jueves, 2 de octubre de 2025

Pérez Casanova, Sofía Guadalupe. Sofía Casanova. Culleredo (La Coruña)

 

Sofía Guadalupe Pérez Casanova

Hija natural de Rosa Casanova Estomper, natural de Nueva Orleans, y de Vicente Pérez Eguía, natural de San Martín de Valongo (Orense), que contrajeron matrimonio dos años después del nacimiento de Sofía.

El padre abandonó a su familia tras el nacimiento del tercer hijo y pasaron a vivir con los abuelos maternos.

Sofía estudió los primeros años en una escuela privada de La Coruña, hasta que decidieron marchar a Madrid en 1874, cuando ella tenía trece años. Tras el fallecimiento del abuelo, fueron protegidos por el conde de Andino, Patricio Aguirre de Tejada, y José Pla, ferrolano, quien la presentó al marqués de Valmar, que la introdujo en Palacio en su condición de joven poeta. A partir de entonces, frecuentó las casas de Leopoldo Augusto del Cueto, Concepción Jimeno, Blanca de los Ríos, etc.

Conoció a Vicente Lutolawski, filósofo polaco que había llegado a España para recoger datos para un libro sobre el pesimismo en Europa, en casa de Campoamor, y contrajeron matrimonio en 1887: “Quedé ipso facto súbdita del Zar de todas las Rusias”. Marchó a Varsovia, y residió en el señorío de Drozdowo, propiedad de la familia, donde le sorprendió la Gran Guerra, después de haber pasado unos años en Rusia acompañando a su marido, profesor de universidad.

Vino varias veces a España y en Madrid tuvo una tertulia a la que acudían, entre otros, Segismundo Moret, Ramón y Cajal, Benavente, Pardo Bazán, etc., y creó el Comité Femenino de Higiene Popular, cuya presidencia ostentó hasta su marcha, con la misión de enseñar a las madres de clase modesta a cuidar a sus hijos.

Cuando ya su fama como poeta y novelista era grande, Benito Pérez Galdós, director del Teatro Español en 1913, le estrenó su única pieza teatral: La madeja, comedia que obtuvo gran éxito en su única representación.

Entre las dos guerras, en una de sus estancias españolas, nació su hija Hala, mientras que sus hermanas lo hicieron en Berlín y Moscú respectivamente.

Llevaba veinte años viviendo entre España y Polonia, criando a sus tres hijas, “enfermera de un marido enfermo”, que la abandonó, y cultivando la literatura cuando estalló la Gran Guerra. De Drozdowo pasó a Varsovia y trabajó en un hospital durante un año, envió crónicas para el ABC sobre las costumbres y cultura polaca hasta 1914, cuando asumió la corresponsalía de guerra. Sus observaciones, resultado de un conocimiento directo del país, tienen el valor de relatar la historia de forma distinta a la de sus colegas masculinos. Arrastrada por la retirada de los rusos, marchó a Moscú y luego a San Petersburgo, donde permaneció tres años. Su experiencia quedó reflejada en sus obras De la guerra, En la corte de los zares, La revolución rusa de 1917 y La revolución bolchevique.

Entre 1923 y 1938, visitó España varias veces, en una situación precaria, y recibió numerosos homenajes en su tierra natal y en Madrid. Se le concedió la Gran Cruz de Alfonso XII, y Antonio Maura, en nombre de la Real Academia Española, la propuso para el Premio Nobel de Literatura.

En 1939 Polonia fue ocupada por los nazis, de los que la protegió un salvoconducto obtenido gracias a la mediación del general Franco, pero de nuevo en 1944 la contraofensiva soviética la dejó en la ruina e incomunicada. Su hija Bela huyó en 1950 al Canadá junto a su marido, el general Wolikowski y, a partir de entonces, las noticias llegaron a través de la línea España-Canada-Polonia gracias a sus contactos diplomáticos. Hasta sus últimos días, Sofía Casanova permaneció atenta a la carrera literaria de sus amigas: Concha Espina, Emilia Pardo Bazán y, muy especialmente, Blanca de los Ríos.

Al constituirse la Real Academia Gallega, se la designó miembro correspondiente y el 16 de abril de 1952 se la nombró académico de honor. Cultivó todos los géneros literarios, desde la poesía, en la que se inició como escritora, a la novela, los libros de viajes, la literatura epistolar y la corresponsalía de guerra, sin olvidar el teatro. Su obra es el testimonio directo de una superviviente de cuatro guerras. A su conocimiento de los idiomas —portugués, francés, italiano, inglés, polaco y ruso—, se unió una amplia cultura. Tradujo al castellano las obras de Sofía Kowalewska y Sienkiewicz, mientras que las suyas fueron traducidas al polaco por Lange, al sueco por Gioran Biorkman, al francés por Gaston Paris y al italiano por Hugo Della Seta.

