lunes, 5 de octubre de 2026

FRANCIA DERROTÓ A HITLER Y, ESE MISMO DÍA, SE PUSO A MATAR ARGELINOS.

 FRANCIA DERROTÓ A HITLER Y, ESE MISMO DÍA, SE PUSO A MATAR ARGELINOS. 



El 8 de mayo de 1945, Europa estaba de fiesta. Hitler había muerto, Alemania acababa de rendirse y los parisinos salían a las calles para celebrar que, después de cuatro años de ocupación nazi, Francia volvía a ser libre. Había abrazos, banderas, champán y discursos sobre la democracia. Francia, que acababa de sacudirse de encima a los alemanes, se disponía a recuperar su lugar entre las grandes potencias y a dar lecciones de libertad al mundo. Lo que no entraba en los planes era que alguien se tomara aquellas palabras demasiado en serio.


A unos 300 kilómetros de la costa argelina, en la ciudad de Sétif, miles de musulmanes argelinos salieron a las calles para celebrar la victoria aliada y reclamar algo que, después de seis años de guerra contra el fascismo, parecía bastante razonable: derechos políticos e independencia. Argelia llevaba más de un siglo bajo dominio francés y sus habitantes musulmanes estaban sometidos a un sistema colonial que los colocaba en una situación de inferioridad jurídica frente a los colonos europeos. Muchos argelinos habían combatido en el ejército francés contra los nazis, pero, terminada la guerra, seguían sin ser considerados ciudadanos en igualdad de condiciones. Habían ayudado a liberar Francia y ahora querían que alguien se acordara de liberarlos a ellos. Las autoridades francesas habían autorizado la manifestación con una condición muy particular: nada de banderas argelinas ni consignas independentistas. Pero los nacionalistas sacaron sus banderas verdes y blancas y comenzaron a corear consignas. En medio de la tensión, un joven llamado Bouzid Saâl recogió una bandera argelina que había caído al suelo. Un policía francés le disparó y lo mató. La bandera volvió a caer, esta vez acompañada de un cadáver, y la manifestación degeneró en enfrentamientos. Durante las horas siguientes se produjeron ataques contra colonos europeos y murieron alrededor de un centenar de europeos, entre civiles y militares. La violencia se extendió por la región y las autoridades francesas decidieron que había llegado el momento de impartir una lección que los argelinos tardarían décadas en olvidar.


El Gobierno provisional francés, presidido por Charles de Gaulle, movilizó al ejército y puso en marcha una represión de una brutalidad extraordinaria. Se emplearon tropas, artillería, aviación y buques de guerra. Se bombardearon aldeas y poblaciones, se llevaron a cabo operaciones de castigo y se ejecutó sumariamente a numerosos sospechosos. En Guelma, las milicias de colonos europeos, con la colaboración de las autoridades locales, detuvieron y asesinaron a centenares de argelinos. No se trataba únicamente de perseguir a quienes habían participado en los ataques contra los europeos, sino de aplastar el movimiento nacionalista y aterrorizar a la población. La palabra pacificación, tan socorrida en los imperios coloniales, sirvió una vez más para disimular lo que estaba ocurriendo. La Francia que había denunciado las atrocidades nazis estaba empleando su propia maquinaria militar contra una población colonial que reclamaba derechos.


¿Y cuántos murieron? Aquí empieza otra batalla, esta vez de números. Las estimaciones francesas iniciales fueron muy inferiores a las cifras manejadas por las autoridades argelinas, que hablan de 45.000 víctimas. Las investigaciones históricas sitúan el balance en varios miles de muertos y, aunque no existe un recuento definitivo, algunos estudios calculan entre 5.000 y 6.000 víctimas en la región de Sétif, Kherrata y Bugía, además de entre 1.500 y 2.000 en Guelma. Las diferencias siguen siendo importantes y conviene no convertir ninguna cifra discutida en una certeza matemática. Lo indiscutible es que miles de personas fueron asesinadas durante una represión que afectó tanto a militantes nacionalistas como a civiles.


Francia había ganado la guerra contra Hitler, pero en Argelia acababa de demostrar que su idea de libertad tenía fronteras muy precisas. Los argelinos podían morir por Francia en Europa, pero reclamar su independencia en África era otro asunto. Nueve años después, en noviembre de 1954, comenzaría la guerra de independencia argelina, un conflicto que se prolongaría hasta 1962 y que terminaría con la salida de Francia y la independencia de Argelia. 

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