sábado, 18 de octubre de 2025

El autor de Caperucita roja

 

El autor de Caperucita roja

El cuento de Caperucita es conocido por la versión que se publicó en el siglo XVII pero antes de eso, la leyenda de la niña que tenía que atravesar el bosque se había transmitido de forma oral por la Francia y la Alemania medieval.

Cuento de caperucita roja para niños

Aunque la original es un relato que dista mucho de la versión que conocemos hoy, fue transmitido de boca en boca por los habitantes de Alemania y Francia, tal era su popularidad que llegó a varias generaciones sin necesidad de ser recogida de forma escrita. Lo que suponía que la hisotria se iba modificando y adaptando a quién la contaba y donde, por lo que se pudieron llegar a dar cientos de cuentos de Caperucita roja diferentes.

El cuento de Caperucita roja original

Con escenas bastante crueles y orientada a prevenir a los niños de no fiarse de los desconocidos, el cuento fue pasando de generación en generación con distintas modificaciones, ya que cada uno lo contaba de la forma que se lo habían contado en su infancia, y cada aldea metía elementos cercanos para que la historia fuera más popular y reconocible. Todas estas versiones coincidían en dos elementos: La protagonista era una niña con una capa roja y debía abandonar la seguridad de su aldea para atravesar el bosque.

Caperucita roja y el lobo cuento infantil

Este relato fue evolucionando y lejos de convertirse en el cuento que todos hemos leído, las versiones de aquella época estaban llenas de escenas perturbadoras, llenas de violencia y actos deplorables, recopilando todos los elementos de la maldad, con fin de ahuyentar a los niños de los desconocidos, pero con situaciones imposibles de concebir hoy en la literatura infantil.

 

El cuento de Caperucita roja infantil tal y como lo conocemos hoy es el resultado de la adaptación de Charles Perrault, quién en el siglo XVII la recogió para adaptarla y poder incluirla dentro de un recopilatorio de cuentos.

 

Aunque el resumen de Caperucita Roja en esta versión se asemeja más a la historia que hoy conocemos, no deja de estar repleta de escenas macabras poco aptas para los niños.

Fueron los hermanos Grimm en el siglo XIX quienes revisaron la historia y publicaron una nueva versión, mucho más parecida a la que ha llegado a nuestros hogares y que se ha hecho universalmente conocida.

Autor caperucita roja en inglés

Los personajes de Caperucita Roja

En la versión adaptada que conocemos, principalmente encontramos que los personajes de Caperucita Roja son la madre y la abuela de Caperucita, el lobo y el cazador o leñador.

Este último personaje es una incorporación posterior, ya que en la tradición oral, la niña era devorada por el lobo, sin embargo, si hacemos memoria, todos recordamos al leñador entrando a casa de la abuelita y rescatando a ambas ¿verdad?

 

Algunos datos sobre Caperucita Roja y el lobo

Bien es cierto que el cuento de Caperucita es una de las historias infantiles con más éxito entre los pequeños, que incluso podemos ver disfraces de Caperucita, la película de Caperucita roja o que se ha llevado al teatro, pero hay una incongruencia curiosa dentro de esta historia, debido a la necesidad de adaptar la leyenda oral a una historia apropiada para niños.

Autor de caperucita roja y el lobo

En su origen, el lobo no existía, quién acechaba en el bosque era un asaltador, un ladrón o cualquier tipo de maleante… Esto suponía un problema, ya que los hermanos Grimm decidieron incluír el lobo como un elemento fantástico en una historia en la que los animales hablan, dando un sentido más infantil y semejante a las moralejas tradicionales.

Pero aún así, la niña hace preguntas sobre su ropa o el tamaño de su boca, esto se debe a que conservaron la parte del “intruso” disfrazado en casa de la abuela, pero en lugar de ser un hombre adulto como en la historia tradicional, era un animal, con la habilidad suficiente para colarse en una casa, vestirse de abuela y meterse en la cama…

Las manchas del sapo

 Las manchas del sapo


84 Las Manchas Del Sapo
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Cuento Las manchas del sapo: adaptación de una antigua leyenda de Uruguay.

Hace cientos de años, los sapos eran muy parecidos a los de ahora, pues también  antiguamente les encantaba saltar y bañarse en las charcas.

La única diferencia es que por aquellos tiempos, no tenían manchas en su brillante y resbaladizo cuerpo.

Cuenta la leyenda que un día, ya nadie recuerda cuándo, hubo un sapo que no tenía demasiada amistad con un águila. En realidad, se llevaban bastante mal. El ave le tenía manía y un día decidió burlarse de él, aprovechando que en el cielo iba a celebrarse una gran fiesta.

