martes, 30 de diciembre de 2025

Idea rechazada

 A mediados del siglo XIX, los hospitales europeos eran lugares peligrosos. En muchas salas de maternidad, dar a luz significaba enfrentarse a una alta probabilidad de muerte. Miles de mujeres fallecían pocos días después del parto a causa de una infección conocida como fiebre puerperal, y nadie lograba explicar con certeza por qué ocurría.



En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis observó algo que otros habían pasado por alto. En el Hospital General de Viena, la mortalidad era mucho mayor en las salas atendidas por médicos que en aquellas atendidas por parteras. La diferencia no estaba en las pacientes, sino en quienes las trataban.


Semmelweis llegó a una conclusión incómoda: los médicos, que realizaban autopsias antes de atender partos, transmitían infecciones al no lavarse las manos. Ordenó entonces un lavado obligatorio con una solución desinfectante. El resultado fue inmediato y contundente: las muertes cayeron drásticamente.


Sin embargo, su idea fue rechazada. Fue ridiculizado por sus colegas, apartado del ámbito médico y desacreditado. Murió sin ver reconocido su trabajo.


Años después, la ciencia confirmó lo que él ya sabía. Hoy, el simple acto de lavarse las manos es una de las prácticas más importantes de la medicina moderna, y ha salvado millones de vidas en todo el mundo.

Pompeya

 En el año 79 d.C., Pompeya era una ciudad romana próspera y llena de vida. Sus calles estaban cubiertas de mosaicos, las casas decoradas con frescos y los mercados rebosaban actividad. Para sus habitantes, el monte Vesubio formaba parte del paisaje cotidiano. Nadie lo consideraba una amenaza real.



Todo cambió en cuestión de horas. El volcán entró en erupción y una enorme columna de ceniza, gases y rocas comenzó a cubrir el cielo. Al principio, muchos no comprendieron lo que estaba ocurriendo. Algunos intentaron continuar con su rutina; otros buscaron refugio en sus hogares o intentaron huir de la ciudad.


La caída constante de ceniza oscureció el día como si fuera de noche. Más tarde llegaron las oleadas de gases ardientes que hicieron imposible escapar. Pompeya quedó sepultada bajo metros de material volcánico, y miles de personas murieron sin saber que estaban viviendo uno de los momentos más estudiados de la historia.


Durante siglos, la ciudad permaneció oculta y olvidada. No fue hasta el siglo XVIII cuando fue redescubierta por completo. Bajo la ceniza, quedaron preservadas calles, objetos y escenas de la vida diaria.


Pompeya no es solo una ciudad en ruinas. Es una ventana única al pasado, un lugar donde el tiempo quedó detenido para siempre en un solo día.

Ignacio López Rayón: el hombre que sostuvo la Independencia cuando todo parecía perdido

 Ignacio López Rayón: el hombre que sostuvo la Independencia cuando todo parecía perdido



Cuando el eco de los fusilamientos de Hidalgo, Allende y Aldama aún estremecía a la Nueva España, muchos creyeron que la Independencia había muerto. El miedo se extendía, las tropas insurgentes se dispersaban y la esperanza parecía enterrada junto a sus líderes.

Pero Ignacio López Rayón no huyó.

Con la derrota pesando sobre sus hombros, decidió hacer lo más difícil: mantener viva la causa cuando ya no quedaba gloria, solo peligro. No era un caudillo de gritos ni un héroe de caballería; era un hombre de ideas firmes, convencido de que una nación no se construye solo con sangre, sino con leyes.

En Zitácuaro levantó algo más poderoso que un ejército: un gobierno insurgente. La Suprema Junta Nacional Americana fue su respuesta al caos, un acto de rebeldía intelectual frente al imperio. Allí, mientras los realistas avanzaban y la muerte rondaba, Rayón escribió palabras que soñaban futuro: los Elementos Constitucionales, semillas del México libre.

No buscó fama. No tuvo estatuas en vida. Terminó olvidado por muchos, pero sin él, la Independencia quizá se habría apagado en 1811.

Ignacio López Rayón no encendió el primer grito…

pero fue quien evitó que se extinguiera.

BARTOLOMÉ MITRE: EL GENERAL SIN BATALLAS GANADAS

 BARTOLOMÉ MITRE: EL GENERAL SIN BATALLAS GANADAS



Por Revisionismo Historico Argentino 


Como dijo José María Rosa:


“Mitre fue vencedor en los libros y en la política, pero no en los campos de batalla.”


