jueves, 12 de febrero de 2026

El Vaticano es un país independiente dentro de la ciudad de Roma, y es el Estado más pequeño del mundo.

 El Vaticano es un país independiente dentro de la ciudad de Roma, y es el Estado más pequeño del mundo.



Con apenas 0,44 kilómetros cuadrados y alrededor de 800 habitantes, la Ciudad del Vaticano es un Estado soberano reconocido internacionalmente desde 1929, cuando se firmaron los Pactos de Letrán entre la Santa Sede e Italia. Aunque está completamente rodeado por Roma, no pertenece a Italia: tiene su propio gobierno, su propia bandera, su propio sistema postal, matrículas vehiculares (como las famosas “SCV”), y hasta su propia guardia militar, la Guardia Suiza.


El jefe de Estado es el Papa, quien ejerce autoridad absoluta en el territorio. El Vaticano también emite pasaportes, acuña monedas en euros con diseños propios y mantiene relaciones diplomáticas con más de 180 países. Además, posee su propio banco, conocido como el Instituto para las Obras de Religión.


Dentro de sus murallas se encuentran algunos de los lugares más importantes del cristianismo y del arte mundial: la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina con el techo pintado por Miguel Ángel, y los Museos Vaticanos, que albergan una de las colecciones artísticas más valiosas del planeta.


A pesar de su tamaño diminuto, el Vaticano tiene una influencia global enorme. Es el centro espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo y un actor diplomático activo en conflictos internacionales y debates éticos.


En resumen, no es solo una iglesia ni un barrio histórico de Roma: es un país completo, con fronteras, leyes y soberanía propia, incrustado literalmente dentro de otro país.

Las Amazonas: el mito de las mujeres guerreras que desafió al mundo antiguo

 Las Amazonas: el mito de las mujeres guerreras que desafió al mundo antiguo.



En la mitología griega, pocas historias resultan tan fascinantes y provocadoras como la de las Amazonas, un legendario pueblo de mujeres guerreras que vivían al margen del mundo masculino y que, según los antiguos, dominaban el arte de la guerra mejor que cualquier ejército conocido.


¿Quiénes eran las Amazonas?

Las Amazonas eran descritas como una sociedad formada exclusivamente por mujeres, expertas en combate, equitación y estrategia militar. 


Los mitos las ubicaban en regiones lejanas y misteriosas: cerca del mar Negro, en Asia Menor, e incluso en los confines del mundo conocido. 


Para los griegos, representaban lo exótico, lo peligroso y lo inverso al orden social helénico.


Vivían sin hombres, a quienes solo aceptaban de manera ocasional para asegurar la descendencia. 


Las niñas eran educadas como guerreras desde temprana edad, mientras que los varones, según algunas versiones, eran expulsados o no sobrevivían al nacimiento.


Las Amazonas aparecen en numerosos mitos enfrentándose a los más grandes héroes de Grecia.


Heracles luchó contra la reina Hipólita para obtener su cinturón mágico.


Teseo raptó —o se enamoró— de la amazona Antíope, lo que desató una guerra entre Atenas y las Amazonas.


En la Guerra de Troya, la reina Pentesilea combatió valientemente contra Aquiles, quien, según el mito, quedó impactado por su nobleza incluso tras darle muerte.


Estas historias no solo exaltaban la valentía amazona, sino que también reflejaban el temor griego hacia mujeres que desafiaban el rol tradicional femenino.


Durante siglos se creyó que las Amazonas eran pura fantasía. Sin embargo, descubrimientos arqueológicos en las estepas euroasiáticas han revelado tumbas de mujeres enterradas con armas, armaduras y caballos, pertenecientes a pueblos escitas y sármatas. 


Estos hallazgos sugieren que el mito pudo estar inspirado en culturas reales donde las mujeres participaban activamente en la guerra.


Para la mentalidad griega, las Amazonas simbolizaban el caos frente al orden, lo salvaje frente a la civilización. 


Eran una advertencia mitológica sobre lo que ocurría cuando se rompían las normas sociales establecidas. 


Pero, vistas desde hoy, representan también fuerza, independencia y resistencia, convirtiéndose en un poderoso ícono femenino que ha sobrevivido milenios.


De los poemas épicos a la cultura popular moderna, las Amazonas siguen cabalgando entre la leyenda y la historia, recordándonos que incluso los mitos más antiguos pueden esconder verdades incómodas… y extraordinarias.

El Hijo del Hombre Que Acabó con el Che Guevara Revela el Secreto de Su Padre 50 Años Después...

 El Hijo del Hombre Que Acabó con el Che Guevara Revela el Secreto de Su Padre 50 Años Después...