Escribió hasta el último momento, ciega, “con el brazo en el aire y la mano en un cartoncito, apoyada en la izquierda”. Publicó en colecciones como “La novela semanal” o “La novela corta” y colaboró, entre otras, en las revistas: Flores y Perlas (1883), La Gran Vía (1895), El Álbum Ibero-Americano (1896, 1897, 1902), Revista Gallega (1899, 1900), España Artística (1899-1900); y los diarios: El Liberal (1907-1913), La Tribuna (1911-12) ABC (1915-1936, 1940, 1944) y El Imparcial (1884, 1890, 1911).

corín tellado, la reina de la novela romántica

 


corín tellado, la reina de la novela romántica

Sus historias románticas atraparon a centenares de millones de lectores y la convirtieron en la escritora española más leída después de Cervantes y en un fenómeno sociológico.

María del Socorro Tellado López, más conocida como Corín Tellado, está sentada delante de su máquina de escribir. Aún no ha salido el sol y la escritora sostiene su sempiterna cajetilla de tabaco en la mano en espera de una inspiración que seguro no tardará en llegar...La autora asturiana, que ostenta el privilegio de ser la escritora mas leída en lengua española, escribió alrededor de cinco mil libros, calificados por la crítica como literatura menor. Conocida sobre todo por ser la autora más famosa del género romántico, Corín Tellado también cultivó otros géneros como los cuentos infantiles y juveniles, e incluso las novelas eróticas.

ESCRITORA PRECOZ

Nacida el 25 de abril de 1927 en el pueblo de Viavélez, en el concejo asturiano de El Franco, Corín Tellado fue hija de una ama de casa y de un maquinista de la marina mercante. La que estaba llamada a convertirse en una escritora de éxito fue bautizada como María del Socorro, aunque desde muy pequeña sus hermanos la llamaban cariñosamente Socorrín, un apodo que se acabaría convirtiendo en el nombre por el que todo el mundo la recuerda: Corín. Al finalizar la Guerra Civil, su padre fue ascendido a primer oficial y la familia tuvo que mudarse a Bilbao y desde allí a Cádiz, donde la joven Corín finalizó sus estudios y pasó una feliz adolescencia. A pesar de que ella misma se definía como una niña muy tímida, una compañera suya, Ana María Morgado, en cambio la recuerda como una joven "muy lanzada", que no dudaba en montar en bicicleta y en fumar pitillos a escondidas.

Tras la muerte de su padre en 1945, Corín dio un paso adelante y con tan solo dieciséis años escribió su primera novela de corte romántico a la que tituló Atrevida propuesta, que sería publicada un año después por la editorial Bruguera. La novela tuvo una gran aceptación por parte del público y la editorial pagó a la joven tres mil pesetas en dos plazos, una cantidad considerable para la época. Además le propuso una colaboración fija por la que debería entregar una novela por semana. Pero la segunda novela de Corín no tuvo el mismo éxito que la primera, y la joven estuvo a punto de entrar a trabajar en una zapatería para ganarse la vida, aunque al final no lo hizo puesto que pudo vender alguna novela más. Por aquel entonces, la editorial gallega Cies también publicó algunas de sus novelas, y en 1947 Bruguera acabó incluyéndola en la nómina de la editorial.

UNA FELIZ SOLEDAD

Corín demostró desde muy pronto ser una escritora prolífica y muy dedicada. Se ponía a escribir antes de que saliera el sol y en poco más de dos días podía tener acabada una novela. Aunque empezó a estudiar Psicología, al final Corín prefirió seguir con lo que realmente le apasionaba: la literatura romántica. Sus novelas cortas, de poco más de cien páginas, eran recibidas con enorme entusiasmo por los lectores, hasta el punto de que muchas de ellas tuvieron que reeditarse debido al gran éxito obtenido. En 1951, Corín Tellado se trasladó a vivir definitivamente a Gijón, donde firmó un contrato con la revista femenina Vanidades (que tenía gran difusión en Hispanoamérica), con la que colaboraría durante más de cincuenta años. Corín entregaba a la publicación dos novelas cortas e inéditas al mes, con lo que la tirada de la revista aumentó de dieciséis mil ejemplares al mes a casi setenta mil. El corrector de Vanidades, por aquel entonces Guillermo Cabrera Infante, dijo de Corín que su influencia resultó decisiva en su posterior carrera como escritor.

