jueves, 9 de abril de 2026

Estás más flaco que un guirre

 

Estás más flaco que un guirre




Nuestros decires se han construido y enriquecido en los siglos transcurridos, incorporando al mismo palabras de nuestro léxico entre las que se incluyen las heredadas de la lengua aborigen, como es el caso del "guirre". Forman parte de nuestro lenguaje coloquial, el que hablamos en la vida diaria y con el que nos comunicamos con nuestros allegados.

Por esta función de comunicación coloquial de la que nace, es sumamente frágil y está sujeto a continuas adaptaciones al tiempo y al medio en que vivimos, a los cambios sociales operados, y como no al deterioro de nuestro medio natural por la propia contaminación "antrópica" por la propia actividad humana.

El desuso de forma casi generalizada de este decir que en sentido figurado compara la condición física del hombre con el "guirre" que siglos atrás abundaba en las islas, es el efecto paralelo a la progresiva extinción de este ave rapaz conocida con el nombre dado por los antiguos canarios, puesto que la ausencia de su contemplación por las nuevas generaciones impide la comparación que dio origen a este decir, y así termina por olvidarse o sustituirse por otros parecidos, como aquél que reza "Estás flaco como una tea", por la visión del delgado palo extraído del interior del pino canario (Pinus canariensis) muy resinoso y de color rojo acaramelado que llamamos tea, prácticamente incorruptible, muy apreciada en construcción en interiores y  exteriores.

Curiosamente la compleja razón de la alarmante extinción del "guirre" se  encuentra la falta de sus recursos alimenticios, en gran medida provocada por la estabulación del ganado y desaparición de los muladares o sitios donde se echaba el estiércol y la basura doméstica, habitat donde el ave encontraba su sustento. Si a ello añadimos el expolio de nidos y el uso de venenos para combatir las plagas de distintos animales que al ser su sustento se convierte en letal para las aves carroñeras.

Se ha abierto una nueva esperanza de recuperación que pretende garantizar una protección adecuada de esta especie en las islas orientales, intentando que se mantenga una población sana y estable, con efectivos reproductores y áreas suficientes para garantizar su viabilidad genética y demográfica. Siglos atrás, dieron nombre a muchos lugares para crear topónimos, e inclusive los castellanos, a las inaccesibles cuevas aprovechadas por la cultura aborigen, les llamaron palomares y guirreras.

De esas locuciones y decires del siglo XIX no recoge Agustín Millares Cubas dos muy ilustrativas de la condición física humana del sujeto:

«ENGUIRRADO.- Flaco, desmedrado, triste, macilento, de aspecto semejante al del guirre. El guirre es el buitre canario, según más adelante se dirá. Que está enguirrado suele decirse del individuo enfermo o taciturno que permanece recogido sobre sí mismo, en actitud de tristeza y abatimiento, dibujando una silueta semejante a la del guirre cuando se posa en lo alto de una peña.

GUIRRE.- — Este es el nombre, derivado probablemente del idioma guanche, que los canarios dan al "buitre". Como esta ave de rapiña cuando está posada en lo alto de una peña, tiene silueta de viejo tristón y flaco, es muy frecuente comparar con un guirre a la persona delgada y macilenta.
— ¡Qué flaqueza la de este niño! Está hecho un guirre.
Ya en el siglo XX, Pancho Guerra nos pinta irónicamente en el diálogo familiar a un aludido personaje en su obra Las Memorias de Pepe Monagas«Dijo su padre una noche, después del Rosario, a su madre, sacando a la vieja del apoyito en que la mecía, fijo, el guineo fañoso del ora "por" nobis :
— Tu hijo Lucas tira a guirre. Y el guirre es caballero de la brisa, y la inclusive del viento, hasta que cualisquier casadorsejo la agüaita, lo encañona y lo abaja como un cortacapote.. .
 —  iSús, tal desgrasia! brincó ella del embeleso al susto».
En cuanto al "guirre" veamos la definición que nos aporta el diccionario de la Academia Canaria de la Lengua: « guirre. 1. m. (Neophron percnopterus majorensis) Ave rapaz de un metro y medio de envergadura, con el pecho y el vientre blancos, la espalda manchada de negro, blanco y castaño, y las alas con las guías de color negruzco. Nidifica en riscos y acantilados, y se alimenta de carroña, insectos, lagartos e, incluso, caracoles. Según parece, ya solo quedan algunas parejas de guirres en Fuerteventura y Lanzarote. 2. m. Persona flaca y consumida. Si lo ves ahora, te da hasta pena, porque está hecho un guirre».

