martes, 25 de agosto de 2026

UNA BELLA HISTORIA DE AMOR. Sacado del libro MEMORIAS DE UN DIABLO

 UNA BELLA HISTORIA DE AMOR. Sacado del libro MEMORIAS DE UN DIABLO.


Al poco  topé con un señor caballero de edad mediana con la enorme desgracia de ser ciego, si bien, bien sonriente que se encontraba, bien lustrosa que la cara tenía, bien lujosas que eran las magníficas prendas con las que adornaba su cuerpo, incluida una esplendorosa gabardina, bien coquetas que eran las gafas con la que se cubría, y bien abultado que era el taco de cupones que  condecoraba su pecho y que en buen seguro, buenas perras le harían llenar el bolso. Y a él pregunté sobre el Negrete.

 -¿El Negrete? –me dijo.

 -Sí, el Negrete –le dije.

 -¿No será por casualidad un muchacho rubito muy pecoso con una pequeña cicatriz en la mejilla izquierda fruto de una pedrada remitida con muy mala uva, y ello como consecuencia de su desmedida afición a hurgar entre la ropa interior de los vestuarios de señoritas en la piscina municipal? –me preguntó-.

 -Puede ser, ya que yo no tengo el gusto de conocerle –le contesté.

 -Pues es una lástima que no conozca a ningún muchacho rubito muy pecoso con gustos libidinosos por ropa interior femenina, ya que sin duda, si lo conociera, le diría donde encontrarlo –me dijo.

 -¡Qué lástima!, ese muchacho rubito me habría venido de perlas –le dije-.

 -Pues sí, es una lástima…¡Un momento!... recuerdo… -me dijo.

 -¿Sí? –le dije-.

 -Recuerdo… -me dijo-

 -¿Sí? –le dije-.

 -Pues… -me dijo-.

 -¿Sí? –le dije-.

 -Conocí una vez a un señor,  que se llamaba Ortega… ¿Le sirve de algo? –me dijo, esta vez sonriendo-.

 Me turbé. ¿Me serviría de algo?... ¿Me encontraba ante un nuevo enigma?... ¿O el caballero señor ciego era un simple cachondo mental que me estaba tomando el pelo?…

 Fui directamente al grano:

 -¿Me puede conseguir el Ortega Mierda de la buena?

 El caballero señor ciego, se puso serio de repente.

 -¿Quién le manda?

 -El Sr. Pernía, del Vacie…

 -¿Del Vacie me dice?... ahora no caigo, pero… ¿Del Vacie?... ¿Conoce al Tomás?...

 -Sí, claro, si él me metió en esto junto al Pernía y al Heredia,- le dije yo.

 -Conozco al Tomás… Nunca tiene un duro, pero bien dura que siempre la tiene.

 -¿Cómo?-dije con ingenuidad-

 -Come –dijo palpándose su sexo.

 No entendiendo ese esotérico gesto, torné a meditar profundamente su significado, por lo que al poco hubo un silencio sepulcral, silencio que fue roto por la  continuación el señor ciego.

 -Hijo, no pillas una. Me refería a que el Tomás siempre suele estar… alegre... y de camino, alegra a los demás, si bien, habrá que decir, que además de la falta de líquido monetario, algo falto de higiene también anda, digámoslo de una exquisita manera, porque buen palpo que tiene su sexo, más no así su sabor... Pero dejemos esas mundanas cuestiones, no vayan a ir diciendo por ahí que soy homosexual, que una es muy hombre. Si lo que quiere es mierda, yo no tengo, que con los cupones no mal me gano la vida sin necesidad de ir metiéndome en líos y acabar en la cárcel, si bien es cierto que allí, según dicen, te violan si estás de buen ver. ¿Usted cree que a mí me violarían? –me dijo levantándose, dejando el bastón y la gabardina que le cubría en la silla, y dando una pequeña vuelta para que pudiese apreciar su cuerpo, ello enderezado con coquetuelos saltitos. Lo aprecié sexualmente, y no tuve más remedio que reconocer que a falta de otra cosa, un revolcón con el caballero señor ciego, podría resultar grato y deleitable a los sentidos, y aún más se confirmó mi primera impresión cuando noté una incipiente erección, por lo que le dije:

 -¡Basta ya señor ciego!... ¡Que uno no es de piedra!... ¿Es que acaso quiere que peque de pensamiento palabra y obra? ¿Es que acaso quiere destruir mi virtud? ¿No se da cuenta que soy un pobre doncel que no conoce ni a hembra ni a varón y que esas insinuaciones le van a llevar a aumentar considerablemente el número de pajas necesarias para calmar su líbido?... –No pude continuar, porque me interrumpió con esas palabras:

 -¡¡Pequemos entonces, coronilla loca!!...¡¡Ven para acá lagartón!!... ¡¡Que te voy a comer el…

 -Paco, dame un numerito, de los que tocan –nos interrumpió una señora cargada con dos enormes cestas plenas de deliciosos manjares mirándonos algo raro-.

 -¿Le doy uno terminado en el siete?... Hace ya tiempo que no sale.

 -No, ese no, que tiene muchos ceros, dame mejor este otro, a ver que yo te lo coja.

 -Cójalo, cójalo.

 -Ahí tienes el euro y medio.

 -Que tenga suerte, a ver si le cae el cuponazo.

 -No caerá esa breva.

 -Señora que eso nunca se sabe…Que la veo en Cancún con su marido…

 -¡Vamos que si me toca el cuponazo voy a llevarme al cabrón del Manolo a Cancún con la de negros que hay por ahí!... ¡Ay Paco, que poca vista tienes!... ¡Coño, que me ha salido eso gracioso!... ¡Que tienes muy poca vista Paco!...¡Que poca vista tienes Paco!....¡Que vista…-seguía diciendo la buena señora con grandes risotadas mientras se alejaba-.

 Retomando el señor ciego su compostura preguntó con voz media:

 -¿Señor?

 -Pánfilo Expósito es mi gracia, -contesté yo. 

 -No vaya a tomar mis palabras por algo que no lo son, ni interpretar mis intenciones por otras que pudieran ofenderle, pero creo que nuestra anterior conversación bien podría iniciar una agradable y amena amistad que quizás pudiere terminar como terminan dos perros, a veces, tras olerse repetidamente sus anos. –Me dijo, dejándome profundamente turbado, ya que jamás nadie había acariciado mis oídos con  tales sutilezas y zalamerías.

 -¡Por dios, caballero! ¡Que ni tan siquiera somos novios! Deje, al menos que medite sus hermosas palabras antes de contestarle.

 -Venga, te doy diez euros por una mamada –me dijo con pasión.

 -Me arroba con su impaciencia… No vaya a creer que soy un chico fácil…

 -Paco… ¿Cuál fue el numerito de ayer? –Nos volvió a interrumpir esta vez un abuelete-.

 -El doce mil cuatrocientos quince.

 -¡Me cago en la leche!... ni uno, ni un número. ¡Me voy a tener que cambiar de ciego, que no das una!...

 - ¡No diga eso!, que seguro que si se cambia aquí cae el cuponazo…

 -No, si con la suerte que tengo, tienes razón. Me voy y todo el barrio millonario menos yo. Anda dame uno terminado en tres.

 -Tome este, que va a tocar…

 -Como no me toque los huevos… Anda toma el euro y medio.

 -Gracias, y hasta mañana, Felipe.

 Eso de Felipe, me dejó turbado: ¿Sería ciego o no sería ciego el señor ciego? ¿Sería un simple cliente o algo más? ¿A qué venían tantas familiaridades? ¿Estaría el señor ciego jugando con mis sentimientos?... ¿Sería un agente secreto sobre los que me advirtió mamá?...   Esperé a que se fuese el tal Felipe, y le dije mimosón:

 -Yo soy hombre de un solo amor.

 -Veinte euros –me dijo caliente el señor ciego.