Según la propia Corín, "harta de pagar las bodas de sus familiares", se casó en 1959 con Domingo Egusquizaga Sangroniz con quien tuvo dos hijos, Begoña y Domingo, y del que se acabaría separando en 1962. A pesar de haberse convertido en la reina de las novelas románticas, Corín nunca más volvió a enamorarse (como declararía una vez a un medio digital, una vez sus hijos fueron mayores, ella prefirió la soledad). Ese mismo año, 1962, Corín Tellado fue declarada por la Unesco la autora en lengua española más leída después de Cervantes. Al parecer, todo iba sobre ruedas en la carrera de Corín. En 1964 firmó un contrato de exclusividad con Bruguera, pero la propia autora decidió rescindirlo poco después tras algunas desavenencias con la editorial. Corín comprobó que sus obras se reeditaban con otro título y sin consultarle: "Esta avalancha de viejas novelas publicadas como si fueran nuevas, cambiándoles el título, me desacreditaba. Algunas lectoras me escribían llamándome estafadora", declaró la escritora.

CINE Y RADIO

La obra de Corín Tellado alcanzó tal fama que alguna de sus novelas incluso fue adaptada al cine. En 1970 se estrenó la película dirigida por Antonio del Amo inspirada en su novela Tengo que abandonarte. Pero no todo fueron buenas noticias para la exitosa autora. Pocos años después, en 1973, Bruguera ganó un pleito que mantenía con Corín y esta se vio obligada a pagar una altísima indemnización y a trabajar en exclusividad para la editorial hasta 1986, momento en el que Bruguera quebró y Corín pudo recuperar los derechos de sus obras. Pero no solo fue el cine; también el mundo de las ondas quería a Corín. En 1977, la autora estrenó el serial radiofónico Lorena, historia de una chica de alterne, que se vio sometido a la censura de la época debido a sus constantes alusiones políticas. A pesar del éxito alcanzado con la literatura romántica, Corín también decidió explorar otros géneros. Entre los años 1978 y 1979, y bajo el seudónimo de Ada Miller, Corín publicaría una veintena de novelas de bolsillo de temática erótica que incluyó en la colección Especial Venus. La autora también publicó una colección de relatos juveniles, entre los que destacan Cuando llega Pizca, El circo del corazón o La rebeldía de Boris, para las editoriales Júcar y Cantábrico. Y en 1981 se hicieron fotonovelas de algunas de sus obras.

Con el paso de los años, el estado de salud de Corín Tellado se volvió cada vez más precario. Al final tuvo que someterse a un tratamiento de diálisis peritoneal, lo que no le impidió seguir publicando (aunque fuera dictando a su nuera)algunas obras más. En el año 2000, y gracias a las nuevas tecnologías, publicó su primera novela por internet titulada Milagro en el camino. En 2008, Corín se adhirió a la campaña Doi la cara pola oficialidá, en favor del reconocimiento del asturiano o bable como lengua cooficial del Principado. El 11 de abril de 2009, después de sufrir un infarto cerebral, Corín Tellado moría a los ochenta y un años en su casa de Gijón. Tras de sí dejó cinco mil títulos publicados y tres novelas inéditas. Al final, fue la propia Corín Tellado quien resumió perfectamente lo que pensaba de su vida. Preguntada una vez en qué le gustaría reencarnarse si esto fuera posible, contestó lo siguiente: "¿En que me reencarnaría? Yo no lo pasé muy mal con Corín Tellado. Creo que me volvería a reencarnar en mí misma".

