miércoles, 7 de enero de 2026

El 6 de enero de 1641

 El 6 de enero de 1641 se celebró el parlamento de Quilín o Quillín, también llamado Paces de Quillén, fue una reunión masiva realizada junto al río Quillén, actual provincia de Cautín, de la que emanó el primer tratado de paz acordado entre mapuches y españoles, después de casi un siglo de lucha en la guerra de Arauco.



El gobernador de Chile Francisco López de Zúñiga, marqués de Baides, había empezado a ofrecer numerosos agasajos y regalos a los caciques que se presentaban en Concepción. Fue el caso de Antonio Chicaguala y Lincopichón, que en octubre de 1640 volvieron a sus tierras con bastones de mando con empuñadura de plata y con la invitación a todos los loncos para asistir a una junta que solemnizara las paces entre ambos pueblos. Además Chicaguala había obtenido permiso de visitar libremente la ciudad, autorización que fue acompañada de un regalo a propósito: un caballo de la mejor calidad.


El 6 de octubre se envió una citación a todos los encomenderos de la colonia, para que se presentaran en Concepción en diciembre y se integraran en la comitiva que acompañaría al gobernador a acordar las paces con los mapuches. Estas noticias despertaron gran escepticismo entre los españoles, convencidos del carácter inconstante que atribuían a estos acuerdos. Por otro lado, la guerra permanente era una forma de vida y un mecanismo de ascenso social que tenía sus beneficiarios.


El marqués organizó el parlamento en Quillín, en el llano a orillas del río del mismo nombre, uno de los afluentes del Río Cholchol. López acudió acompañado de un ejército de 1.376 españoles y 940 "indios auxiliares". Por el lado mapuche el principal asistente fue el toqui Lientur, secundado por Butapichún, los loncos Chicaguala, jefe de 1000 guerreros, y Lincopichón, cabeza de 3000 lanzas.


Las reuniones se llevaron a cabo con una pompa y solemnidad que resultaba inédita para los españoles de Chile. En el lugar se dispuso de todo lo necesario para atender a los mapuches que asistieran. Sobre todo comestibles y bebidas alcohólicas.


De acuerdo a la diversa naturaleza de las culturas participantes, los acuerdos no fueron solemnizados con una firma, sino con gestos. Los caciques pasaron abrazando al gobernador, a sus consejeros y a los jesuitas que los acompañaban. Tras esto, retribuyeron con sus propios presentes las atenciones y regalos del gobernador. Tras finalizar la negociación, la comitiva española avanzó hasta La Imperial, donde le fueron entregados algunos cautivos.


Se debe considerar que los documentos conocidos fueron emanados únicamente por uno de los dos bandos que participaron en la reunión, los españoles, y que los acuerdos alcanzados fueron de hecho compromisos verbales. En esto son diversos de lo que habitualmente se considera un tratado. Pero todo indica que ambos bandos trataron de dar a estas paces la calidad de compromiso solemne.


De hecho, la administración española archivó las actas del parlamento como un tratado internacional.


Los acuerdos fueron:


-Que los mapuches conservarían su absoluta libertad, sin que nadie pudiera molestarlos en su territorio ni esclavizarlos o entregarlos a encomenderos;


-Que su territorio tenía como frontera norte el Biobío;


-Que los españoles destruirían el fuerte de Angol, que quedaba dentro del territorio mapuche;


-Que los mapuches debían liberar a los cautivos españoles que retenían;


-Que dejarían entrar a sus tierras a los misioneros que fueran en son de paz a predicarles el cristianismo;


-Que se comprometían a considerar como enemigos a los enemigos de España y que no se aliarían con extranjeros que llegaran a la costa.


Los acuerdos fueron ratificados por el rey Felipe IV el 29 de abril de 1643. El tratado suele ser interpretado como un reconocimiento oficial de la independencia de la nación mapuche por parte del Imperio español. Esto es correcto si se considera que se aceptaba a los indígenas una soberanía efectiva y sobre su territorio. Esta soberanía no era limitada, sino por acuerdos propios de una alianza convencional entre dos naciones, como asegurar el libre tránsito para ciertos dignatarios o evitar el paso franco de los enemigos del aliado. Pero el tratado también consideraba una fórmula conceptual de cesión de independencia. De acuerdo al acta española, los loncos mapuches reconocieron al rey de España como señor y le juraron vasallaje. Y, aunque lo que esta declaración pudiera significar para los mapuches fuera algo relativo e intangible, la aceptación del señorío del rey se volvió en adelante uno de los puntos habituales y rutinarios de la pauta de los parlamentos mapuches, a pesar de que los pactos eran establecidos tanto en español como en mapudungun, por lo que tales aceptaciones de la soberanía del Rey pudiesen ser solo interpretaciones de parte de los hispánicos.