UN GENERAL CONSTRUIDO POR LA POLÍTICA, NO POR LA GUERRA


Bartolomé Mitre llegó al grado de general no por una trayectoria de victorias militares, sino por su habilidad política, su manejo de la palabra escrita y su inserción en los círculos de poder porteños. En una época en la que el ascenso militar solía fundarse en campañas, sacrificios y triunfos en el campo de batalla, Mitre fue una excepción: acumuló derrotas, retrocesos y retiradas, pero jamás perdió influencia. Su carrera militar fue el reflejo de un fenómeno recurrente en la historia argentina del siglo XIX: generales fabricados por la política, no por la guerra.


SIERRA CHICA: EL PRIMER DESASTRE


En 1855, como ministro de Guerra de la Provincia de Buenos Aires, Mitre organizó una campaña contra grupos indígenas en Sierra Chica. Contaba con tropas bien armadas, artillería y logística superior. En la partida prometió responder “hasta de la última cola de vaca” que pudieran llevarse los indios. El resultado fue exactamente el inverso: sus fuerzas fueron derrotadas por un enemigo numéricamente inferior y pobremente armado, perdiendo armas, caballos, provisiones y prestigio. Fue una derrota humillante que marcó el inicio de una constante: Mitre fracasaba incluso cuando tenía todas las ventajas materiales.


CEPEDA: LA DERROTA CLARA


En la batalla de Cepeda de 1859, Mitre enfrentó a las tropas de la Confederación Argentina comandadas por Justo José de Urquiza. El resultado fue inequívoco: una sola división de caballería federal desarticuló al ejército porteño. Mitre no reorganizó sus fuerzas ni intentó una resistencia ordenada; huyó sin descanso hacia Buenos Aires. La derrota fue tan evidente que obligó a Buenos Aires a aceptar la reincorporación a la Confederación. Militarmente, Cepeda mostró a un jefe incapaz de conducir un ejército en una batalla convencional.


PAVÓN: EL TRIUNFO SIN COMBATIR


En Pavón, en 1861, Mitre no ganó una batalla: ganó una situación política. El enfrentamiento fue indeciso y, convencido de su derrota, Mitre se retiró del campo. Fue Urquiza quien, por razones políticas ajenas al combate, abandonó la lucha y dejó el camino libre a Buenos Aires. Mitre transformó ese abandono en una supuesta victoria militar, cuando en realidad se trató de una maniobra política que nada tuvo que ver con su capacidad como estratega. Pavón consolidó su poder, pero no redimió su ineptitud militar.


LA GUERRA DEL PARAGUAY: FANFARRONADA Y FRACASO


Como comandante de las fuerzas aliadas en la Guerra de la Triple Alianza, Mitre mostró su peor faceta. Su célebre proclama prometiendo llegar a Asunción en tres meses quedó como una de las fanfarronadas más irresponsables de la historia militar sudamericana. La guerra duró cinco años, fue sangrienta y devastadora, y Mitre jamás pisó la capital paraguaya.


Curupaytí fue el punto más alto de su incapacidad: con fuerzas muy superiores, lanzó ataques frontales mal planificados contra posiciones fortificadas. El resultado fue una masacre. Miles de soldados aliados murieron inútilmente, mientras el ejército paraguayo resistía con pérdidas mínimas. Mitre perdió hombres, material y autoridad. Las derrotas continuaron, y su conducción fue tan deficiente que los propios aliados brasileños cuestionaron abiertamente su mando.


En Tuyucué, una fuerza paraguaya muy inferior volvió a derrotarlo, capturando armas, provisiones, correspondencia y el parque entero del ejército. Mitre volvió a huir. La reiteración de derrotas terminó por hacerlo insostenible: nadie quiso obedecerlo y fue apartado del mando.


1874: LA ÚLTIMA HUMILLACIÓN


Derrotado en las elecciones presidenciales de 1874, Mitre recurrió a las armas una vez más. El resultado fue patético. En el combate de La Verde, fue vencido por fuerzas menores al mando de un capitán subalterno. El general famoso, el “prócer”, se rindió sin gloria. Fue el final definitivo de su carrera militar.