Cuáles eran las costumbres de los nativos de las planicies

 Cuáles eran las costumbres de los nativos de las planicies


La denominación "nativos de las planicies" agrupa a varias tribus o naciones de nativos nativos norteamericanos, como los sioux, los cheyenne y los comanches, que hacían de las grandes planicies de América del Norte su hogar. Aunque algunos de estos nativos eran agricultores, muchos eran cazadores nómadas. Sus culturas estaban separadas, pero sus estilos de vida tenían ciertas costumbres similares.
Caza del bisonte
La vida de los nativos nómades se centraba en la caza del bisonte, un miembro de la familia del ganado que alguna vez se paseó por las grandes planicies formando grupos de millones. Los indios usaban todas las partes de los bisontes para su alimentación, vestimenta y materiales crudos. Las cosas que hacían incluían calzado, tiendas, sogas, armas, herramientas y utensilios. A finales del siglo XIX debido a que los colonos blancos solo cazaban a los bisontes con propósitos comerciales, los llevaron casi a la extinción, lo que ayudó a terminar con la forma de vida de los nativos.
Los bisontes eran uno de los recursos más importantes de los nativos de las planicies...
Cultura del caballo,
Los caballos que se originaron en América del Norte se murieron hace más de 10.000 años. Los exploradores españoles los reintrodujeron en el siglo XVI y XVII, convirtiéndose así en una parte muy importante de la cultura nativa americana, tanto es así que algunas tribus los llamaban los "perros sagrados". Cuando una tribu se mudaba a otro lugar, transportaban sus pertenencias en un dispositivo que consistía en dos palos llamados travois. Uno de los extremos del travois tenía piezas cruzadas o tiras que sostenían la carga. El otro extremo se ataba a un animal que arrastraba la carga por el suelo. Antes del caballo, lo ataban a un perro. Cuando llegó el caballo los empezaron a usar en lugar de los perros y se dieron cuenta de que podían llevar cargas más grandes y pesadas. Antes del caballo cazaban al bisonte a pie, acosándolo o haciéndolo caer de un acantilado. Los cazadores montados podían cabalgar y dispararle a varios bisontes antes de que la manada huyera.
Guerra""
La guerra era una parte integral de muchas de las culturas de los indios de las planicies. Peleaban para controlar los campos de caza, aumentar su población con cautivos y para robar caballos. La guerra también tenía un aspecto ritual. Los guerreros ganaban prestigio por robar un gran número de caballos o tocar al enemigo con un bastón ceremonial. Quitarle el cuero cabelludo a los enemigos era una práctica común. De acuerdo con el historiador R.G. Grant, al hacerlo evitaban que el enemigo volviera de después de la vida y se vengara. Algunas tribus, como los comanches y los cheyenne, se convirtieron en guerreros tan buenos que sacaron de las planicies a los apaches, los wichita y los tonkawa.
Vestimenta
La vestimenta de los Nativos de las planicies difería de tribu en tribu. En muchas de ellas los hombres se envolvían en un largo rectángulo de tela o de cuero llamado tela de breech, entre sus piernas. Esto se complementaba con unas botas de cuero para el tiempo frío. La mayoría de estos indios no usaban camisas. Sin embargo, a veces, los guerreros usaban pieles de ciervos decoradas finamente como camisas de guerra en las que se mostraban cuentas, trabajos bordados, colas de armiños y pelo.
Las mujeres usaban botas de cuero de ciervo y faldas, aunque los estilos variaban de tribu en tribu. En algunas tribus usaban túnicas o mantos, y en otras camisas que parecían chaquetas. En algunas tribus, como la cheyenne, las mujeres usaban vestidos de una pieza de cuero de ciervo.
El calzado de los Nativosde las planicies incluía los mocasines o las botas blandas que se asemejaban a las botas esquimales. El equipo para el tiempo frío incluía mantas y abrigos pesados que parecían parkas. Luego del arribo de los colonos europeos, algunos nativos adoptaron algunos elementos de la moda europea, excelente tarde que el gran espíritu Wakan tanka los guíe ahooo
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El 2 de octubre de 1470 nació la infanta Isabel, en la localidad palentina de Dueñas

 


El 2 de octubre de 1470 nació la infanta Isabel, en la localidad palentina de Dueñas, donde sus padres, los futuros Reyes Católicos, se habían refugiado en el Palacio de los condes de Buendía tras casarse en Valladolid en 1469 en contra de los deseos del rey Enrique IV. Era la hija mayor de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, princesa de Asturias en dos ocasiones, infanta de Castilla y Aragón y posteriormente reina consorte de Portugal en dos ocasiones distintas.