Si está claro que el decir tenía por destino a un varón, pues mal visto estaría comparar a una mujer, por muy delgada que esté, con un "guirre", y así la sabia lógica coloquial ideó aquel otro que reza "Estás más flaca que una anguila", comparando a la delgada y enfermiza mujer canaria con las anguilas (Anguilla anguilla) que se encontraban en los pilancones y charcos de algunos barrancos en los que se organizaban buenas "anguiladas".

El ilustre Gregorio Chil y Naranjo, en un manuscrito conservado en su MUSEO CANARIO nos relata con gran detalle la excursión que hiciera el 1º de octubre de 1871 a Los Tilos, por donde discurre el barranco de Moya:

«Determinose hacer una anguilada y luego la comida en los Tilos. (...)  Separadas las aguas de su cause y aislados los charcos se les echa cal, pero principalmente lo que produce mas efecto son las tabaibas, de cuya operacion se encargó un tal Domingo Bartolomé, (el guarda), de los Tilos hombre que jamas puede estar tranquilo y notable por su ajilidad para trepar, asi es tan pronto lo víamos en la cúspide de aquellos inmensos riscos procurándose las tabaibas, como iba á casa á traer cualquier objeto que se le mandaba á buscar. 

Al poco tiempo las anguilas se presentan borrachas en la superficie y por los bordes del charco, un silencio completo reina entonces en todos y entrando las manos por debajo se les arroja fuera del agua pues es tanto lo que resbalan que es imposible poderlas tener en las manos: cada vez que sacaban una es indescriptible el efecto producido y á este ejercicio se entregaban los que podian».

Probablemente este último decir dedicado a las féminas, no retrataba a una mujer "desmedrada, triste, macilenta", tal cual se describía por Millares al hombre, más bien sería una mujer simplemente "flaca", pero eran tiempos en que los mullidos varones presumían enarbolando aquello de "con más carne, mejor lo pasas". Qué tristes y macilentos estarían éstos hoy en día.

HOMO HABILIS, ES CONSIDERADO COMO NUESTRO PARIENTE HUMANO MÁS ANTIGUO. PERO, ¿ERA REALMENTE HUMANO?

 HOMO HABILIS, ES CONSIDERADO COMO NUESTRO PARIENTE HUMANO MÁS ANTIGUO. PERO, ¿ERA REALMENTE HUMANO?



¿Cuándo aparecieron los primeros humanos?


Aunque el linaje evolutivo exclusivo que nos separa de nuestros parientes vivos más cercanos (el chimpancé) comenzó hace entre seis o siete millones de años, los primeros miembros del género Homo (como el Homo habilis), surgieron de dos a tres millones de años.


Sin embargo, a pesar de que el Homo habilis que se caracteriza por tener un cerebro mucho más grande que sus antepasados y por la fabricación de herramientas de piedra, se incorporó a nuestro árbol genealógico en 1964, todavía existen muchas dudas sobre cuál era el verdadero aspecto de esta especie que vivió hace entre 2,4 y 1,65 millones de años. Esto se debe a que hace poco se desenterraron tres esqueletos muy incompletos. 