UN GENERAL SIN MÉRITOS


Mitre nunca ganó una batalla decisiva. Nunca demostró genio estratégico. Nunca se destacó por el coraje personal ni por la conducción eficaz de tropas. Sus ascensos fueron políticos, sus triunfos fueron relatos, y sus derrotas, reales. Supo escribir la historia, pero no supo hacerla con las armas. Como militar, fue un fracaso sostenido; como general, una construcción artificial; como jefe de guerra, una tragedia para los soldados que lo siguieron.


Ese fue el Mitre militar: un general sin merecimientos, elevado por la política, sostenido por el relato y desmentido una y otra vez por el campo de batalla.


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FUENTES


Rosa, José María. Historia Argentina. 


Rosa, José María. La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas. Buenos Aires, Editorial Oriente, 1965.


Chávez, Fermín. Civilización y barbarie. 


Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán.


Scenna, Miguel Ángel. La guerra del Paraguay. 


Halperín Donghi, Tulio. Una nación para el desierto argentino. 


Gálvez, Manuel. Vida de Don Juan Manuel de Rosas.

Emilia Pardo Bazan

 Emilia Pardo Bazán nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña. Hija de Doña Amalia de la Rúa, de quien heredó el carácter abierto e independiente y de Don José Pardo Bazán, político liberal que le legó su gran afición por la lectura y los estudios. Poco después del nacimiento de Emilia la familia se mudó a una casa en un barrio aristocrático y tranquilo en la Calle de las Tabernas.

A los nueve años Emilia Pardo Bazán comenzó a demostrar interés en la escritura, durante los inviernos asistía a un colegio francés protegido por la Real Casa, donde fue introducida a la obra literaria de La Fontaine y Racine y ya de adolescente publicó algunos versos en el Almanaque de Soto Freire.
Se casó a los diecisiete años con Don José Quiroga. Cuando el padre de Emilia fue nombrado Diputado de Cortes toda la familia se trasladó a Madrid, incluso el joven matrimonio. En Madrid tuvieron contacto con la vida cultural de la capital. Tras la entrada de Amadeo de Saboya y la guerra carlista, toda la familia se marchó a Francia. Viajaron por Europa donde Emilia aprendió inglés y alemán y le permitió descubrir la literatura francesa que dejaría un gran impacto en ella.
Con sólo veinticinco años derrotó, en un certamen de ensayo, a Concepción Arenal, con una obra sobre el Teatro del Padre Feijoo. Este mismo año dio a luz a su primer hijo, a quien le dedicó su único libro de poemas. Escribió su primera novela, Pascual López, el año en que nació su segundo hijo. Una dolencia hepática en 1880 obligó a la escritora a pasar algún tiempo en Vichy. Durante este período descubrió el naturalismo de Zola, conoció personalmente a Hugo , y empezó a interesarse por esta nueva tendencia literaria. En el periódico madrileño La época publicó Un viaje de novios que era un relato novelesco de sus propias memorias del viaje a Vichy. Su última hija, Carmen, nació en 1881.
Los artículos publicados con anterioridad que fueron compilados en el libro La cuestión palpitante, que tenían como fin tratar el movimiento del naturalismo de forma directa pero profunda, tuvo un gran impacto social, y el escándalo originado llevó a su marido a pedirle que cesara de escribir, lo que provoco la ruptura deñ matrimonio en 1884. En 1886 conoció a Zola y en ese viaje a Francia descubrió la moderna novela rusa. Esas lecturas la impulsaron a presentar en el Ateneo de Madrid un trabajo sobre La revolución y la novela en Rusia, en 1887.
Continuó escribiendo y revitalizando la vida cultural del país de manera terca e incansable, a pesar de las dificultades. En 1890 murió su padre y aprovechó la herencia para crear una revista escrita por ella sola, El Nuevo Teatro Crítico. Asistió al Congreso Pedagógico en donde denunció la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer. Propuso a Concepción Arenal a la Academia Real de la Lengua, pero fue rechazada. La Academia tampoco aceptaría a Gertrudis Gómez Avellaneda, ni a ella a pesar de que actualmente se considera a Pardo Bazán el máximo exponente del realismo junto con Clarín y Galdós. Con este último mantuvo la escritora una relación conocida.
En 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literatura en la Universidad Central de Madrid, aunque solo asistió un estudiante a clase. Cuando murió, el 12 de mayo de 1921, había conseguido el título de Catedrática de Literaturas Neolatinas.
Emilia Pardo Bazán fue una gran escritora pero además fue una intelectual y luchadora infatigable no solo por el acceso a la cultura de las mujeres sino por su reconocimiento social, y lo hizo con la enorme fuerza personal que tenía, luchando sin tregua y de frente y sin victimismo, con el orgullo de quien simplemente reclama lo que es suyo por propio derecho, para ello se convirtió en la primera periodista española, labor que ejerció ininterrumpidamente desde 1876 hasta su muerte y que dio como fruto la mencionada obra fundamental La cuestión palpitante y el que probablemente sea el libro más importante y menos conocido del feminismo español: La España Moderna en La Mujer Española.