-¡Hola, amigo sapo! Esta noche hay una verbena estupenda en las nubes y me gustaría invitarte. Como no sabes volar, yo te llevaré conmigo.

– ¡Oh, muchas gracias por pensar en mí! Iré si llevas tu guitarra ¿Te parece bien?

– Sí, me parece una idea estupenda ¡Será una fiesta con música y baile para todos!

Se despidieron y quedaron en verse antes del anochecer. Salía la luna cuando el águila fue hasta la casa del sapo con la guitarra bajo el ala.

-¿Estás listo, amigo? Se hace tarde y debemos irnos ya.

– ¡En realidad, todavía no! No he acabado de arreglarme y he de terminar de hacer unas cosas. Si te parece, ve volando despacio que enseguida te alcanzo.

– De acuerdo, pero no tardes.

Mientras el águila se despedía de la familia del sapo, éste aprovechó para esconderse en el agujero de la guitarra, pues en el fondo, tanta amabilidad le extrañaba y no se fiaba mucho de que el águila le dejara caer en pleno vuelo. Por su parte, el águila, partió hacia las nubes pensando en lo tonto que era el sapo si creía que él solito iba a llegar tan lejos y tan alto.

Cuando la reina de las aves llegó al cielo, se encontró una fiesta de lo más animada. Había música, comida y todos parecían estar pasándoselo muy bien. Un buitre se acercó a ella y le preguntó:

– ¿No iba a venir contigo el sapo?

– ¡Qué va! Si no levanta un palmo del suelo ¿cómo va a llegar hasta aquí sin mi ayuda?

Pero el sapo sí había llegado al cielo, escondido en el agujero de la guitarra. Gracias a su astucia, se había colado en la fiesta y estaba decidido a disfrutar al máximo. Salió como pudo del hueco y se plantó ante todos los invitados.

Era un sapo muy simpático y dicharachero; en cuanto tuvo oportunidad, empezó a cantar y a hacer acrobacias tan graciosas que se metió a los asistentes en el bolsillo. Todos le ovacionaron menos el águila, que vio al sapo de lejos y se sintió corroída por la envidia.

– ¡Ese batracio es un presumido! ¡No soporto su presencia!

Cuando terminó la juerga, el águila se acercó a él.

– Veo que al final has conseguido llegar por ti mismo… Vamos, es la hora de volver a casa. Si quieres puedo llevarte.

Pero el sapo seguía sin fiarse de las buenas palabras del águila.

– No te preocupes, amiga. Vete tú que yo quiero quedarme un rato más para ayudar a recoger. Luego te alcanzo.

El águila asintió y se dio media vuelta, pero de reojo vio cómo el sapo volvía a colarse en el agujero de su guitarra. Disimulando que no se había dado cuenta, agarró la guitarra con sus patas y emprendió el camino de regreso a la Tierra. Atravesó las nubes volando en picado y cuando iba a máxima velocidad, giró la guitarra y dejó que el sapo se precipitara al vacío en caída libre.

¡Pobre animal! Aterrorizado, vio que el suelo  estaba cada vez más cerca  y sus ojos saltones se clavaron en una enorme piedra.  Cuando estaba a punto de chocar, gritó:

-¡Aparta, aparta piedra que te parto!

Pero lógicamente, la piedra no se movió y el desgraciado sapo se estampó contra ella. Milagrosamente, se salvó  de una muerte casi segura, pero su cuerpo quedó lleno de moratones que jamás desaparecieron. Sus hijos y sus nietos heredaron estas manchas y  desde  entonces, todos los  sapos nacen con la piel llena de motas oscuras.

Cuento La garza real

 




Cuento La garza real: adaptación de la fábula de La Fontaine.

Un fresco día de verano, una elegante garza real salió de entre los juncos y se fue a pasear

¡Era un día perfecto para dar una vuelta y ver el hermoso paisaje!

Se acercó a la laguna y vio un pez que le llamó la atención. Era una carpa que jugueteaba alegremente entre las aguas.

– ¡Uhmmm! ¡Es una presa grande y sería muy fácil para mí atraparla! – pensó la garza – ¡Pero no!… Ahora no tengo apetito así que cuando me entre hambre, volveré a por ella.

La garza siguió su camino. Se entretuvo charlando con otras aves que se fue encontrando y más tarde se sentó un ratito a descansar. Sin darse cuenta, habían pasado tres horas y de repente, sintió ganas de comer.