Un cuarto esqueleto más completo descubierto el pasado mes de enero, reveló que la anatomía de Homo habilis, era totalmente diferente a la nuestra. Este descubrimiento ha llevado a diversos investigadores a plantearse la siguiente pregunta: ¿Es realmente un humano nuestro pariente más antiguo?


Sabemos que la separación de nuestro linaje evolutivo fue hace más de 6 millones de años. Obviamente, estas primeras criaturas que aparecieron tras esta separación no se parecían en nada a nosotros. Entre las especies más famosas se encuentran el Australopithecus afarensis, un homínido que poseía brazos largos similares a los de los simios y cerebros más pequeños. Este homínido habitó África, hace aproximadamente entre 3,9 y 2,9 millones de años. Pero muy pocos lo consideran como un pariente humano. Caso contrario en el Homo habilis, donde la mayoría de los expertos lo consideran como un miembro del género Homo.


Pero un esqueleto más completo de dos millones de años descubierto en el norte de Kenia en 2026, complica la afirmación de los antropólogos. Los brazos del ejemplar son muy diferentes a los nuestros: eran más largos y similares a los de los Australopithecus. dijo la coautora del estudio, Carrie Mongle , paleoantropóloga de la Universidad de Stony Brook en Nueva York. Ian Tattersall, paleoantropólogo del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, argumentó que esos brazos simiescos son indicadores de que Homo habilis no pertenece al género Homo. 


Tattersall, no es el primero en plantear esta sugerencia, Wood y su colega Mark Collard , arqueólogo de la Universidad Simon Fraser en Canadá, también lo hicieron en 1999. Incluso, habían sugerido nombrarlo como Australopithecus habilis. Pero Tattersall, no cree que sea buena idea, ya que la especie tenía un tamaño cerebral y dientes similares a los humanos. Por lo que considera que debería clasificarse en su propio género. Mientras tanto, otros investigadores sospechan que tanto Wood como Tattersall están equivocados y consideran que no es necesario cambiar el nombre de H. habilis a pesar de sus brazos, declaró Carol Ward, antropóloga de la Universidad de Missouri.


Un enfoque diferente


La investigación sugiere que tras la separación de la línea evolutiva de nuestro linaje con los chimpancés, estos primeros homínidos seguían utilizando sus brazos para trepar árboles. Gradualmente se adaptaron para pasar más tiempo caminando en el suelo, antes de evolucionar para convertirse en humanos. Mientras se adaptaban al suelo, es probable que ya no necesitaran sus brazos largos, pero tampoco eran un obstáculo para la supervivencia. 


En esas circunstancias, la primera especie del género Homo, podría haber conservado los brazos largos de sus ancestros, ya que no existía una fuerte presión para acortarlos. Lo que no está claro, es en qué momento se acortaron sus brazos. 


Hay un punto más amplio aquí. "Queremos creer que hubo un gran cambio con Homo , que somos diferentes de todo lo que vino antes", dijo Ward. "Pero este esqueleto de H. habilis respalda la idea de que tal vez hubo una transición más gradual de los australopitecos a Homo ".


(Crédito de la imagen: MARCO ANSALONI / SCIENCE PHOTO LIBRARY )

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Cada cabrero guarda sus cabras

 

Cada cabrero guarda sus cabras



Este decir se sustenta en los principales atributos que este oficio requiere, la experiencia y el gran conocimiento de su ganado que permite al cabrero mantener con sus cabras una relación que le hace insustituible para su ganado.

Llegan así a afirmar que cada cabrero cuida sus cabras porque otro no las cuidará nunca como su propio dueño. Algunos cabreros prefieren que sus cabras coman, y ellos quedarse sin comer hasta que acaben. La experiencia adquirida con los años le obligaba a desvivirse por sus cabras, pues conocía de cada una de ellas hasta el mínimo detalle.

Es como en ese refrán castellano que reza "Buey viejo, surco derecho", pues también el campesino sabe por conocimiento y experiencia que el buey acostumbrado al arado no se tuerce, y ello facilitará en tiempo y forma su labor.

