El 5 de febrero de 1146 murió asesinado por caballeros villanos Áhmad al-Mustánsir Sayf al-Dawla, más conocido como Zafadola —corrupción de Sayf al-Dawla, «Espada de la Dinastía»—, fue un noble andalusí, señor de Rueda de Jalón y miembro de la dinastía de los Banu Hud, que habían reinado en la taifa de Zaragoza.
Su abuelo, Al-Musta'in II, había muerto en 1110 en la batalla de Valtierra contra el rey de Aragón, Alfonso I el Batallador; aquella derrota de las fuerzas de Saraqũsta facilitó la entrada de los almorávides en la ciudad y el derrocamiento de la dinastía de los hudíes. El padre de Zafadola, Abdelmálik, heredero del difunto rey, hubo de refugiarse entonces en sus posesiones de Rueda de Jalón, en cuya fortaleza mantuvo una apariencia de Corte, sin poder, pero reteniendo todo el prestigio que gestaron sus antecesores. Pudo permanecer allí con la autorización interesada de Alfonso I el Batallador, y combatió como su aliado contra los almorávides. Con el título de rey permaneció allí, y tras su muerte el propio Zafadola, resistieron a los almorávides en la fortaleza de Rueda de Jalón con la asistencia puntual de Alfonso I de Aragón. En 1131, negoció con Alfonso VII la entrega de Rueda de Jalón, a cambio de propiedades en tierras del reino de Toledo. En 1133, 1135 y 1144, saquearon ambos el territorio andalusí, como señala la Chronica Adefonsi Imperatoris, que le considera: rex Zafadola sarracenorum. En 1135 Zafadola, junto otros poderosos gobernantes hispánicos, reconoció a Alfonso VII de León el emperador como rey ofreciéndole vasallaje, cuando Alfonso fue coronado Imperator totius Hispaniae en la Catedral de León.
La alianza entre ambos se dirigía contra los Almorávides, procurando la constitución de un frente andalusí en torno a Zafadola. Éste, en efecto, empezó por aglutinar el alzamiento local en el Centro y en el Oriente de al-Ándalus, mientras otros líderes andalusíes se independizaban también de los magrebíes, y constituían sus taifas, desde 1145.
Con el prestigio de su antigua “legitimidad” dinástica y con el decisivo apoyo cristiano, Zafadola, fue reconocido como emir en varios lugares de al-Ándalus, como Córdoba, adonde se encaminó, aunque sólo permaneció allí uno o dos meses, en 1145, retirándose enseguida a Granada e instalándose en la fortaleza donde luego se levantará la Alhambra, mientras guerreaba intensamente con los Almorávides –resistentes en la alcazaba, seguramente la “alcazaba antigua”, en el Albaicín–, a quienes no pudo vencer, por lo cual marchó a Jaén, y dos meses después a Murcia, donde había sido reconocido como soberano por Ibn Ṭāhir y enseguida por el líder militar de la zona valenciana, Abd Al-lah ibn Sa‘d ibn Mardanís; éste y Zafadola salieron al poco contra tropas de Alfonso VII que algareaban la región, dándose la batalla de Albacete, cerca de Chinchilla, donde Zafadola fue hecho prisionero y posteriormente asesinado por caballeros villanos sin la autorización de sus superiores. Podría haber llegado a reunir bajo su mandato parte o todo de al-Ándalus, durante este período de “las segundas taifas”, pero no lo consiguió. Otro, Ibn Hud, volvió a intentarlo, con algo más de éxito, aunque efímero durante “las terceras taifas”.
Con Zafadola no se cumplieron las pretendidas esperanzas de los andalusíes, bien significativamente manifestadas por la Chronica Adefonsi Imperatoris, según la cual, los andalusíes, cuando preparaban su alzamiento contra los Almorávides: “enviaban secretamente mensajeros al Rey Zafadola, diciéndole: ‘habla con el Rey de los cristianos y con él líbranos de las manos de los Moabitas [los Almorávides]; nosotros pagaremos al Rey de León tributos reales mayores que los que nuestros padres dieron a los suyos, y, seguros contigo, le serviremos, y tú y tus hijos reinaréis sobre nosotros’”. Con la muerte de Zafadola, tampoco se cumplieron los propósitos de Alfonso VII, de intervenir en al-Ándalus por medio de emires de él más o menos dependientes, y que lograran desprenderse de los Imperios magrebíes, pues enseguida los Almohades sustituirán a los Almorávides.




