Tres de septiembre de 1936, Talavera de la Reina es la última ciudad importante entre Madrid y el ejército de África, la marcha de éste ha sido vertiginosa por Andalucía y Extremadura, su marcha parece imparable. El gobierno de la República se encuentra esperanzado en poder detener a los sublevados en esta localidad, y para ello piensa detenerlo a toda costa en la ciudad toledana.
La República ha designado al general Riquelme para dirigir a las fuerzas republicanas, al mando de las milicias se encuentra Juan Modesto, estas fuerzas han logrado reunir a más de diez mil combatientes, también disponen de abundante artillería y hasta un tren blindado.
El día dos de septiembre las fuerzas de Yagüe se encuentran en las afueras de la localidad, el teniente coronel soriano cuenta con unos tres mil quinientos hombres, la mayoría legionarios y regulares. La idea de maniobra de Yagüe consiste en rodear los flancos de las fuerzas de la república para envolverlos.
Una de las columnas de Yagüe al mando del comandante Castejón y la otra al mando del teniente coronel Asensio envuelven a las defensas republicanas por sus flancos, tras un primer momento en el que logran detener el avance, a la segunda acometida, las fuerzas gubernamentales se retiran en desorden, las fuerzas atacantes consiguen tomar el aeródromo y la estación de ferrocarril.
Yagüe ve su oportunidad y no piensa desaprovecharla, se lanza en tromba hacia el centro de la localidad, consiguiendo sorprender a los defensores que se encontraban allí, capturando a gran número de milicianos, los supervivientes emprendieron una desordenada huida, abandonando armamento y equipo, esa misma tarde a las 14,20 horas la ciudad está completamente en manos del teniente coronel legionario.
El Ministro de la Guerra de la II República llama por teléfono para preguntar por la situación en la localidad:
- Ring, ring, ring…..
Un soldado de regulares que había penetrado en un edificio oficial del centro de la localidad al escuchar el teléfono, lo descolgó.
- Aquí Madrid, soy el general Sarabia,
- ¿Con quién hablo?
- Llamo desde el Ministerio de la Guerra.
El soldado de regulares era la primera vez que contemplaba el artilugio del cual se emitían esos extraños sonidos, el asakari se animó a hablar por el micrófono:
- ¡Qué decir tú de Ministerio paisa!
El fuerte acento marroquí del interlocutor, desconcertó totalmente al general Sarabia.
- Pero, ¿vamos a ver quién está al aparato?
- Yo ser askari del tabor de Ceuta.
La respuesta que escuchó Sarabia le dejó totalmente helado y no admitía duda de ningún tipo, la ciudad había caído ya en mano de las fuerzas africanas. Las fuerzas de Yagüe se encontraban a ciento veinticuatro kilómetros de la capital de España, lugar donde se habían encendido todas las alarmas.
Jorge Rowe


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