Comentábamos arriba de esa especial relación del cabrero con su ganado, que le permite sentenciar con este otro decir de "Quien las quiere es quien las tiene", pues sabe que tiene mucho que andar con ellas para buscarle alimento, y muchos son los enemigos de las cabras, que no quieren ni verlas, y critican que los pastores anden por lo ajeno con sus cabras. Este rechazo no obedece a que las tierras estén en cultivo, pues es el cabrero el primero que se preocupará por respetar los cultivos.

Para algunos será simplemente que no les gusta las cabras, no comprenden por qué el cabrero sufre ese desprecio. No aprecian que de la relación cabrero-ganado se ha cumplido aquel refrán castellano que reza "Con el roce, nace el cariño", pues no todo en el cabrero es aprovechar leche y carne, y al ganado le dedica buena parte de su cariño (Fuente oral: Jose Manuel Martín Reyes / La Matanza de Acentejo).

Probablemente esa percepción que tiene el cabrero de los enemigos que tienen las cabras, parece agarrarse a ese refrán castellano que reza "Piensa mal, y acertarás", pues la crítica pudiera estar enraizada en la propia historia moderna de las islas donde siempre hubo conflictos entre ganaderos y cultivadores, donde los primeros representaban a la cultura conquistada y los segundos a los conquistadores.

Los documentos históricos dan cuenta que ya en el siglo XVI, la población aborigen tenía una gran experiencia en el pastoreo «Los esclavos guanches se utilizaron principalmente como pastores. Nadie como ellos conocía las sendas de la Isla, los lugares con pastos más abundantes, las partes más adecuadas para tener el ganado en cada estación del año y, en fin, todo lo referente a la naturaleza y hábitos de los animales isleños. (...) Los pastores tenían la obligación de permanecer junto al hato que guardaban, de recoger cada noche el ganado en las majadas y de quedarse a dormir en ellas. 

La contravención, si era cometida por un guanche horro o por un gomero o por otra persona libre, se castigaba con la pena de 600 maravedis por la primera vez; con la del doble por la segunda, "y por la tercera, tras doblado"; si la falta era de un esclavo, se castigaba con pena de cien azotes. Estos esclavos pastores tenían que cumplir, además, todas las órdenes que les diesen los "fieles veedores" de ganados. Los pastores esclavos se traspasaban, cedían o vendían con los rebaños, casi como si fuesen unas cabezas más de ganado.

(...) Durante mucho tiempo se sucedieron las disposiciones encaminadas a disciplinarlos y a hacer completa y eficaz su sumisión. Se les acusaba principalmente de que amparaban y ahorraban a los guanches insumisos -alzados se les llamaba- y a otros esclavos. Se les culpaba de que, para ese fin, sustraían ganado y, en suma, de que eran ladrones incorregibles». 

También hubieron pastores de cabras que ese tiempo alcanzaron la condición de horros, libres, y «cobraban éstos unos 5.000 mrs. de sueldo anual, más la comida, según era costumbre; si se les perdía una cabra tenían que pagarla; .si alguna se les moría de muerte natural, debían avisar al dueño o, si se hallaban lejos, presentarle la piel» (PÉREZ VIDAL, J.: "La ganadería canaria. Notas histórico-etnográficas", Anuario de Estudios Atlánticos, nº 9, 1963).

Un detalle por el que siempre se recordará al pastor canario es que «de un extremo muy fruncido que se ata al cuello del pastor, cae la manta suelta como una capa. Ha servido siempre como capa y como manta» y era tan previsores que  algunos «pastores han llevado una piedra o tenique cosida en cada una de las esquinas inferiores de la manta. Supongo que para evitar que el viento les levantase ésta, y con el riesgo consiguiente, los arremolinase». De ahí que el cabrero además de guardar sus cabras, guarde también su manta.

