jueves, 26 de febrero de 2026

BELGRANO GÜEMES:

 BELGRANO GÜEMES:


RELACIÓN PERSONAL, TENSIÓN Y ALIANZA EN LA DEFENSA DEL NORTE
EL ENCUENTRO Y LA COMPRENSIÓN DE UNA GUERRA DISTINTA
Cuando Manuel Belgrano llegó al Norte para hacerse cargo del Ejército, comprendió muy pronto que allí la guerra no se parecía a los manuales europeos que había leído. El territorio era áspero, las distancias enormes, el enemigo bajaba desde el Alto Perú con experiencia y disciplina. En ese escenario ya actuaba con peso propio Martín Miguel de Güemes, salteño joven pero con ascendiente real sobre los paisanos armados. No hubo ceremonia ni declaración pública de alianza; hubo necesidad. Durante el Éxodo Jujeño comenzó a notarse la complementariedad: mientras Belgrano organizaba la retirada y la concentración de fuerzas, Güemes desplegaba partidas que hostigaban al enemigo, lo desgastaban y le impedían avanzar con comodidad. Los partes militares de la época mencionan el servicio de milicias locales; la tradición histórica salteña, especialmente desde fines del siglo XIX con Bernardo Frías, desarrolló con más detalle el protagonismo personal de Güemes en ese esquema.
Belgrano no era un militar formado en academias tradicionales, sino un dirigente político convertido en general por mandato de la revolución. Güemes no era un simple jefe de montoneras improvisadas, sino un conductor con sentido territorial y disciplina propia. Esa diferencia de perfiles, lejos de separarlos, terminó volviéndose complementaria.
TUCUMÁN, SALTA Y LA TENSIÓN QUE NO ROMPIÓ EL VÍNCULO
Las victorias que consolidaron momentáneamente la situación del Norte mostraron esa cooperación en acción. Pero la relación no fue lineal ni sin conflictos. El episodio de Campo Santo, cuando Güemes fue separado momentáneamente del ejército regular por acusaciones de indisciplina, marcó un momento de tensión real. Algunos historiadores interpretan que Belgrano actuó con severidad estrictamente militar; otros señalan que influyeron celos y rivalidades internas dentro del cuerpo de oficiales. No hay documentos que prueben enemistad personal duradera entre ambos, pero tampoco puede decirse que no existiera fricción. Lo importante es que el vínculo no se quebró. La experiencia posterior demostraría que el Norte necesitaba algo más que reglamentos: necesitaba movilidad, conocimiento del terreno y liderazgo local.
Con el correr de las campañas y las derrotas sufridas en el Alto Perú, fue quedando claro que la frontera no podía sostenerse únicamente con ejército regular. La guerra en el Norte adoptó un carácter distinto: desgaste, hostigamiento constante, imposibilidad de ocupación estable por parte del enemigo.
LA MADURACIÓN DE LA ALIANZA Y EL RESPALDO POLÍTICO
Cuando Belgrano dejó el mando y luego regresó al Norte en tiempos de la declaración de la Independencia en San Miguel de Tucumán, la figura de Güemes ya no era la de un subordinado circunstancial, sino la de un gobernador y conductor militar con base propia. Las cartas intercambiadas en esos años conservadas en compilaciones documentales muestran un tono de reconocimiento. Muchas de las frases que hoy circulan en libros y redes son reconstrucciones literarias más que transcripciones textuales exactas; conviene aclararlo para no confundir tradición con documento. Pero el contenido general está acreditado: Belgrano reconocía que la defensa del Norte descansaba en la constancia de Salta y sus gauchos, y Güemes afirmaba que sostendría la frontera mientras viviera.
En ese mismo tiempo, Güemes enfrentaba fuerte oposición interna en Salta. Las contribuciones forzosas para financiar la guerra generaban resistencia en sectores acomodados. Allí el respaldo político de Belgrano fue importante. No era solo una cuestión militar, era una cuestión de autoridad. Belgrano entendía que sin recursos y sin liderazgo firme la frontera caería.
Brevemente había pasado por el Ejército del Norte José de San Martín, quien también comprendió la importancia de sostener esa línea defensiva mientras desarrollaba su plan continental. En paralelo, en el Alto Perú actuaba Juana Azurduy con métodos similares de guerra de recursos. No hay prueba documental de coordinación formal directa entre ella y Güemes, pero la coincidencia estratégica en la forma de combatir es evidente en los informes de ambos bandos.
LA MIRADA DE LOS CONTEMPORÁNEOS Y LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA
Los propios realistas dejaron constancia en sus informes de la dificultad que implicaba avanzar en territorio dominado por partidas gauchas. Esa documentación es importante porque no proviene de la tradición local sino del adversario. También es cierto que la construcción posterior de la figura de Güemes sobre todo en la historiografía salteña acentuó el carácter decisivo de su liderazgo, mientras otros relatos pusieron más énfasis en la conducción regular de Belgrano. Las miradas variaron con el tiempo, pero los hechos centrales permanecen: hubo cooperación efectiva, hubo conflicto disciplinario superado, hubo respaldo político y hubo continuidad estratégica.
EL FINAL Y EL SENTIDO DE UNA RELACIÓN COMPLETA
Belgrano murió enfermo y casi sin recursos, lejos del poder. Güemes cayó herido defendiendo la misma frontera que había sostenido durante años. La secuencia es elocuente: primero la organización estratégica, luego la resistencia territorial prolongada. Entre ambos se construyó un equilibrio que permitió que el Norte no se desplomara cuando parecía a punto de hacerlo.
La relación entre Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes fue humana y política, con tensiones reales, con cartas auténticas algunas citadas literalmente, otras transmitidas en versiones literarias, con diferencias de estilo y con coincidencia en lo esencial. No fue una amistad de anécdota ni una rivalidad encubierta: fue una alianza que maduró en la guerra y que combinó conducción general y arraigo popular. Entenderla en toda su dimensión implica reconocer sus matices, sus conflictos y su consolidación final. Allí, en ese proceso, está la historia completa de su vínculo.
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Ia hormiga y la luciérnaga. Una fábula con moraleja