Imagen: grabado del Parlamento de Quilín por Alonso de Ovalle (1646).

LAS HUELLAS FÓSILES DE PERROS GIGANTES DE HACE 12 MILLONES DE AÑOS, REVELAN UNA INESPERADA SUPERVIVENCIA TRAS EL CATACLISMO DE YELLOWSTONE

 LAS HUELLAS FÓSILES DE PERROS GIGANTES DE HACE 12 MILLONES DE AÑOS, REVELAN UNA INESPERADA SUPERVIVENCIA TRAS EL CATACLISMO DE YELLOWSTONE



Hace poco más de un mes, investigadores detectaron huellas fosilizadas de perros gigantes carnívoros, que alguna vez deambularon en América del Norte, tras la devastadora super erupción del volcán Yellowstone, hace 12 millones de años. 


Las huellas fueron halladas sobre los restos fosilizados de rinocerontes extintos de la especie Teleoceras en los yacimientos fósiles de cenizas del noreste de Nebraska, Estados Unidos. Estas huellas, constituyen la primera evidencia directa de grandes carnívoros en estos yacimientos, apodados "Pompeya de rinocerontes" por haber preservado numerosos rinocerontes Teleoceras que perecieron en la extensa precipitación radiactiva de la actividad volcánica en Yellowstone.


"La erupción fue tan masiva que la ceniza habría caído como nieve a 1.600 kilómetros del lugar de la erupción en Idaho", declaró a Live Science Ashley Poust , curadora de paleontología de vertebrados del Museo Estatal de la Universidad de Nebraska. "Esto habría oscurecido el cielo, sepultado la vegetación y las fuentes de agua, y representado un verdadero peligro para cualquier ser vivo con un sistema respiratorio delicado".


Durante décadas se han encontrado fósiles de caballos antiguos, camellos similares a jirafas, rinocerontes, entre otros; pero nunca se habían descubierto huellas de carnívoros, lo cual es inusual dada la abundancia de presas preservadas.


Las huellas miden hasta 8 cm de largo y 7.5 cm de ancho y coinciden con los de los grandes cánidos extintos Aelurodon taxoides y Epicyon saevus que trituraban huesos como las hienas modernas. La ubicación de las huellas sobre las capas de rinocerontes, sugiere que estos perros gigantes sobrevivieron al cataclismo que exterminó a muchos animales. 


"La supervivencia de los grandes depredadores tras el colapso ecológico es algo inesperada y nos enseña mucho sobre cómo la vida responde y se recupera tras los desastres", afirmó Poust. Los grandes depredadores se encuentran en la cima de la cadena alimentaria, por lo que normalmente mueren de hambre si esta colapsa.


La investigación, aunque fue presentada en la Sociedad de Paleontología de Vertebrados 2025 en Birmingham, Inglaterra, todavía no ha sido revisada por pares, ya que Poust y sus colegas aún deben completar su investigación y enviarla a una revista científica.


Las huellas de perro están presentes en múltiples capas de ceniza y apuntan en diferentes direcciones, lo que según Poust y sus colegas es una indicación de que los depredadores estaban haciendo visitas prolongadas o repetidas al área después de que estuviera cubierta de ceniza volcánica.


En la primera imagen vemos uno de los yacimientos fósiles de Ashfall, que reciben el apodo de “Pompeya de rinocerontes” porque preservaron una manada de cadáveres de rinocerontes extintos, de los que podrían haberse alimentado los depredadores recién identificados. (Crédito de la imagen: Ashley Poust)


La segunda imagen es una representación artística de cómo pudieron haberse visto los Epicyon, más conocidos como los perros gigantes. (Crédito de la imagen: Mark Hallett / Stocktrek Images vía Alamy)


Y la tercera, es una de las tantas huellas de estos animales extintos. (Crédito de la imagen: Ashley Poust)

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ESPARTA, LA MADRE DE LOS ESPARTANOS. ✨️

 ⚔️ ESPARTA, LA MADRE DE LOS ESPARTANOS. ✨️


La leyenda mitológica griega nos narra que una de las tantas pléyades que Zeus tuvo en amoríos, fue Taigete. Zeus se unió a ella y nació Lacedemón, que se convirtió en un atrayente varón y guerrero. 