Cuernos cambados, suelo mojado

 

Cuernos cambados, suelo mojado




Como en cualquier lugar del mundo, el campesino en las islas vivía mirando al cielo, pretendiendo descifrar que tiempo haría y saber a qué atenerse en sus cultivos. La contemplación de los animales le ayudaba mucho a descifrar por su comportamiento lo que podría acontecer, observando las hormigas, las abejas, las ovejas, etc.


Era una inquietud natural pues anticipándose a las condiciones meteorológicas que harían al día siguiente conocería si podría arar, sembrar, plantar, o recoger las papas. Si llovía sabía que ese día no podría sacar las papas, ni ese día, ni los siguientes, y no por la incomodidad de mojarse, más bien porque si sacaba las papas en los días de lluvia, con cada una de las papas se vendría mucho barro, lo que exigiría un trabajo añadido. Esperar a que se secaran para días después tener que quitar a la papa esos terrones fuertemente pegados con sus dedos "gordos", con los pulgares, pues era mucha la presión que tendría que hacer, más difícil y duro que desgranar el millo de la piña.


Era normal que antes de irse a dormir observara la luna, pues de la observación continuada por unos y otros se llegó a la convicción de que podía predecirse el tiempo que haría al día siguiente. Ya más tarde, además de mirar la Luna, escuchaba el "parte" en la radio nacional, esperando que al final del mismo hablaran del tiempo, pero de estas islas poco se decía, y siempre cifraba su esperanza de predicción en la Luna. El nombre de ese informativo radiofónico fue la secuela de los "partes de la guerra civil" que los militares obligaban a difundir.


Volviendo a lo nuestro. Surgieron así muchos decires o refranes meteorológicos, unos referidos al cerco de la Luna, esa aureola velada  alrededor de la luna llena que era contemplada por el efecto óptico producido dadas las condiciones de humedad y temperatura ambientales, que se interpretaba como riesgo inequívoco de lluvia. Así llegó a las islas ese refrán castellano que reza "Luna con cerco, lluvia y viento", o sus otras versiones de "Cerco de luna, a los tres días lluvia" y "Cerco de luna, agua segura", siendo el primero de ellos el que más fervientes seguidores tuvo por la predicción de agua y viento que en las islas siempre asusta.


Pero quizás los más tradicionales en las islas eran los referidos a los "cuernos de la Luna", probablemente por las especiales condiciones climáticas de las islas. De noche miraban hacia las marcas ya conocidas y observaban las sombras en la Luna que denominaban "cuernos" por su fisonomía, y si éstas se inclinaban hacia abajo exclamaban el decir  “Cuernos cambados, suelo mojado” expresión que se asociaba a la llegada de lluvias. Si los "cuernos" contrariamente apuntaban hacia arriba, el decir era “Luna derecha, agua no echa”, que se asociaba a que no se esperaban lluvias.


Otros más entendidos en las paremias (refrán, proverbio, adagio, sentencia) o decires como aquí llamamos, hablan de "la cuna de la Luna"  observación que tiene lugar en el cuarto creciente, como formando un arco cuyos extremos o "cuernos de la Luna" apuntan hacia la izquierda del observador.


De esta forma, en las marcas por ellos conocidas la Luna se ve en una posición casi tumbada con los "cuernos" apuntando hacia arriba como "haciendo cuna", o como aquí se decía como una "gabeta" o "gaveta", canarismo del que Pancho Guerra recogía «Recipiente en que se ordeña o come la leche con gofio». Algo más nos cuenta la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA , que en su segunda acepción recoge su uso para Gran Canaria y El Hierro con el significado de «Especie de hondilla, generalmente hecha de madera, que utilizaban los pastores para ordeñar, amasar el gofio, beber agua o poner la comida en la mesa».


