Tu corazón tiene un “cerebro” propio
El corazón humano alberga cerca de 43.000 neuronas especializadas, formando el sistema nervioso cardíaco intrínseco, conocido popularmente como el “cerebro del corazón”. Estas neuronas no son simples cables pasivos: pueden procesar información, regular el ritmo de manera independiente e incluso mantener los latidos sin órdenes directas del cerebro.
El corazón y el cerebro se comunican de forma bidireccional a través del nervio vago, pero de manera sorprendente, cerca del 80% de esas fibras transmiten información desde el corazón (y otros órganos) hacia el cerebro, y no al revés. Estas señales llegan a regiones clave como la médula, el hipotálamo, el tálamo, la amígdala y la corteza cerebral, influyendo en reflejos, respuestas al estrés, estados emocionales e incluso en la percepción del dolor.
Estudios demuestran que al enfocarse en la actividad cardíaca —mediante estimulación del nervio vago o técnicas de coherencia cardíaca— es posible modular la actividad de áreas cerebrales vinculadas a la emoción y al dolor. Esto revela que el corazón no es solo una bomba incansable, sino también un órgano sensorial y regulador, capaz de influir en cómo piensas, sientes y reaccionas.
Aun así, el cerebro sigue siendo el centro de control maestro, integrando las señales que recibe y coordinando la función global. Sin embargo, este “mini-cerebro” en el pecho añade una capa fascinante al vínculo entre mente y cuerpo, recordándonos que la conexión entre lo que sentimos y lo que pensamos es mucho más literal de lo que creíamos.
Fuentes:
HeartMath Institute.
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