lunes, 24 de agosto de 2026

Hay personas que, cuando se jubilan, no dejan una mesa vacía.

 Hay personas que, cuando se jubilan, no dejan una mesa vacía.


Dejan un hueco.

Como mi abuelo.

Era ebanista.

Tenía un don para trabajar la madera que, por desgracia, murió con él.

Nunca llegó a transmitirlo a sus hijos ni a sus nietos.

Y muchas veces pienso en todo lo que se perdió con él.

Porque detrás de cada puesto hay años de experiencia.

Errores que enseñaron más que cualquier curso.
Problemas que aprendieron a resolver.
Trucos que jamás aparecieron en un manual.
Y miles de decisiones tomadas con algo que no se puede estudiar:

experiencia.

Y entonces surge una pregunta que pocas empresas se hacen:

¿Qué hacemos con todo lo que sabe antes de que se vaya?

Porque mañana alguien ocupará esa silla.

Pero nadie ocupará sus 30 años de experiencia.

Por eso el relevo generacional no debería empezar el día que alguien se jubila.

Debería empezar mucho antes.

Sentándose a su lado.
Preguntándole.
Escuchándole.
Aprendiendo de él.

Porque sustituir a una persona puede ser relativamente fácil.

Sustituir todo lo que aprendió durante una vida profesional, no.

Quizá jubilarse debería significar dejar el puesto.

Pero no necesariamente dejar de transmitir todo lo que uno sabe.

Porque hay conocimientos que no están en los libros.

Están en las manos.

Y algunas manos, cuando se jubilan, se llevan consigo una parte de nuestra historia.

#TalentoSenior #ElPayasoDeLinkedln #Liderazgo #HumanidadEnMovimiento

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