– ¡Volveré a por la carpa y me la zamparé de un bocado! – se dijo a sí misma la garza.

Regresó a la laguna pero la carpa ya no estaba ¡Su deliciosa comida había desaparecido y ya no tenía nada que llevarse a la boca!

Cuando se alejaba del lugar, vio unos peces que nadaban tranquilos.

– ¡Puaj! – exclamó con asco la garza – Son simples tencas. Podría atraparlas en un periquete con mi largo pico, pero no me apetecen nada. Me gusta comer cosas exquisitas y no esos pececitos sin sabor y ásperos como un trapo.

Siguió observando la laguna y ante sus ojos apareció un pez pequeñajo y larguirucho con manchas  oscuras en el lomo. Era un gobio.

– ¡Qué mala suerte! – se quejó la garza – No me gustan las tencas pero los gobios me gustan menos todavía. Me niego a pescar ese animalucho de aspecto tan asqueroso. Mi delicado paladar se merece algo mucho mejor.

La garza era tan soberbia que ningún pez de los que veía era de su gusto.

Lamentándose, buscó aquí y allá alguno que fuera un bocado delicioso, pero no hubo suerte. Llegó un momento en que tenía tanta hambre que decidió conformarse con la primera cosa comestible que encontrara… Y eso fue un blando y pegajoso gusano.

– ¡Ay, madre mía! – dijo la garza a punto de vomitar – No me queda más remedio que tragarme este bicho horripilante. Pero es que estoy desfallecida y necesito comer lo que sea.

Y así fue cómo la exigente garza de pico fino, tuvo que dejar a un lado su actitud caprichosa y conformarse con un plato más humilde que, aunque no era de su agrado, le alimentó y sació su apetito.

Moraleja: muchas veces queremos tener sólo lo mejor y despreciamos cosas más sencillas pero que pueden ser igual de valiosas.


Cuento de Caperucita roja

 




Cuento de Caperucita roja: Adaptación del cuento de Charles Perrault

Érase una vez una preciosa niña que siempre llevaba una capa roja con capucha para protegerse del frío. Por eso, todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Caperucita vivía en una casita cerca del bosque. Un día, la mamá de  Caperucita le dijo:

– Hija mía, tu abuelita está enferma. He preparado una cestita con tortas y un tarrito de miel para que se la lleves. ¡Ya verás qué contenta se pone!

– ¡Estupendo, mamá! Yo también tengo muchas ganas de ir a visitarla – dijo Caperucita saltando de alegría.

Cuando Caperucita se disponía  a salir de casa, su mamá, con gesto un poco serio, le hizo una advertencia:

– Ten mucho cuidado, cariño. No te entretengas con nada y no hables con extraños. Sabes que en el bosque vive el lobo y es muy peligroso. Si ves que aparece, sigue tu camino sin detenerte.

– No te preocupes, mamita – dijo la niña -. Tendré en cuenta todo lo que me dices.

– Está bien – contestó la mamá, confiada –. Dame un besito y no tardes en regresar.

– Así lo haré, mamá – afirmó de nuevo Caperucita diciendo adiós con su manita mientras se alejaba.

Cuando llegó al bosque, la pequeña comenzó a distraerse contemplando los pajaritos y recogiendo flores. No se dio cuenta de que alguien la observaba detrás de un viejo y frondoso árbol. De repente, oyó una voz dulce y zalamera.

– ¿A dónde vas, Caperucita?

La niña, dando un respingo, se giró y vio que quien le hablaba era un enorme lobo.

– Voy a casa de mi abuelita, al otro lado del bosque. Está enferma y le llevo una deliciosa merienda y unas flores para alegrarle el día.

– ¡Oh, eso es estupendo! – dijo el astuto lobo -. Yo también vivo por allí. Te echo una carrera a ver quién llega antes. Cada uno iremos por un camino diferente. ¿Te parece bien?

La inocente niña pensó que era una idea divertida y asintió con la cabeza. No sabía que el lobo había elegido el camino más corto para llegar primero a su destino. Cuando el animal  llegó a casa de la abuela, llamó a la puerta.

– ¿Quién es? – gritó la mujer.

– Soy yo, abuelita, tu querida nieta Caperucita. Ábreme la puerta – dijo el lobo imitando la voz de la niña.

– Pasa, querida mía. La puerta está abierta – contestó la abuela.

El malvado lobo entró en la casa y sin pensárselo dos veces, saltó sobre la cama y se comió a la anciana. Después, se puso su camisón y su gorrito de dormir y se metió entre las sábanas esperando a que llegara la niña. Al rato, se oyeron unos golpes.