En 1474 moriría su tío materno, el rey Enrique IV de Castilla. Dos días después, su madre, Isabel la Católica, se autoproclama reina en la ciudad de Segovia. En febrero de 1475 se convocan las Cortes con el objetivo de que se le jurara fidelidad a la infanta como princesa de Asturias, título que le correspondía como primogénita y heredera de los reyes de Castilla siempre y cuando estos no tuvieran descendencia masculina. Sin embargo, todo cambia en 1478, cuando su madre da a luz a su hermano, el príncipe Juan. Al ser varón, su hermano la desplazó en la línea sucesoria, no obstante, Isabel conservó el título de princesa de Asturias hasta el juramento de su hermano como príncipe de Asturias en 1480.
Aunque los reyes ansiaban un varón, la princesa Isabel siempre contó con la predilección de su madre por ser la mayor y por parecérsele en carácter, gustos y actividades. En cuanto a la relación con su padre, Isabel también fue siempre su favorita ya que la princesa tenía una gran inteligencia y ayudaba constantemente a sus padres a idear estrategias tanto en asuntos de Estado como en cuestiones bélicas. Además, físicamente se parecía a su abuela, Juana Enríquez, por lo que además de inteligencia y fuerza, la princesa contaba con una gran belleza. Una vez asegurada la sucesión de los reinos hispanos con el hijo varón, los Reyes Católicos deciden concertar uniones matrimoniales para sus hijas.
Se establece así el matrimonio de Isabel con Alfonso, príncipe heredero de Portugal y único hijo superviviente del rey Juan II, a través de una de las cláusulas del Tratado de Alcáçovas. La reina lo eligió desoyendo las proposiciones de los reyes de Nápoles y Francia. Quería recompensar a Isabel pues, según testimonios coetáneos, la joven princesa nunca entendió por qué, siendo la primogénita y pudiendo reinar en Castilla una mujer, no siguió siendo heredera después del nacimiento del príncipe Juan. Isabel se traslada a Portugal, con la incertidumbre sobre cómo sería su futuro en su nuevo país. La princesa no deseaba en absoluto este enlace y, por ello, su madre quiso despedirse de ella con un fuerte repique de campanas para celebrar el enlace. La boda se celebra en la ciudad de Estremoz en 1490. En el momento del enlace, Isabel contaba con veinte años recién cumplidos, mientras que el infante Alfonso tenía apenas 15. A pesar de esta diferencia de edad, desde el primer instante que se conocieron se enamoraron; así, lo que en un comienzo fue un matrimonio político terminó siendo una unión por amor.
La unión de Isabel y Alfonso fue feliz pero duró poco. En 1491, el joven infante fallece a causa de una caída de caballo. Sin hijos y devastada por el dolor, Isabel se instala en Sevilla, desde donde ayudará a sus padres en asuntos del reino.
Para demostrar el dolor que sentía por la muerte de su esposo, Isabel cortó su cabello, empezó a vestirse con una túnica arpillera y a cubrirse con un espeso velo. Vivió silenciosamente, sumida en la oración. Adoptó el hábito de las hermanas clarisas y solicitó el permiso de sus padres para convertirse en monja, lo que fue negado.
Isabel y Fernando deseaban casarla con el nuevo heredero al trono de Portugal, Manuel, que había conocido a la princesa Isabel en su breve estancia en Portugal y se sentía atraído por ella. La princesa viuda no deseaba esta unión. Hubiera preferido dedicarse a la oración y tomar los hábitos, pero no pudo resistir la presión de sus padres. En 1496, accede a casarse con Manuel I de Portugal, que ya era rey. Para acceder, impone la condición de que los judíos deben ser expulsados de Portugal. En primera instancia, el rey Manuel vaciló porque admiraba a los judíos por sus conocimientos y por los servicios financieros que aportaban a la Corona, pero luego accedió. En 1497, los reyes y la princesa Isabel partieron de Medina del Campo hacia la ciudad fronteriza de Valencia de Alcántara para celebrar la boda. Poco después, Isabel entra en Portugal como reina consorte junto a su nuevo marido.
El 4 de octubre de 1497, murió su hermano Juan, príncipe de Asturias, convirtiendo a Isabel en heredera al trono de Castilla una vez más. Isabel y Manuel son convocados por los Reyes Católicos. Los reyes de Portugal llegan al Monasterio de Guadalupe en abril de 1498, siendo recibidos afectuosamente por el pueblo.
Sin embargo, desde su llegada, Isabel y Fernando se dieron cuenta de que la actitud de su hija no había cambiado. La reina de Portugal seguía tan sombría y ansiosa como lo había estado desde que había enviudado, es decir, que su segundo matrimonio no la había animado o afectado positivamente. Al momento de su regreso a Castilla, se encontraba embarazada de cinco meses. El 23 de agosto da a luz a un niño, que se llamó Miguel de la Paz. Una hora después del nacimiento de su hijo, Isabel murió. El bebé moriría antes de cumplir los dos años. Actualmente, se encuentra enterrada en el convento de Santa Isabel de los Reyes en Toledo.
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