jueves, 14 de mayo de 2026

El 14 de mayo de 1938 murió Miguel Cabanellas, general del Ejército español y uno de los líderes del golpe de Estado que desembocó en la guerra civil española.

 El 14 de mayo de 1938 murió Miguel Cabanellas, general del Ejército español y uno de los líderes del golpe de Estado que desembocó en la guerra civil española.


Nacido en Cartagena en 1872. Después de ingresar en el ejército y servir como teniente de caballería en Cuba, Miguel Cabanellas pasó en 1909 a África, donde destacó en la campaña de ese mismo año y donde pudo demostrar sus grandes dotes de organizador en la creación de las primeras unidades de Regulares de Caballería, compuestas en su gran mayoría con soldados marroquíes, junto con el general Dámaso Berenguer. Precisamente fueron estas nuevas unidades las que defendieron con éxito las plazas de Melilla y Larache. En el año 1921, sus fuerzas de regulares comenzaron la reconquista del territorio perdido en el Desastre de Annual.
Su brillante actuación le posibilitó su acceso a la política activa. De ideología liberal y republicana, se enfrentó con decisión a la política que venía practicando el general Miguel Primo de Rivera durante el período de la Dictadura. Se manifestó contrario a la formación de las llamadas Juntas de Defensa, lo que le acarreó que en el año 1926 fuera depuesto como gobernador militar de Menorca, pasando a la reserva.
A partir de entonces Miguel Cabanellas se dedicó a alentar activamente cualquier trama conspiradora contra el gobierno autoritario y arbitrario de Primo de Rivera. Así pues, se unió al complot organizado en el año 1929 por Sánchez Guerra, preludio de la caída definitiva del régimen militar y de la monarquía de Alfonso XIII, que había apoyado la dictadura. Con el advenimiento de la II República se le confiaron importantes puestos, dada su hoja de servicios y su filiación política favorable al republicanismo: fue nombrado primeramente capitán general de la II División de Andalucía (1931), luego comandante en jefe del ejército de Marruecos, y, por último, director general de la Guardia Civil (1932).
Miguel Cabanellas fue diputado radical en las Cortes del segundo bienio republicano, con un gobierno mayoritariamente de derechas. Su acendrado republicanismo y su conocida filiación a la Masonería hizo que el gobierno del Frente Popular, presidido por Manuel Azaña, le nombrase Jefe de la V División Orgánica de Zaragoza (la República había suprimido anteriormente las capitanías generales). Sin embargo, y en contra de lo esperado por todos, Miguel Cabanellas optó por apoyar y sumarse al pronunciamiento militar del 19 de julio del año 1936. Cabanellas desoyó incluso los consejos del general Miguel Núñez de Prado, que se trasladó ex profeso desde Madrid para intentar convencerle de lo erróneo de su postura.
No obstante, el espectacular cambio de rumbo que dio Miguel Cabanellas no pudo borrar su pasado ni sus ideas. Cabanellas era un republicano convencido, de los llamados del "orden", recto, decidido y con una mentalidad castrense muy arraigada; apoyó la sublevación porque deseaba restaurar una República más acorde con sus ideas centralistas y de orden político. Un dato significativo fue que cuando estalló la sublevación en Zaragoza, los insurrectos salieron a la calle entonando gritos de apoyo a la República. Tal hecho hizo que pronto Cabanellas se hallase en una posición incómoda dentro del grupo de los generales sublevados.
Para apartarle del mando de tropas y teniendo en cuenta que era el general más antiguo de los rebeldes, se le nombró presidente de la Junta de Defensa Nacional, constituida en Burgos el 24 de julio del año 1936. El general Emilio Mola, como máximo responsable de los ejércitos sublevados en el Norte, se desembarazó de ese modo de Miguel Cabanellas, poniéndole en una presidencia meramente honorífica, sin peso específico en el desarrollo de las operaciones, a la par que controlaba directamente a Cabanellas por si acaso volvía a apoyar a la República.
Miguel Cabanellas se resistió a ser mera comparsa. Se opuso desde su presidencia al encumbramiento del general Francisco Franco a la jefatura del Estado Nacional sublevado. Cabanellas tuvo bajo sus órdenes a Franco en las campañas africanas, por lo que le estimaba como soldado, pero no como político, pues según él, una vez que Franco accediera al mando supremo de las fuerzas rebeldes, ejercería un control férreo y dictatorial, como realmente así sucedió.
Finalmente, entre los días 21 y 28 del mes de septiembre de 1936, se reunieron en el aeródromo de Salamanca los generales golpistas, los cuales acordaron nombrar a Franco como jefe del Estado Nacional. Miguel Cabanellas tuvo que firmar protocolariamente el decreto y entregarle el mando supremo en la zona nacional, el 1 de octubre del mismo año.
Franco creó la Junta Técnica del Estado el mismo día que accedió al mando total de las fuerzas rebeldes. Su primera medida fue apartar a Cabanellas de cualquier cargo de responsabilidad, como represalia por su pasado masón y republicano, y sobre todo por haberle puesto obstáculos a su camino hacia el poder absoluto. Cabanellas fue designado inspector general del Ejército, cargo que en el fondo significaba su total ostracismo político y militar.
A pesar de ello, Cabanellas se dedicó a su nueva tarea con celo y disciplina. Le sorprendió la muerte en Málaga, cuando realizaba una de sus múltiples visitas a los acuartelamientos rebeldes. Nada más morir Cabanellas, el general Franco se apresuró a requisar todos sus papeles y documentos.
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𝗘𝗟 𝗗𝗘𝗦𝗖𝗨𝗕𝗥𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗣𝗔Ñ𝗔