BIBLIOGRAFÍA

Narrativa

Pascual López (1879)
Un viaje de novios (1881)
La tribuna (1882)
El Cisne de Vilamorta (1885)
La dama joven (1885)
Los pazos de Ulloa (1886-1887)
La madre naturaleza (1887)
Una cristiana (1890)
La prueba (1890)
La piedra angular (1891)
La quimera (1905)
Dulce sueño (1911)
De mi tierra (1888)
Cuentos escogidos (1891)
Cuentos de Marineda (1892)
El tesoro de Gastón (1897)
Cuentos sacroprofanos (1899)

Ensayo y crítica

Estudio crítico de las obras del padre Feijoo (1876)
Los poetas épicos cristianos (1895)
La cuestión palpitante (1883)
La revolución y la novela en Rusia (1887)
Nuevo Teatro Crítico (1891-1892)
Polémicas y estudios literarios (1892)
Lecciones de literatura (1906)
La literatura francesa moderna (1910)
La cocina española antigua (1913)
Porvenir de la literatura después de la guerra (1917)

Libros de viajes

Al pie de la torre Eiffel (1889)
Por Francia y por Alemania (1889)
Por la España pintoresca (1895)
Por la Europa católica (1905)

Biografías

San Francisco de Asís (1882)
Hernán Cortés (1914)

Lírica

Jaime (1876)




Zimbabue


 Zimbabue es una nación rica en contrastes, donde las estruendosas caídas de agua se encuentran con sabanas infinitas y restos de antiguas civilizaciones de piedra. Es un país conocido por la hospitalidad de su gente y por albergar una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo. 🇿🇼🌊


📍 Datos generales de Zimbabue

🇿🇼 País: República de Zimbabue

🌍 Ubicación: Sudeste de África, sin salida al mar (limita con Sudáfrica, Botsuana, Zambia y Mozambique).

👥 Población: \sim16.6 millones de habitantes.

💶 Moneda: Dólar de Zimbabue (ZWL) / Oro de Zimbabue (ZiG); también se usan ampliamente monedas extranjeras como el dólar estadounidense.

🌤️ Clima: Tropical moderado por la altitud; tiene una estación seca (abril a octubre) y una lluviosa (noviembre a marzo).

🏙️ Idiomas Oficiales: Tiene 16 idiomas oficiales, siendo el inglés, el shona y el ndebe King los más hablados.


📍 Datos curiosos de Zimbabue

🌊 Las Cataratas Victoria: Conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya ("el humo que truena"), son una de las caídas de agua más grandes y espectaculares del planeta. Es tal su fuerza que el rocío puede verse a kilómetros de distancia.

🏰 El Gran Zimbabue: El país toma su nombre de estas antiguas ruinas de piedra de una ciudad medieval que fue el centro de un gran imperio. Es la estructura antigua más grande del África subsahariana y fue construida sin mortero, solo encajando piedras perfectamente.

🐘 El Parque Nacional Hwange: Es una de las reservas de vida silvestre más importantes de África y alberga una de las poblaciones de elefantes más grandes del mundo (se estima que hay más de 45,000 ejemplares).

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LA CASUALIDAD QUE MARCÓ LA TRAGEDIA ARGENTINA


 LA CASUALIDAD QUE MARCÓ LA TRAGEDIA ARGENTINA


Por Revisionismo Historico Argentino 


Bartolomé Mitre en la historia política, militar e historiográfica del siglo XIX


Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821, hijo de una familia de origen oriental y de recursos modestos. Su nacimiento en territorio porteño fue circunstancial, producto del desplazamiento familiar, dato que ha sido señalado por diversos autores y utilizado simbólicamente por la historiografía revisionista para reflexionar sobre su posterior relación política con el país que gobernaría. La historiografía académica, en cambio, suele considerar este aspecto como un elemento biográfico secundario, sin carácter determinante.


