron en la playa de Pevensey y marcharon directo a Hastings. El 14 de octubre de 1066, Harold llegó exhausto de pelear contra Harald Hardrada en el norte. Guillermo fingió una retirada falsa, Harold bajó sus escudos para perseguirlos, y los normandos giraron con hachas y flechas. Una flecha enemiga le dio en el ojo a Harold, sus sajones huyeron despavoridos por el pantano, y Guillermo entró en Londres como vencedor. Se coronó rey el día de Navidad en la Abadía de Westminster —el último rey que conquistó Inglaterra con espada en mano—.
Gobernó con una mano de hierro que nadie olvidaba. En 1078 mandó construir la Torre de Londres, una fortaleza blanca gigante de piedra traída de Caen, para aterrorizar a los londinenses rebeldes que quemaban casas normandas. Creó el Domesday Book en 1086, un censo enorme donde sus funcionarios recorrían cada aldea de Inglaterra contando ovejas, cerdos, siervos y hasta colmenas —los monjes lo llamaban "como el Día del Juicio porque nadie escapa"—. Masacró el norte sajón en 1069 con el "Harrying of the North": quemó aldeas, mató ganado y dejó 100.000 personas muertas de hambre, con lobos comiendo cuerpos en campos nevados. Conquistó Gales paso a paso, mandó a sus normandos a Sicilia en 1072 para robar tierras bizantinas, y siempre cabalgaba al frente de sus tropas con un caballo blanco y una lanza ensangrentada.
Pero Guillermo era humano hasta los huesos y roto por dentro. Dormía cada noche con guardia armada porque tenía paranoia de asesinos, reía cruelmente cuando colgaba rebeldes sajones de los árboles más altos como advertencia para todos, y sufría dolores crónicos de gota que lo hacían cojear en sus últimos años. Era un padre estricto y peleón: desheredó a su hijo mayor Roberto Curthose por rebelde, peleó contra él en batallas familiares como si fuera un enemigo cualquiera, y mimaba a Enrique Beauclerc porque era el listo de la familia. Matilde murió en 1083 de un tumor, y Guillermo lloró como un niño en su funeral, diciendo que ella era su única luz verdadera.
Murió en 1087 en Mantes, Francia, durante una cacería real: su caballo tropezó y pisó sus entrañas hinchadas por la obesidad, y el dolor fue tan terrible que agonizó 4 semanas enteras gritando en el castillo de Rouen. Pidió perdón por todas sus crueldades en su lecho de muerte, repartió tierras a la Iglesia y a sus hijos, pero ya era tarde para cambiar su fama. Lo enterraron en la abadía de Caen que él mismo había mandado construir, pero en el siglo XVI unos monjes enfurecidos profanaron su tumba por rencor histórico.
Vivía para la guerra, la caza y la gloria cotidiana: comía venado asado con sus barones alrededor de fogatas enormes, bebía hidromiel hasta la madrugada contando historias de batallas, regalaba tierras y caballos a caballeros leales que luchaban a su lado. Correspondía con papas y sultanes árabes por tratados, coleccionaba reliquias de Tierra Santa que traían peregrinos, y siempre llevaba una cruz de oro que Matilde le regaló el día de su boda secreta.
Cuando murió, dejó un imperio normando que duró 300 años más en Inglaterra y Normandía, un idioma inglés moderno lleno de palabras francesas normandas, y un sistema feudal centralizado con leyes que toda Europa copió después. Guillermo no solo conquistó una isla rebelde: creó la Inglaterra medieval desde cero con pura fuerza de voluntad, terror organizado y una visión que nadie vio venir. En un siglo XI lleno de duques débiles, reyes perezosos y tribus desunidas peleando por migajas, un bastardo normando demostró que la ambición salvaje y el terror bien usado unifican naciones mejor que cualquier corona heredada o tratado de paz.
Hoy el Tapiz de Bayeux —70 metros de tela bordada— cuenta su historia completa para todos los visitantes, y en Normandía lo recuerdan como "el Bastardo Victorioso" con estatuas orgullosas en Falaise y Rouen. Fue un esposo fiel a Matilde pese a todos los rumores de amantes, un padre complicado de emperadores y reyes que cambiaron los mapas de Europa, y un conquistador nato que robó una corona entera con fuerza bruta y astucia. En el siglo XI, Guillermo Conquistador fue el alma del poder normando salvaje y ambicioso: la prueba viviente de que un hijo ilegítimo con fuego en las venas puede tomar reinos completos, unirlos con hierro y dejarlos grabados en la historia para siempre.
Autor: Linda MaCort
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Los hermanos González

 Los hermanos González



En 1810, los hermanos Epigmenio y Emeterio González, de 32 y 29 años respectivamente, tenían un pequeño comercio o taller en la calle de San Fernando, en la ciudad de Querétaro. Ambos habían nacido en esa ciudad.
Previo al Grito de Dolores, comenzaron a acopiar armas y cartuchos para la causa insurgente, hasta que fueron delatados el 9 de septiembre de 1810. Al día siguiente, ambos fueron encarcelados por órdenes del corregidor Miguel Domínguez.
De estos dos hombres se conservan poquísimas imágenes; sin embargo, son figuras fundamentales en el inicio del movimiento de Independencia y de la conspiración original de Querétaro. La historia de los hermanos González es trágica y merece ser rescatada.
Fueron detenidos y llevados a juicio. Durante el proceso, muchos de los implicados negaron su participación diciendo: “No era cosa mía”, “Yo no intervine”, “Yo sólo pasaba por ahí”. Los únicos que aceptaron abiertamente su participación en favor de la independencia fueron Epigmenio y Emeterio.
Fueron condenados y enviados a la Ciudad de México. Emeterio fue ejecutado, mientras que Epigmenio, aun desde la cárcel, volvió a involucrarse en actividades conspirativas. Al ser descubierto nuevamente, fue sentenciado a prisión de alta seguridad y trasladado al Fuerte de San Diego, en Acapulco. Ahí, en las troneras, contrajo fiebres terciarias que deterioraron gravemente su salud.
Cuando Morelos tomó Acapulco, las autoridades virreinales enviaron a Epigmenio a Filipinas, donde fue condenado a trabajos forzados.
En 1821, al consumarse la Independencia de México, Epigmenio pidió su liberación. Sin embargo, como el gobierno español no reconocía aún la independencia del nuevo país, permaneció diez años más en prisión. Finalmente, logró salir, mendigando, y llegar primero a España, y de ahí a México.
A principios de 1830, Epigmenio se presentó en Palacio Nacional diciendo:
«Buenos días, soy Epigmenio González, uno de los participantes del movimiento insurgente; fui el primer armero de la independencia».
Pero su nombre no aparecía en los registros oficiales de “héroes de la patria”, que sólo incluían a Hidalgo, Morelos, Mina y otros. Fue rechazado y expulsado del lugar.
Con el paso del tiempo, terminó trabajando como guía de un museo en San Luis Potosí, donde un periodista lo descubrió y documentó cuidadosamente su vida, dando testimonio de la historia del irreductible Epigmenio González.
Cada 15 de septiembre, en las ceremonias patrias se grita: “¡Viva Hidalgo!”, pero nadie menciona a estos dos hermanos cuyo nombre ha quedado injustamente relegado. La lista de los padres de la patria está incompleta.
Las revoluciones las hacen también hombres como los hermanos González.
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