La tradición popular cuenta que cuando la cuna o gabeta está hacia arriba, con su concavidad retiene el agua de lluvia, y cuando la cuna o gabeta se inclinan hacia abajo, vierten el agua, y de ahí el pronóstico de lluvias para los días siguientes. Siempre hay que creer que primero fue la observación continuada por el hombre del campo para determinar la predicción, y después, fue creada la bonita fantasía visual para que la regla tuviera una fácil comprensión, si bien la luna que ilustra esta entrada no es la del cuarto creciente.

El que no quiere pargana que no se arrime a la era

 

El que no quiere pargana que no se arrime a la era




Este decir es una adaptación del castellano "El que no quiera polvo que no se arrime a la era" u otras variantes en el mismo sentido, aún cuando el castellano es usado para recriminar a quienes protestan o se quejan ante los inconvenientes que produce alguna tarea.

La sustitución en su construcción de la palabra "polvo" por el canarismo "pargana", tuvo la intencionalidad del uso que aquí se le da a la expresión, para que alcanzara la advertencia de un mayor escarmiento, en el sentido figurado de los daños que la "pargana" puede producir. Se afianza este sentido sustituyendo además la conjugación del verbo "querer", donde la tercera persona del tiempo Presente del modo Subjuntivo "quiera" del castellano es sustituida por la del modo Indicativo "quiere" del canario, y así del modo Subjuntivo con que el hablante peninsular expresa el deseo o la inquietud por lo que pueda suceder, en el modo Indicativo el hablante de las islas afirma un hecho cierto, que no le ofrece dudas que así sucede.

Se convierte probablemente en un sinónimo del castellano "Ir por lana y volver trasquilado" que advierte del perjuicio que produce a quien fue a ofender y volvió ofendido, o a quien buscó más de lo que tenía y se queda sin lo que poseía. Como diríamos de forma más sencilla  "El que no quiere pargana que no se arrime a la era" es usado como quien dice "no me busques las cosquillas que las va a encontrar" como seria advertencia a los que les gusta buscar pleitos y salen mal parados.

Del canarismo "pargana", que según algunos autores puede proceder de la lengua muerta de los aborígenes canarios, recoge la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA que  es la «Raspa de la espiga del trigo. 'En unos sitios dicen pargana y en otros plagana, que son los filamentos de la espiga del trigo».

Pero es el campesino canario quien mejor conoce a qué se le llamaba "pargana" y los daños que en las eras podían ocasionar durante la aventada para entender el decir,  como nos lo cuentan sus descendientes:

«Con respecto al término pargana, me acuerdo que mi padre siempre me decía cuando trillábamos el trigo y sobre todo más que el trigo, cuando majábamos el centeno "Ten cuidado no sea que se te meta una pargana en el ojo", refiriéndose a los filamentos del centeno, y el centeno es uno de los cereales que más se suelen dar en terrenos o escabrosos , o sea, que no necesita demasiada tierra para crecer, ni demasiada agua, cosa que no ocurre con el trigo y otros cereales como la cebada y la avena , que eran los comunes de sembradío en los campos. Por eso el término pargana lo utilizaba principalmente con el centeno, la cebada y el trigo aunque no era una zona que se plantaba demasiado, tengo que reconocer que también tenía filamentos» (Información oral: Jose Manuel Díaz Quintana / Montaña Alta de Guía).

En cuanto a la etimología del término "pargana" nada se ha adverado sobre su posible procedencia aborigen, si bien se aproxima a la palabra "pírgano", admitida en la actualidad por el DRAE como de uso en Canarias con el significado de «Vástago con que se une la rama al tronco de la palmera, utilizado para mangos de escobas y en cestería», término que fue incluido por Dominik J. Wölfel (Monumenta Linguae Canariae, Graz, 1965), por sus raíces sonoras de origen bereber, voz que según el investigador era así conocida en Gran Canaria, inventariada por los hermanos Millares Cubas y por Elías Zerolo; y bajo la variante "pirguam" en La Gomera, mencionada por Fernán Peraza.

