El origen del estoicismo.
No nació en un templo, ni entre los poderosos.
Nació en un pórtico: el Stoa Poikile de Atenas, donde un extranjero llamado Zenón de Citio empezó a enseñar una filosofía que cambiaría para siempre la forma de resistir al dolor.
Corría el siglo IV a.C.
Zenón, un comerciante náufrago, perdió todo en un viaje. Pero en esa pérdida… encontró algo mayor: la sabiduría.
Inspirado por Sócrates, fundó una escuela distinta.
Ya no se trataba de saber por saber, sino de vivir con virtud, dominio propio y paz interior, sin importar lo externo.
El estoicismo enseñó que:
– No controlas lo que te pasa, pero sí cómo lo enfrentas.
– Lo único bueno es la virtud: coraje, justicia, sabiduría, templanza.
– El sabio acepta el destino, no con resignación, sino con fortaleza interior.
A esa idea se sumaron otros grandes:
Epicteto, un esclavo que enseñaba libertad interior.
Séneca, un político entre intrigas y tragedias.
Marco Aurelio, un emperador que escribió en silencio sus Meditaciones.
El estoicismo no fue una moda griega.
Fue una antorcha que cruzó los siglos, que encendió el alma de cristianos, soldados, médicos, padres de familia…
porque no exige que seas perfecto, sino que resistas con honor.
– Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
– Epicteto, Disertaciones y Enquiridión
– Séneca, Cartas a Lucilio
– Marco Aurelio, Meditaciones
– Pierre Hadot, La filosofía como forma de vida
– Massimo Pigliucci, Cómo ser un estoico
– Anthony Long, Epictetus: A Stoic and Socratic Guide to Life
– Ryan Holiday, The Daily Stoic