A los catorce años fue enviado a trabajar a una estancia vinculada al entorno de Juan Manuel de Rosas, administrada por Gervasio Rosas. La experiencia fue breve y fallida. La conocida frase atribuida al Restaurador, dirigida al padre del joven, ha sido conservada por la tradición histórica y citada reiteradamente por autores revisionistas:


> “Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer”.


Más allá de la discusión sobre su literalidad, el episodio revela el contraste entre la disciplina del mundo rural rosista y la temprana vocación intelectual de Mitre, quien desde joven se inclinó por la lectura, el periodismo y la reflexión política.


Durante el período rosista, Mitre desarrolló una intensa actividad literaria y periodística desde Montevideo, defendiendo posiciones unitarias y liberales. No participó como combatiente en los enfrentamientos armados contra la Confederación. En 1845, durante la batalla de la Vuelta de Obligado, fue testigo del combate desde los buques de la escuadra anglo-francesa que forzaba la navegación del Paraná. Años más tarde, el propio Mitre escribiría:


> “La resistencia de Obligado fue heroica, pero inútil frente al empuje de la civilización europea”.

(Historia de Belgrano).


Carlos Saavedra Lamas aludiría irónicamente a su presencia a bordo de las naves extranjeras llamándolo “el grumete”. La interpretación de este episodio ha sido objeto de debate: para la historiografía liberal se trató de una circunstancia personal, mientras que el revisionismo lo leyó como una toma de posición política temprana frente al conflicto por la soberanía nacional.


El clima ideológico de aquella generación quedó expresado con crudeza por Domingo Faustino Sarmiento, quien, refiriéndose al apoyo de sectores ilustrados a la intervención francesa, escribió:


> “Los que cometieron aquel delito de leso americanismo, los que se echaron en brazos de la Francia para salvar la civilización europea, sus instituciones, sus hábitos e ideas en las orillas del Plata, fueron los jóvenes, en una palabra, ¡fuimos nosotros!… Somos traidores a la causa americana… De eso se trata, de ser o no ser salvajes”.


Tras la caída de Rosas en Caseros, Mitre reapareció en Buenos Aires con un discurso liberal, constitucionalista y centralista. Su figura pública combinaba una oratoria eficaz, una imagen austera y una estética asociada a los círculos intelectuales europeos. Justo José de Urquiza lo apodaría despectivamente “el Tísico”, en alusión a su aspecto físico. Para muchos contemporáneos, Mitre encarnaba al joven romántico porteño, admirado por su pluma y sus discursos, aunque aún sin una trayectoria militar victoriosa que respaldara su prestigio.


Desde el punto de vista estrictamente militar, su desempeño fue objeto de críticas tempranas. En 1855, al mando de fuerzas porteñas superiores en número y armamento, fue derrotado en Sierra Chica por contingentes indígenas. La prensa opositora ironizó duramente sobre el episodio. El periódico La Reforma Pacífica escribió:


> “El general Mitre parte con fuerzas completas y regresa sin caballos, sin artillería y sin gloria”.


El oficial porteño D’Amico, citado posteriormente por la historiografía revisionista, dejó una apreciación lapidaria:


> “A Mitre no se le ocurre nada en el campo de batalla”.


Mitre era coronel de artillería y estudioso de las doctrinas militares europeas, particularmente de las estrategias consideradas científicas, inspiradas en los modelos napoleónicos. Sin embargo, varios testimonios contemporáneos señalaron la dificultad de aplicar esos esquemas en la guerra de llanura rioplatense, donde predominaban la movilidad, la caballería y el conocimiento del terreno.


En 1859, como comandante del ejército de Buenos Aires, fue derrotado por las fuerzas de la Confederación en Cepeda. En su parte oficial afirmó:


> “El ejército se replegó en orden, preservando su cohesión y su honor”.


Urquiza, en cambio, informaba al Congreso de Paraná:


> “La victoria ha sido completa; el enemigo ha abandonado el campo y su artillería”.


El 17 de septiembre de 1861, en Pavón, se produjo uno de los episodios más controvertidos de la historia argentina. Militarmente, el enfrentamiento quedó inconcluso, pero la retirada de la caballería de Urquiza permitió a Mitre consolidar su triunfo político. El propio Urquiza explicaría años después, en una carta privada:


> “No quise proseguir una victoria que habría costado sangre argentina para sostener un predominio político”.