 

La hormiga y la luciérnaga

La hormiga y la luciérnaga. Una fábula con moraleja

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? La hormiga y la luciérnaga

Una noche de verano una hormiga se encontraba desconsolada porque no encontraba su hormiguero, daba vueltas y más vueltas pero cada vez se alejaba más de su agujero.

Que será de mí, se lamentaba la desdichada hormiga y comenzó a llorar. De pronto vio una lucecita que parpadeaba y se dirigió hacia ella para preguntar si allí había alguien que supiera donde se encontraba su casa.

Cuando llegó vio que era una luciérnaga que con su lucecita iluminaba el camino por donde caminaba. La luciérnaga al ver a la hormiga llorando se paró y le preguntó ¿Por qué lloras? He perdido mi sendero y no se regresar a mi hormiguero.

Estaban dialogando cuando un lagarto saco su larga lengua para devorarlas. Las dos se escondieron en un agujero próximo. El lagarto no cejaba en su intento en engullir tan sabroso alimento.

La hormiga muerta de frío y miedo le pidió a la luciérnaga que le ayudara salir de aquel trance mortal. La luciérnaga viéndose también en peligro le dijo a la hormiga rápido móntate en mis espaldas que voy a emprender un vuelo para llevarte a tu hormiguero.

La hormiga se subió y la luciérnaga comenzó a volar. La hormiga que iba muy atenta le dijo a la luciérnaga ahora veo mi hormiguero está debajo de aquel montoncito de pajas junto al árbol.

Efectivamente la luciérnaga vio a muchas hormigas que acarreaban comida hacia el hormiguero. La luciérnaga planeó y se posó cerca del hormiguero.

Allí se bajó la hormiga que corrió hacia el agujero dando las gracias a la luciérnaga por haberse portado tan bien con ella. La luciérnaga agitó sus alas y levanto el vuelo para volver de nuevo al bosque.

?El vídeo de la hormiga y la luciérnaga

Moraleja: Cuando veas a alguien que te necesita ayúdale, habrás hecho un bien.

? Comprensión lectora

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La hormiga y la luciérnaga

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