Nadie podía imaginarlo, y quizá por eso dolió tanto: aquella noche no solo se cerró una vida, también se abrió una herida que tardaría medio siglo en pronunciarse. En los libros, todo quedó reducido a una escena rápida, casi mecánica: una escuela de adobe, un prisionero famoso, un soldado con órdenes claras. Pero las historias que marcan generaciones nunca son tan simples. Siempre hay alguien que carga con lo que el resto convierte en consigna. Siempre hay una familia que aprende a respirar alrededor del silencio.


Mario Terán fue, para el país, un nombre útil. Para unos, el soldado que cumplió su deber. Para otros, el verdugo que apagó un símbolo. Y para su hijo, Miguel, fue algo mucho más difícil de explicar: un hombre que regresó a casa con medallas en el pecho y una sombra en los ojos, como si hubiera traído a un fantasma escondido entre los pliegues del uniforme.


Miguel creció en Santa Cruz con un apellido que abría puertas y levantaba cejas. “Ahí va el hijo del héroe”, decían en la calle, y a veces lo decían con orgullo, como si aquel nombre viniera con un brillo propio. Pero puertas adentro, la casa no brillaba. Allí no vivía un héroe, vivía un hombre que miraba el vacío durante horas, que bajaba el volumen de la radio cuando sonaba cierto nombre, que bebía “para dormir” y aun así despertaba empapado, golpeado por sueños que no le pedían permiso.


La primera vez que Miguel sintió que algo estaba roto, no lo entendió con la cabeza, sino con el cuerpo. Tenía catorce años, y la noche de octubre de 1967 se le quedó pegada a la piel como un frío raro. Su padre acababa de regresar de La Higuera. El pueblo lo recibió con aplausos. La radio lo llamó patriota. Un vecino llevó pan. Otro, una botella para celebrar. Todos querían tocarle el hombro, como si el valor fuera contagioso.


Pero esa misma noche, cuando la casa quedó en calma, Miguel escuchó un sonido que no encajaba en la idea de “héroe”: sollozos. Se levantó descalzo, caminó por el pasillo con el corazón apretado, y se quedó quieto frente a la puerta del dormitorio. No pretendía espiar. Solo quería comprobar que todo estaba bien. Y entonces oyó la voz de su padre, quebrada, como si le costara existir.


“No puedo, Rosa… no puedo cerrar los ojos sin verlo.”


La voz de su madre respondió bajito, intentando sostener el mundo con palabras: “Tienes que intentarlo. Cumpliste con tu deber.”


Y Mario, casi gritando, dijo algo que Miguel jamás olvidaría: “¡Me miró con compasión! ¿Entiendes? Con compasión… como si él sintiera pena por mí.”


Miguel retrocedió como si lo hubieran empujado. En la escuela le habían enseñado que los soldados no lloran, que la patria se defiende con firmeza, que el deber se cumple sin temblar. Pero su padre temblaba. Su padre lloraba. Y ese contraste —el hombre aplaudido afuera y derrumbado adentro— fue la primera grieta del mito.


Los días pasaron y el país siguió su rito: discursos, desfiles, aniversarios. Mario posaba erguido cuando se lo pedían, saludaba con rigidez, aceptaba felicitaciones. Y en casa, el silencio crecía como una humedad. Si alguien mencionaba al Che en una conversación, Mario cambiaba de tema o se levantaba y se iba al patio...


¿Quieres saber qué pasó después?


...Lea la historia completa debajo del enlace en los comentarios 👇

Durante 14 años Stan Beaton pagó puntualmente mes a mes la factura de su teléfono fijo, pero no lo utilizaba. No lo hacía para llamar a nadie, ni para responder llamadas, pagaba el servicio porque el contestador automático guardaba la voz de su esposa Ruby, fallecida de cáncer en 2003.

 Durante 14 años Stan Beaton pagó puntualmente mes a mes la factura de su teléfono fijo, pero no lo utilizaba. No lo hacía para llamar a nadie, ni para responder llamadas, pagaba el servicio porque el contestador automático guardaba la voz de su esposa Ruby, fallecida de cáncer en 2003.


Para este jubilado británico, esos breves instantes del audio que guardaba el saludo de su esposa, era el único lugar del mundo donde ella se sentía viva, dándole consuelo en sus momentos tristes.
Pero, su voz estaba a punto de desaparecer, y ese saludo pasaría a ser tan solo un recuerdo que logró conservar durante 14 años.
En diciembre de 2015, una actualización masiva de la compañía telefónica provocó el reseteo de los sistemas borrando el mensaje.
Cuando Stan marcó su propio número buscando el consuelo habitual, solo encontró una voz robótica de una máquina vacía.
- "Sentí que la había perdido por segunda vez", declaró Stan a la BBC. Estaba devastado.
Cuando la empresa se enteró de la historia, se conmovió y reunió a un equipo de once ingenieros especializados para rastrear el archivo de audio en los servidores, aunque, no seria tarea fácil porque ya habían sido desconectados.
Tardaron tres días navegando en una cantidad de archivos e información, y finalmente lo lograron.
Acto seguido, los directivos fueron personalmente a su casa y reprodujeron el audio recuperado, Stan quedo inmóvil, y entre lágrimas confesó que, aunque era solo un sonido, recuperar la voz de su esposa le había devuelto la paz.
La empatía de esta empresa le devolvió a Stan, otra parte de su ser
Fuentes en BBC News (2015). Widower gets back late wife's deleted voicemail.
​The Telegraph (2015). Virgin Media restores late wife's voicemail.
Puede ser una imagen de una o varias personas, teléfono y texto que dice "UNIVERSO N重 PAGÓ DURANTE 14 AÑOS LA TELEFONÍA, SÓLO PARA CONSERVAR LA voz DE SU ESPOSA EN EL CONTESTADOR."
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CANARIAS LIBRE, LA MAYOR NECRÓPOLIS GUANCHE HALLADA HASTA LA FECHA EN EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO

 

CANARIAS LIBRE, LA MAYOR NECRÓPOLIS GUANCHE HALLADA HASTA LA FECHA EN EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO


"La ignorancia de un pueblo que se llevaba los restos de sus antepasados como quien se lleva una piedra de la playa."
En el año 1933 fue descubierta la mayor necrópolis guanche hallada hasta la fecha en el Archipiélago Canario, la necrópolis guanche de Uchova en el municipio de San Miguel de Abona en el sur de la isla de Tenerife. Dicho yacimiento fue saqueado casi en su totalidad, se calculan que había entre 74 y 60 momias guanches. El estudio de esta cueva funeraria reveló las particularidades de los ritos mortuorios aborígenes que hasta entonces se desconocían, como la colocación de los cadáveres y el acondicionamiento de sus lechos.
La cueva fue descubierta accidentalmente por el cabrero Domingo Pérez en mayo de 1933 y se trata de un lugar de difícil acceso, a mas de 400 metros sobre el nivel del mar y a más de 50 del fondo del barranco.
Al principio Domingo Pérez silenció su hallazgo, al parecer porque quedó "impresionado", pero luego trascendió entre los vecinos y llegó hasta la Guardia Civil, que interrogó al cabrero, y es el capitán de la Guardia Civil, Santiago Cuadrado y el alcalde del municipio, Casiano Alfonso, los que comunican al gobernador civil, Gil Tirado, "el sensacional descubrimiento".
Del cementerio guanche de San Miguel se llevan varias momias y algunos objetos".Dicen que son 74 los cadáveres que se encuentran en la necrópolis y da noticias más precisas sobre la colocación de los mismos.
"Estaban colocados en el interior de una cueva en una especie de camarote construido con palos de sabina, acostados en posición de cúbito superior... se dispuso que un guardián vigilase la cueva, dándose después permiso al público para que visitasen las momias", pero hubo que suspender la entrada porque muchos de los visitantes se llevaban huesos y utensilios pertenecientes a los aborígenes, sintiéndose impotente el guardián para impedirlo.
"Uno de los hechos más bochornosos que cabe registrar en estos últimos 50 años, en lo que a yacimientos arqueológicos se refiere, lo que constituye la brutal destrucción de la necrópolis guanche enclavada en el Barranco de La Tafetana".
Descubrimos la ignorancia de un pueblo que se llevaba los restos de sus antepasados como quien se lleva una piedra de la playa. ¿Dónde fueron a parar esos huesos? ¿al cubo de la basura? Pudimos haber tenido un museo natural de restos aborígenes, una especie de "Cueva de Altamira" o "Cueva pintada de Gáldar" pero ahora no tenemos nada. La pena es que quienes expoliaron los restos no fueron gentes venidas de fuera sino nuestros propios paisanos. Esperemos que los descendientes de esas personas reflexionen y entreguen lo poco que nos va quedando de nuestro pasado, si es que aún lo conservan.
Por María Gómez
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Juan Carlos Betancort Martin y 314 personas más

La reina Isabel I de Castilla y el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.

 La reina Isabel I de Castilla y el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.



La reina Isabel confió en Gonzalo Fernández de Córdoba como pocos. Era su soldado más brillante, el hombre que llevó el estandarte de Castilla hasta Italia y que convirtió a España en una potencia militar.


En la Guerra de Granada, Gonzalo ganó fama por su talento y valentía. La reina vio en él no solo un eficaz soldado, sino un símbolo de la nueva España que estaba naciendo.


Luego, en las campañas de Italia, el “Gran Capitán” desplegó su genio militar y derrotó a los franceses, cambiando para siempre la forma de hacer la guerra. Isabel lo admiraba profundamente, pero tras su muerte, Fernando el Católico empezó a desconfiar de él y a temerle: demasiada influencia, demasiada popularidad.


El héroe que sirvió a la reina con lealtad absoluta terminó sus días retirado, en silencio.

Pero su nombre quedó grabado como el del primer gran general de la España moderna. 🇪🇸


🎨 Pintura de Augusto Ferrer-Dalmau Nieto.