Desde la historiografía revisionista, esta decisión fue duramente cuestionada. José María Rosa sostuvo:


> “Pavón no fue una derrota militar de la Confederación, sino una capitulación política de su jefe”.


Jorge Abelardo Ramos coincidió en esa interpretación al afirmar:


> “Urquiza abandonó el campo cuando tenía ganada la batalla, dejando el país en manos de Buenos Aires”.


Mitre, que se había retirado anticipadamente del campo de batalla, fue alcanzado por un subalterno que le comunicó el resultado favorable. El episodio quedó registrado en la tradición oral militar con la frase: “No dispare general, que ha ganado”.


Tras Pavón, Mitre desplegó una intensa actividad política y retórica destinada a neutralizar a sus antiguos adversarios. Sobre Urquiza, a quien buscó integrar simbólicamente al nuevo orden, llegó a decir:


> “Urquiza es el Washington de la América del Sur”.


En 1862 asumió la presidencia de la Nación. En su discurso inaugural afirmó:


> “La República necesita capitales, y esos capitales no pueden provenir sino de las naciones industrializadas”.


En otra intervención, frecuentemente citada, expresó sin ambigüedades:


> “¿Quién impulsa este progreso? El capital inglés, señores”.


Durante un discurso parlamentario en 1863 reforzó esa línea al sostener:


> “La riqueza del país debe orientarse hacia los mercados que la reclaman”.


Para la historiografía liberal, estas afirmaciones reflejan pragmatismo económico; para el revisionismo, evidencian una política de dependencia. Arturo Jauretche interpretó que:


> “Con Mitre se organiza el país para que produzca barato y exporte sin valor agregado”.


Durante su gobierno se consolidó la centralización del Estado, se reprimieron los últimos levantamientos federales y se profundizó el avance sobre territorios indígenas. Estos procesos han sido valorados de manera divergente según las corrientes historiográficas, como construcción del Estado nacional o como eliminación violenta de proyectos alternativos.


En 1865, Mitre asumió el mando del ejército aliado en la Guerra de la Triple Alianza. En una proclama inicial aseguró:


> “La guerra será breve y decisiva”.


Sin embargo, el conflicto se prolongó y alcanzó niveles de violencia inéditos. Tras la derrota aliada en Curupaytí, informó:


> “El valor de las tropas no ha podido compensar las dificultades del terreno y la solidez de las posiciones enemigas”.


El historiador León Pomer analizó posteriormente:


> “Curupaytí fue la demostración más clara de la improvisación y la subestimación del enemigo”.


Finalmente, el Imperio del Brasil asumió el control efectivo de la guerra, y Mitre fue desplazado del mando activo.


En el plano intelectual, Mitre ocupó un lugar central como fundador de la historiografía liberal argentina. Su obra fue decisiva para establecer un relato canónico del pasado nacional. Las críticas posteriores se centraron en las omisiones y selecciones que acompañaron ese relato. Norberto Galasso señaló:


> “Mitre escribió la historia del vencedor, pero la escribió como si fuera la historia de la Nación”.


En una línea similar, Jorge Abelardo Ramos sintetizó:


> “Mitre venció en Pavón y luego venció en los manuales”.


Desde una perspectiva, puede afirmarse que Bartolomé Mitre fue una figura compleja y decisiva del siglo XIX argentino: un dirigente con escasos logros militares directos, notable habilidad política, enorme influencia intelectual y un papel central tanto en la organización del Estado nacional como en la construcción del relato histórico dominante. Las interpretaciones sobre su legado continúan siendo objeto de debate, reflejando tensiones profundas sobre el modelo de país, la soberanía y el sentido de la historia argentina.


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Fuentes;


José María Rosa– Historia Argentina, Tomos V y VI,


Jorge Abelardo Ramos– Revolución y contrarrevolución en la Argentina,


Arturo Jauretche– Los profetas del odio.– Manual de zonceras argentinas.


Norberto Galasso– Mitre, el historiador falsificado.


Fermín Chávez– Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina.


Tulio Halperin Donghi– Proyecto y construcción de una nación.– Una nación para el desierto argentino.


Vicente Fidel López– Historia de la República Argentina.

Ricardo Levene

).