El Supremo abre un nuevo frente al Gobierno en vísperas de la apertura del año judicial.
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Faltaría más. Terminadas las vacaciones, vuelve la normalidad y, con ella, la justicia —con minúsculas y entre comillas— recupera su protagonismo. Parece que a algunas de sus señorías les gusta el foco mediático casi tanto como a Trump. Y uno no puede evitar preguntarse si, visto el protagonismo que han adquirido sus decisiones en la vida política y social del país, no sería más coherente que se presentaran a unas elecciones y dejaran que los ciudadanos decidieran con su voto quienes marquen el rumbo de la sociedad…si conservadores o progresistas.
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Porque, al final, estamos sometidos a los vaivenes de sus señorías. Hoy una sentencia, mañana una interpretación y pasado mañana una nueva batalla institucional. Y todos a esperar qué dice el Supremo, como quien espera el resultado de un partido cuyo árbitro, además, parece tener la capacidad de cambiar las reglas durante el encuentro.
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Ahora, por si faltaba algún asunto en la agenda, quizá también le toque el turno a Ceuta. Estoy seguro de que nuestras altas instancias encontrarán la solución definitiva al problema. Y, si no la encuentran, siempre quedará otra sentencia, otra resolución y otra rueda de prensa. Problema resuelto. O, al menos, judicializado.
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Y hablando de protagonismos, se retira uno de los jueces más mediáticos. Lo echaremos de menos, sin duda, por la pluralidad de los casos que ha resuelto y por esa capacidad tan particular de estar siempre en el centro de la conversación pública.
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A veces uno se pregunta si aquel “virrey de la mentira”, que ha quedado para echarle gasolina al fuego de los problemas que nos acucian, cuando pronunció aquello de «el que pueda hacer, que haga» se refería también a sus amistades judiciales. Quién sabe. En este país ya hemos aprendido que algunas frases tienen una extraordinaria capacidad para envejecer mal.
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Lo cierto es que la vara de medir parece tener una curiosa elasticidad. Según el caso, puede medir 25 centímetros o alcanzar los 150. Y mientras unos reciben la larga los otros se apañan con la corta. Debe de ser una cuestión de perspectiva, de interpretación jurídica o, sencillamente, de quién esté al otro lado de la sentencia.
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Mientras tanto, el pueblo llano sigue esperando. Esperando que esa vara de medir recupere algún día sus 100 centímetros, ni uno más ni uno menos. No pedimos privilegios, ni excepciones, ni justicia a la carta.
Pedimos algo mucho más sencillo: QUE LA JUSTICIA SEA REALMENTE IGUAL PARA TODOS.
Porque cuando la ciudadanía empieza a sospechar que la vara cambia de tamaño dependiendo de quién sea el acusado, el partido al que pertenezca o el interés que esté en juego, el problema ya no es solo una sentencia.
El problema es la confianza.
Y sin confianza, por muchas mayúsculas que pongamos en «Justicia», seguirá pareciendo que algunos tienen una justicia a medida y otros se tendrán que conformar con la talla que quiera la justicia de turno.
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El Bellotero .