 𝗘𝗟 𝗗𝗘𝗦𝗖𝗨𝗕𝗥𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗣𝗔Ñ𝗔


𝗘𝗹 𝗶𝗻𝗰𝗿𝗲í𝗯𝗹𝗲 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗶𝗻𝗱í𝗴𝗲𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗩𝗶𝗿𝗿𝗲𝗶𝗻𝗮𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗔𝗺é𝗿𝗶𝗰𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗮𝗹 “𝗩𝗶𝗲𝗷𝗼 𝗠𝘂𝗻𝗱𝗼” 𝘆 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮𝗯𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝗘𝘀𝗽𝗮ñ𝗮.
Navegar en una nao o un galeón fue increíble para ellos.
Los dos mundos se descubrieron mutuamente. Antes de 1492 ninguno conocían la existencia del otro
MISTERIO RESUELTO
¿Qué fueron a buscar los nativos americanos a la españa del siglo XVI?
La historia oficial casi nunca cuenta que decenas de indígenas, nobles y traductores, viajaron desde los virreinatos americanos hasta la península ibérica.
No fueron ni esclavos ni prisioneros. Muchos cruzaron el Atlántico como embajadores, hijos de caciques o intérpretes al servicio de la corona española.
LO QUE OCULTAN LOS LIBROS
Buscaban alianza, no sumisión
Los indígenas descubrieron pronto que el “Viejo Miñundo” (como llamaban algunos al Viejo Mundo) concentraba un poder militar y religioso inmenso. Su objetivo era negociar privilegios, reconocimiento de sus títulos nobiliarios y frenar abusos de encomenderos.
Buscaron audiencia con el rey para defender sus territorios y costumbres.
LA CLAVE DEL VIAJE
Aprender para resistir.
Muchos nativos viajaron para dominar la lengua, las leyes y la tecnología española. Comprendieron que conocer al enemigo era la mejor defensa. Algunos regresaron a América como expertos en el sistema judicial virreinal, usándolo a su favor en pleitos históricos.
UN ENCUENTRO INCÓMODO
El rey los recibió con honores.
Crónicas de la época relatan que Carlos V y Felipe II recibieron a estos indígenas con danzas, vestimentas de plumas y regalos. Pero lejos del mito, ellos no iban a admirar al Imperio: iban a medir su debilidad y a buscar fisuras para conservar su autonomía.
¿QUÉ PRETENDÍAN?
¿Crees que esos viajes fueron una forma de resistencia inteligente o una rendición disfrazada de diplomacia?
Increíble que no nos enseñen esto en la escuela.
Un indígena americano pisando Madrid en el siglo XVI no iba a pedir limosna, iba a negociar de tú a tú con el rey más poderoso del mundo.
Eso cambia todo lo que creíamos saber sobre la conquista.
¿Alguien más se siente engañado por la historia oficial?
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