En aquellas regiones donde este hijo de Zeus habitaba, tenía a Eurotas como rey el cual no tenía hijos varones y sólo a Esparta como su única hija. Esparta era única, princesa y brazo derecho de su padre. 

Lacedemón al conocerla se enamoró de ella y la hizo su esposa porque a Eurotas le pareció bien ese joven, y ya que no tenía descendencia varonil, le cedió a la bella princesa Esparta y el trono de su reino. Lecedemón entonces convertido en gobernante pronto cambió los nombres del país en alusión al suyo propio como Lacedemonia o Laconia y también de sus habitantes. Seguidamente fundó una gran y hermosa ciudad y le puso el nombre de su mujer. 

Así Esparta y su esposo Lacedemón fueron el principio de los lacedemonios en el Peloponeso. 

Entre los descendientes Esparta también tuvo una hija, Eurídice, que llegó a ser la esposa del rey Acrisio de Argos y así como la abuela de Perseo.

EL PUMA Y LA PRINCESA LEYENDA INCA...

 EL PUMA Y LA PRINCESA LEYENDA INCA...


Cuenta un relato, que un cachorro de puma había quedado huérfano, porque unos cazadores aborígenes asesinaron a sus padres. Fue criado a escondidas por Luna, hija del jefe de la tribu Chichiguay.
Con el tiempo, este cachorro creció y se convirtió en un majestuoso animal. Ya no era posible ocultarlo, por lo que pasó a formar parte de toda la comunidad. La relación entre el puma y la princesa se fue convirtiendo en algo tan estrecho que, a donde iba ella, él la acompañaba y cuidaba de los posibles peligros. Compartían los juegos y descansos.
El puma, como excelente cazador, proveía parte de los alimentos que se consumían en la aldea Chichiguay.
Una tribu vecina y enemiga ancestral, los Queraguay, decidió atacarlos por sorpresa durante la noche. Luna, al igual que los demás estaba entregada al descanso, pero fue despertada por el felino que emitía enormes y aterradores rugidos. Para cuando los guerreros Chichiguay tomaron sus armas y se prestaron a dar batalla contra los invasores, el puma ya había atacado y puesto en fuga a la mayor parte de ellos. El resto, con el temor del ataque producido por ese gran gato, fueron tomados prisioneros o muertos por los defensores.
Pasado el tiempo, "Yagua", como se le había bautizado, ocupó un lugar preponderante en la aldea. Los niños jugaban con él. Las mujeres podían ir tranquilas al interior de la selva a recoger los frutos que eran parte de su dieta, porque eran custodiados siempre por yagua. Ni la poderosa anaconda se animaba a molestar a algún integrante de la comunidad Chichiguay.
Los Queraguay, que habían escapado en esa última batalla, unieron sus fuerzas con otros ancestrales enemigos, los Quitiguay. Estos últimos, aunque siempre fueron neutrales entre las contiendas Chichiguay-Queraguay, formaron parte de esa alianza y atacaron en conjunto a los Chichiguay.
Sabían de antemano, que el arma más poderosa con que disponían los Chichiguay era el puma yagua. La estrategia que debían utilizar era fundamental, matar al puma.
Nuevamente, con la traicionera cobertura de las sombras nocturnas, los guerreros Queraguay, atacaron la aldea Chichiguay. Yagua, como siempre, estaba en una sigilosa vigilancia de la aldea. Unos fueron a la choza de la princesa Luna, a la que tomaron y quisieron llevarla prisionera, y los otros, formaron una barrera de lanzas y flechas entre yagua y la princesita.
El puma atacó valientemente a los secuestradores de su amiga. Destrozó con sus grandes y afiladas garras los cuerpos de sus enemigos. Trituró con sus enormes colmillos muchos cuellos y cabezas.
Pero en el fragor de la lucha, fue lanzado muchas veces por los atacantes. Las flechas colgaban a montones de su esbelto y fornido cuerpo. Los dardos, embebidos en veneno, que le fueron arrojados, comenzaban a hacer su efecto. En un final esfuerzo, yagua, destrozó al último de los enemigos. La princesa Luna había sido salvada.
Herido y moribundo, se despidió de Luna y de los demás integrantes de la tribu Chichiguay, con un enorme rugido. En él expresaba a todos los integrantes de la selva, tanto humanos como animales, que debían respetar para siempre a la comunidad Chichihuay.
Se dirigió al río acompañado por Luna, se despidió de ella en la orilla, y penetró en las aguas.
Dice la leyenda que en honor a tan valeroso puma, esas transparentes aguas se convirtieron en el color de su majestuosa piel. Hoy, el río es del color del puma, y es conocido como el río de la plata. Mirándolo, siempre recordaremos a yagua... "el inmortal".