Y oye, que ya sé que esto es demasiado largo… Si quieres seguir leyendo,  pídeme el  libro que te lo mando gratis en formato digital, o por 15 leuretes en papel…

Se conoce muy poco sobre el idioma original guanche,

 Se conoce muy poco sobre el idioma original guanche, 


pero se asume que su sistema fonético debe haber sido lo suficientemente simple como para permitir que el idioma silbado fuera eficiente.[2]​ El silbo fue creado por los primeros habitantes de la isla, aborígenes canarios y también se hablaba en El Hierro, Tenerife y Gran Canaria. En el siglo XVI, tras la conquista de las Islas Canarias, los últimos gomeros prehispánicos adaptaron el silbo al idioma castellano, mientras la lengua original, el idioma guanche, se iba extinguiendo. Fue ampliamente utilizado en el período del siglo XVII.[3]​ En 1976, el silbo apenas permanecía en el Hierro, donde había florecido a finales del siglo XIX.[4]​


La Gomera, segunda isla más pequeña, posee características físicas y geográficas que la distinguen de las demás islas, y por lo que se puede llegar a entender el impacto del silbo en la isla, y los factores que ayudaron a que fuera posible, como la orografía de la isla con las montañas y los barrancos[5]​. Su presencia en la isla, desde hace más de cuatro siglos, es estimulada por el ambiente rural, y se sigue manteniendo en todo su esplendor. [5]​ Se han investigado muchos relatos de cronistas y antiguos historiadores, que nos demuestran que el silbo sí existía en época prehispánica[5]​, como una modalidad de la lengua indígena[5]​ y que el origen no está muy claro, aunque existen teorías de que puede estar en tribus del continente africano[5]​.


Es a mediados del siglo XX cuando se puede observar un claro descenso en el empleo de este lenguaje. Los factores que explican esta situación son económicos y tecnológicos.[3]​[6]​ [4]​Por un lado, muchos hablantes del silbo gomero se vieron forzados a emigrar en busca de trabajo o mejores condiciones de vida. Por otro lado, el desarrollo tecnológico, como la aparición de los teléfonos, jugó un papel fundamental en la reducción de la utilidad del lenguaje. Su supervivencia en etapas anteriores se había basado en su papel para permitir la comunicación a pesar de la distancia. Es preciso destacar, que en el período 1960-1980, mucha gente abandonó la agricultura y la cada vez más amplia clase media, en muchas ocasiones no fomentaba la transmisión de este lenguaje, puesto que se asociaba negativamente con el campesinado rural.


En la década de 1990 comienza un esfuerzo de revitalización, así como iniciativas puestas en marcha por la propia comunidad. En 1999, la revitalización del silbo gomero fue un paso más allá con políticas educativas y otras medidas legislativas que fomentaban dicha revitalización. Actualmente tiene protección oficial como un ejemplo de patrimonio cultural intangible.


Debido al peligro de desaparición del silbo a principios del siglo XXI, básicamente a causa de las mejoras de las comunicaciones y especialmente de la desaparición de actividades como el pastoreo en las que más se empleaba, el Gobierno de Canarias reguló su aprendizaje en la escuela y declaró el silbo gomero como patrimonio etnográfico de Canarias en 1999. El 30 de septiembre de 2009, el silbo gomero fue inscrito por la Unesco en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad,[7]​ gracias en buena parte a la labor realizada por el gobierno canario. Isidro Ortiz Muñoz ha impartido clases de silbo en colegios de la isla.

Como ha sido señalado en el informe de la UNESCO del año 2009, una gran mayoría de las personas viviendo en la isla de La Gomera entienden el lenguaje, pero únicamente aquellos nacidos antes de 1950 y las generaciones más jóvenes que han asistido al colegio a partir de 1999 pueden hablar este idioma.[8]​ Esto se debe a que aquellos nacidos antes de 1950 aprendieron el silbo a través de los mayores en casa, mientras que los más jóvenes que han asistido al colegio a partir de 1999 lo aprendieron formalmente en el colegio. Aquellos nacidos entre 1950 y 1980 entienden el idioma pero son incapaces de hablarlo, puesto que el lenguaje era poco usado y tenía incluso connotaciones negativas.[8]​ En algunas zonas de la isla se mantiene el silbo, como en Igualero o El Cercado, donde es habitual utilizarlo para avisar a los vecinos o dar órdenes a los perros encargados del ganado. El silbo siempre se ha empleado para las grandes distancias, para evitar gritar y los desplazamientos, como un medio de comunicación para la vida diaria.