La cabra que es de ley ella viene sola y si no viene pues ella sabe lo que tiene que hacer

 


Tradicional y didáctico decir de cabreros que enseña que la cabra si es de manada, siempre volverá a la manada, pues si se comportara como "guanilas", refiriéndose a cabras salvajes, al final el pastor vendrá obligado a matarla y comérsela, pues la cabra por su cuenta ya no se prestará al ordeño ni al aprovechamientos de sus baifos.



Las cabras de ley o domesticadas, cuando están en celo buscarán el macho aunque sea de otro cabrero y aunque éste se encuentre a un kilómetro de distancia en un risco, después de "coger macho" vuelve otra vez a su ganado y su corral (Fuente oral: JOSE MANUEL MARTIN REYES / La Matanza de Acentejo).


La palabra "guanil", canarismo que procede del habla aborigen, según el diccionario de la ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA tiene el significado de « Dicho del ganado que se cría suelto, que no tiene marca que identifique al dueño. "En la apañada se marcaban las crías que estaban guaniles"».


La tradición de matar el ganado marcado y domesticado que se comporta como "guanil", no sólo lo es porque al no volver al corral no puede aprovecharse su leche y sus crías, sino también por sus raices en las seculares normas que se impusieron cuando el ganado "guanil" estuvo protegido desde los primeros momentos de la conquista de las islas, ganado que se reservó para su aprovechamiento exclusivo por los aborígenes canarios, tal cual lo recogían las Ordenanzas del Concejo de Gran Canaria de 1531:


«Otrosy que ninguna persona sea osado de matar ganado cabruno salvaje ni otro alguno que sea guanyl porque la renta del dicho ganado cabruno guanyl e salvaje es para los propios de esta ysla so pena que el que matare algund ganado cabruno salvaje pague el valor del ganado al arrendador de la cibdad e aya de pena doze maravedís por cada cabeca».


Los cabreros conocen perfectamente del difícil aprovechamiento como lecheras de los individuos adultos del ganado "guanil", y tan sólo aprovechan de los mismos sus crías cuando son recogidas en las apañadas como lo cuentan los pastores majoreros (VARIOS AUTORES, Aportaciones al folklore tradicional de Fuerteventura, Sta. Cruz de Tenerife, 1995).


«Tras cinco siglos de historia poco ha cambiado, puesto que hasta las técnicas de explotación del recurso continúan siendo las mismas. Así, el ganado no estabulado, que siempre ha sido la mayor parte de la cabaña ganadera insular, se captura anualmente en las clásicas apañadas, una vez que las cabras han parido. Entonces se reúnen todos los ganaderos de una zona para recoger y marcar el ganado que ha estado suelto por las regiones más inhóspitas de la isla.


Desde horas muy tempranas del día los pastores con sus latas y perros guiaban a las cabras hasta los Corrales del Concejo, donde se procedía a marcar a los baifillos, que como se sabe siempre siguen a su madre. Tras las labores propias de marcar el ganado no podía faltar la fiesta y así se mataba a un macho castrado que era degustado por todos mientras se celebraba el baile de la apañada.


"Al terminar la apañada se mataba el mejor carnero, se repartían las bañas que se comían crudas y se bebían la sangre caliente. Los más viejos, como no podían correr, juntaban la leña, asaban la carne y preparaban el agua de la fuente, el vino y el ron. Alrededor de la hoguera del asadero se bailaba con las latas"». 

De esta última entrecomillada información oral dada por Mª Antonia Martel Peña en Puerto del Rosario, el antiguo Puerto de Cabras, debe aclararse que las "latas" son las pértigas del pastor majorero, cilíndricas de unos dos metros de larga, y la "baña" es la grasa de animal.

No conocemos que este decir se dijera de los hábitos humanos, pero no por ello hemos de desestimarlo, y no nos sorprendería cuando muchos de la jerga pastoril como tales fueron usados.