San Antonio en la prefectura de Ures, 1864 — Gratificaciones por matar apaches: una política deshumanizante del Estado Sonorense.

San Antonio en la prefectura de Ures, 1864 — Gratificaciones por matar apaches: una política deshumanizante del Estado Sonorense.

El 4 de enero de 1864, desde San Antonio de la Huerta, el presidente municipal G. Avilés respondió a una circular emitida por la Prefectura de Ures el 21 de diciembre anterior. En ella se comunicaba una disposición del Supremo Gobierno del Estado de Sonora que regulaba las gratificaciones otorgadas a quienes mataran apaches en campaña.
La nueva norma establecía que solo se recompensaría a los individuos que dieran muerte a apaches considerados “gandules de guerra”, es decir, combatientes activos, y que dicha clasificación debía ser comprobada por la autoridad más cercana al lugar del hecho.
Aunque el tono del documento es administrativo y breve —“Lo que tendré presente p. cuando el caso llegue”—, su contenido revela una política profundamente problemática: el Estado estaba institucionalizando la cacería humana como mecanismo de defensa, bajo criterios ambiguos y fácilmente manipulables.
La distinción entre “gandules” y otros indígenas no ofrecía garantías reales de justicia, y en la práctica, la muerte de cualquier apache podía ser presentada como legítima para obtener recompensa.
Este tipo de disposiciones contribuyó a la deshumanización sistemática de los pueblos indígenas, en especial de los apaches, quienes eran vistos no como personas sino como amenazas que debían ser eliminadas.
La lógica del exterminio, amparada por el Estado, generó un ciclo de represalias crueles y sangrientas en ambos sentidos, como lo demuestra la historia de la frontera sonorense en el siglo XIX.
La reseña de este documento no solo permite entender las políticas de seguridad de la época, sino también reflexionar sobre los límites éticos del poder estatal, la violencia institucionalizada y la necesidad de recuperar una memoria crítica que reconozca el sufrimiento de los pueblos indígenas en contextos de guerra y colonización.
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Referencia del documento histórico
AGES/FE/RP/t386/Ayuntamientos/sf/San Antonio de la Huerta/4-enero-1864

