El 28 de marzo de 1872 nació en Pamplona José Sanjurjo, militar que ocupó importantes puestos durante la monarquía alfonsina, a dictadura de Primo de Rivera y durante los primeros tiempos de la Segunda República. Sin embargo, no tardó mucho en distanciarse del nuevo gobierno republicano y protagonizó un fallido golpe de Estado en agosto de 1932, la popularmente conocida como Sanjurjada. En 1936 fue uno de los militares implicados en el golpe de Estado de julio de 1936, y estaba previsto que fuera el comandante en jefe del bando sublevado al inicio de la rebelión.

Era hijo de un coronel que murió en la tercera guerra carlista combatiendo por la causa carlista. Estudió en la Academia de Infantería de Toledo e inició su carrera como teniente en Cuba, donde ascendió a capitán. Tras el final de la guerra de Cuba volvió a España y participó en las guerras de Marruecos. Intervino en la guerra de Melilla (1909) obteniendo la Cruz al Mérito Militar en la acción de la alcazaba de Zeluán y el ascenso a comandante por méritos de guerra en el zoco de Beni Buifrur. En 1911 regresó a Melilla para participar en la campaña del Kert. Al comienzo de la guerra del Rif obtuvola Cruz al Mérito Militar por la toma del Monte Arruit en enero de 1912, regresando a la península con el empleo de comandante de Regulares, cuerpo creado en 1912 y fue premiado con la Cruz Laureada de San Fernando y el ascenso a teniente coronel por su acción en el combate de Beni Zaiem (Tetuán) en 1914.
En la reconquista del territorio perdido en Melilla después del desastre de Annual (1921), alcanzó el grado de general de División y en 1922, estando al frente de la comandancia militar de Larache, investigó los casos de corrupción en la Intendencia e Intervención militar. Cuando en septiembre de 1923 se produce el golpe militar de Primo de Rivera, Sanjurjo en ese momento era gobernador militar de Zaragoza y apoyó sin reservas la sublevación y la posterior dictadura que aquel instauró. Primo de Rivera lo nombró jefe de operaciones del desembarco de Alhucemas, donde el ejército expedicionario bajo su mando consiguió una importante victoria , y antes de acabar el año fue nombrado alto comisario de España en Marruecos, convirtiéndose así en la máxima autoridad del Marruecos español. En 1927, al finalizar la contienda, el rey Alfonso XIII le concedió el título de marqués del Rif. Ese mismo año también es nombrado jefe superior de todas las fuerzas militares en Marruecos.
En 1928 es nombrado director general de la Guardia Civil, puesto que también simultaneó con el de alto comisario en Marruecos. En 1931, Alfonso XIII le concederá la gran cruz de la Orden de Carlos III. Tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, el rey lo reemplazó por el general Dámaso Berenguer para que tutelara una vuelta al orden constitucional anterior a 1923. Este hecho contrarió enormemente a Sanjurjo, que se consideraba mejor preparado para el cargo. Sin embargo, el Gobierno Berenguer fracasó estrepitosamente en sus propósitos y pronto quedó patente la nueva situación. A pesar de las anteriores muestras de confianza por parte de Alfonso XIII, las elecciones del 12 de abril de 1931 significaron la victoria de las candidaturas republicanas y socialistas en las principales ciudades y centros urbanos, incluidas Madrid y Barcelona. La población se lanzó a la calle a celebrar el éxito, dejando patente la soledad del rey y sus partidarios. Al preguntarle el gobierno del almirante Aznar si este podía contar con el apoyo de la Guardia Civil y el suyo propio, Sanjurjo afirmó que no podía garantizarlo y se inhibió. Poco después Alfonso XIII abandonaba el poder y oficialmente era proclamada la Segunda República.
Siguió siendo director de la Guardia Civil durante el periodo republicano, cargo del que fue destituido por sus excesos en la represión contra movimientos obreros como el de Arnedo (Logroño) en 1932. Pasó entonces a dirigir el Cuerpo de Carabineros; pero la derecha instrumentalizó este cambio presentándolo como una discriminación sectaria del gobierno de Manuel Azaña.
Desde luego, Sanjurjo no simpatizaba ni con la orientación izquierdista del gobierno ni con el carácter democrático del régimen republicano, como demostró encabezando un intento de golpe de Estado en Sevilla (la Sanjurjada), que fracasó. Aquella intentona reafirmó la voluntad reformista de las autoridades republicanas, decidiéndolas a aprobar poco después la Ley de Reforma Agraria y el Estatuto de autonomía de Cataluña.
En cuanto a Sanjurjo, la pena de muerte por el intento de golpe de Estado, le fue conmutada por la de cadena perpetua; pero apenas había empezado a cumplirla cuando fue excarcelado por el gobierno de derechas que salió de las elecciones de 1933. Partió al destierro en Portugal (1934), donde pudo conspirar contra la República con total libertad.
Convertido en un símbolo para los militares reaccionarios descontentos con el triunfo electoral de la izquierda en 1936, fue reconocido como jefe por Emilio Mola, Francisco Franco y los demás conspiradores que prepararon el golpe de Estado del mes de julio del 36. En el organigrama de los sublevados estaba previsto, desde el principio. Así, Sanjurjo asumiría la Jefatura de la rebelión, ya que era considerado como el general de más prestigio y un líder aceptable para las distintas tendencias ideológicas que participaban en el golpe.
Iniciado el golpe el 18 de julio, por orden del general Mola, «El Director» de la conspiración, el aviador Juan Antonio Ansaldo va el 20 de julio a Estoril a recogerle con su avioneta para trasladarle a Burgos, donde asumiría el mando del golpe de Estado. Sin embargo, el aparato, un De Havilland DH.80 Puss Moth, matrícula EC-III, se estrella a los pocos momentos del despegue y termina envuelto en llamas al impactar contra una valla de piedra en la actual rúa de Santa Cruz, en la pedanía de Areia (Cascaes), donde sus compañeros de armas erigieron años después un sencillo monolito conmemorativo. Sanjurjo muere y el piloto, que logró sobrevivir con heridas leves, atribuirá el siniestro al exceso de equipaje del general.
Su muerte y los fracasos de Goded y Fanjul (arrestados y, más tarde, fusilados) obligaron a reorganizar los planes de los golpistas. Mola se trasladó el 21 de julio desde el norte hasta Zaragoza, donde se reunió con el general Cabanellas y le invitó a presidir la Junta de Defensa Nacional, que se formó en Burgos tres días después.