– ¿Quién llama? – dijo el lobo forzando la voz como si fuera la abuelita.

– Soy yo, Caperucita. Vengo a hacerte una visita y a traerte unos ricos dulces para merendar.

– Pasa, querida, estoy deseando abrazarte – dijo el lobo malvado relamiéndose.

La habitación estaba en penumbra. Cuando se acercó a la cama, a Caperucita le pareció que su abuela estaba muy cambiada. Extrañada, le dijo:

– Abuelita, abuelita ¡qué ojos tan grandes tienes!

– Son para verte mejor, preciosa mía – contestó el lobo, suavizando la voz.

– Abuelita, abuelita ¡qué orejas tan grandes tienes!

– Son para oírte mejor, querida.

– Pero… abuelita, abuelita ¡qué boca tan grande tienes!

– ¡Es para comerte mejor! – gritó el lobo dando un enorme salto y comiéndose a la niña de un bocado.

Con la barriga llena después de tanta comida, al lobo le entró sueño. Salió de la casa, se tumbó en el jardín y cayó profundamente dormido. El fuerte sonido de sus ronquidos llamó la atención de un cazador que pasaba por allí. El hombre se acercó y vio que el animal tenía la panza muy hinchada, demasiado para ser un lobo. Sospechando que pasaba algo extraño, cogió un cuchillo y le rajó la tripa. ¡Se llevó una gran sorpresa cuando vio que de ella salieron sanas y salvas la abuela y la niña!

Después de liberarlas, el cazador cosió la barriga del lobo y esperaron un rato a que el animal se despertara. Cuando por fin abrió los ojos, vio como los tres le rodeaban y escuchó la profunda y amenazante voz del cazador que le gritaba enfurecido:

– ¡Lárgate, lobo malvado! ¡No te queremos en este bosque! ¡Como vuelva a verte por aquí, no volverás a contarlo!

El lobo, aterrado, puso pies en polvorosa y salió despavorido.

Caperucita y su abuelita, con lágrimas cayendo sobre sus mejillas, se abrazaron. El susto había pasado y la niña había aprendido una importante lección: nunca más desobedecería a su mamá ni se fiaría de extraños.

“El golpe que cambió su vida: traumatismo craneoencefálico”

 



“El golpe que cambió su vida: traumatismo craneoencefálico”

🧠⚡
Fernando, 32 años, sufrió un accidente en motocicleta.
Usaba casco, pero el impacto fue tan fuerte que perdió el conocimiento por unos segundos.
Despertó confundido, con dolor de cabeza y náuseas. Pensó que era solo el susto, pero horas después comenzó a vomitar y a tener visión borrosa.
Una tomografía reveló la gravedad: hematoma subdural, una acumulación de sangre entre el cerebro y su membrana externa, causada por la ruptura de vasos sanguíneos tras el golpe.
Esa presión silenciosa dentro del cráneo amenazaba con aplastar su propio cerebro.
Fue intervenido de urgencia. Los médicos drenaron el hematoma y estabilizaron la presión intracraneal.
Fernando sobrevivió, pero quedó con un recordatorio permanente: el cerebro no perdona los descuidos.
Cada segundo cuenta ante un golpe fuerte en la cabeza.
Los síntomas pueden parecer leves, pero el daño interno puede avanzar sin que lo notes.
Nunca subestimes un golpe: lo que parece un simple mareo puede ser una vida en riesgo.
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1 5 DATOS CURIOSOS DE LA VAGINA QUE NADIE TE CUENTA (PERO DEBERÍAN)





111 5 DATOS CURIOSOS DE LA VAGINA QUE NADIE TE CUENTA (PERO DEBERÍAN)

1️⃣ Se limpia sola: No necesita duchas vaginales ni jabones perfumados. Solo agua.
2️⃣ Tiene un pH ácido (3.8–4.5): Diseñado para matar bacterias. El problema es cuando lo alteras con productos externos.
3️⃣ No huele a flores… y no debería: El olor “natural” no es sucio, es normal. Si huele mal, consulta.
4️⃣ Tiene más terminaciones nerviosas que el pene (pero en lugares distintos).
5️⃣ Cambia con el ciclo, la edad, el parto y el sexo: Textura, lubricación, elasticidad… todo se adapta.
💥 El problema es que la sociedad la ha vuelto tabú, misteriosa y hasta “sucia”. ¡Y NO! Es un órgano increíble, complejo y digno de conocerse sin pena ni morbo.

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