LOS OMEYAS LAS PREFIEREN VASCONAS

LOS OMEYAS LAS PREFIEREN VASCONAS

Las crónicas definen a Abderramán III como un hombre de pelo rojo, de piel sumamente blanca y de unos ojos tan azules como el cielo. Otro tanto le ocurrió a su hijo, Alhakén II, al que le delataba también su cabellera de tono bermejo. Nada que ver con la imagen tradicional que se asocia a un árabe. Pero, ¿Cómo es posible que tuvieran aquellos rasgos físicos? Pues porque el gusto de los miembros de la dinastía omeya de Córdoba por las cristianas venía de bien antiguo, lo que nos lleva a entender las características físicas de muchos de los emires y califas cordobeses. De hecho, árabe, árabe, lo que se dice árabe por los cuatro costados, no lo fue ni siquiera ni el primer omeya que huyó de Oriente.
Abderramán I, el “Emigrado”, fundador de la dinastía Omeya en tierras hispánicas era hijo de un príncipe omeya y de una concubina cristiana bereber de la tribu Nafza (en el actual Túnez). Sobre las preferencias sexuales de Abderramán I no sabemos demasiado pero los textos dicen que la madre de su sucesor, Hisham I, fue una esclava visigoda convertida posteriormente al Islam. El segundo emir de al-Ándalus era muy blanco de piel y de pelo rojizo. Poco sabemos en este sentido sobre los dos siguientes emires -Alhakén I y Abderramán II-, uno rubio y el otro moreno, más allá de su increíble capacidad para procrear (algunas fuentes cuentan que el primero tuvo 40 hijos y el segundo ¡87!). Si alguna de sus concubinas vino de las tierras cristianas no podemos afirmar ni negar nada.
Con Muhammad I “comienzan” los casamientos institucionales con mujeres vasconas. En la mayor parte de los casos, las uniones entre andalusíes y vasconas venía dada por pactos políticos, aunque muchos de estos casos eran mujeres eran tomadas, primero como rehenes y, posteriormente, como concubinas. La primera de estas vasconas fue Ushar, esposa de Muhammad y madre de Abd Allah. Este emir mantuvo la “tradición” de piel blanquecina, pelo rubio y ojos azules.
Uno de los nombres propios femeninos de mayor interés es el de Onneca (o Íñiga) Fortúnez. Fue apresada junto a su padre, el heredero al trono pamplonés Fortún Garcés, y llevados como rehenes a Córdoba. En la capital del emirato pasaron más de 20 años, siendo tratados siempre de acuerdo a la categoría que merecían. Al poco, Onneca fue desposada por el entonces príncipe Abd Allah, al que dio dos hijas y un varón. Durante las décadas que pasaron en Córdoba, ella fue conocida como Durr, que significa “perla”. Muhammad, el hijo de ambos, sintió igualmente atracción por las norteñas y tomó como amante a otra vascona, Muzna, famosa por ser la madre del futuro califa de al-Ándalus, Abderramán III. Cuando, en virtud a varios pactos, Fortún Garcés volvió a Pamplona para reclamar su trono, Onneca marchó al Norte donde se casó con Aznar Sánchez de Larraún. Fruto de este matrimonio fue la futura reina Toda, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones.
Los dos primeros califas de al-Ándalus, Abderramán III y Alhakén II fueron hijos y amantes de cristianas norteñas. Eso explicaría el aspecto físico de Abderramán III, ya que era principalmente hispano, por su herencia vascona, y solo en una cuarta parte árabe. Varias de sus concubinas fueron vasconas, incluyendo la madre de su sucesor. Por su parte, Alhakén II, rubio, tirando a pelirrojo, con grandes ojos negros, tuvo con Subh a su futuro heredero, Hisham II. Subh, conocida en las fuentes cristianas como “Aurora”, fue una mujer bellísima que se convirtió en un personaje muy destacado de la corte califal. Cuentan que, al haberse formado en el corazón de al-Ándalus, igual podía cantar baladas que departir sobre jurisprudencia y tradiciones con los sabios cordobeses. De grandísima inteligencia, y sabedora del poder cautivador de su físico, una vez fallecido el califa, dicen los textos que se convirtió durante unos años en la amante del nuevo hombre fuerte del Califato, Almanzor.
¿Qué tenían las mujeres del norte de España para encandilar a los máximos dignatarios de al-Ándalus? La belleza y la candidez de la que nos hablan las fuentes sobre estas vasconas las convirtió en las preferidas para ser las esposas y madres de los más influyentes hombres de la Alta Edad Media Española, esos Omeyas que apenas tenían sangre árabe, y estaban más emparentados con los reyes cristianos del norte peninsular que con otras dinastías islámicas.

El Megaloceros

 El Megaloceros (del griego "gran cuerno"), conocido popularmente como alce irlandés, es un género extinto de ciervo gigante que vivió en Eurasia desde hace aproximadamente 400,000 años hasta su desaparición final en Siberia hace unos 7,700 años.


A pesar de su nombre común, no era un alce; sus parientes vivos más cercanos son los gamos (género Dama). 


Los machos poseían las astas más grandes de cualquier cérvido conocido, alcanzando hasta 3.6 a 4.2 metros de punta a punta y un peso de unos 40 kg.


Medía unos 2.1 metros de altura hasta la cruz (los hombros) y pesaba entre 450 y 700 kg, similar a un alce de Alaska actual.


Tenía vértebras cervicales y de los hombros muy robustas para soportar el peso de su cornamenta, lo que le daba una apariencia de joroba.


Prefería praderas y bosques abiertos (estepas boscosas); sus enormes astas le impedían desplazarse por bosques densos.


Pinturas en cuevas sugieren un pelaje pardo claro con una línea oscura en el lomo, manchas en los costados y un "collar" oscuro en el cuello. 


Al final de la última glaciación, el aumento de temperaturas favoreció la expansión de bosques densos, reduciendo su hábitat de espacios abiertos.


La formación anual de sus enormes astas requería grandes cantidades de calcio y fosfato. Los cambios en la flora dificultaron la obtención de estos nutrientes, provocando debilidad y osteoporosis en los machos.


Aunque hay poca evidencia de caza directa masiva, la expansión de asentamientos neolíticos y la alteración del paisaje contribuyeron a su declive final.