lunes, 23 de febrero de 2026

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ANTES DE LA ESTRELLA SOLITARIA, HUBO UN IMPERIO  NOVOHISPANO

Cuando hablamos del suroeste estadounidense, hablamos de tierra mexicana. 

     Y no es solo una opiniรณn: los mapas y las actas de nacimiento lo confirman. 

     Mucho antes de que la bandera de las barras y estrellas ondeara en San Francisco, Los รngeles o Santa Fe, estas tierras eran el corazรณn del Virreinato de la Nueva Espaรฑa y, despuรฉs, del norte de Mรฉxico.

     Durante tres siglos, Mรฉxico no solo explorรณ estos territorios: los habitรณ, los construyรณ y los soรฑรณ.    

    Ciudades enteras, sistemas de riego que todavรญa funcionan, rutas comerciales y una red de misiones fueron levantadas por manos espaรฑolas, criollas, indรญgenas y mestizas. 

    Eran mexicanos incluso antes de que Mรฉxico existiera como naciรณn independiente, y siguieron siรฉndolo despuรฉs.


LA FRONTERA SE DIBUJร“ CON TINTA DE SANGRE Y POLรTICA

La guerra de 1847 y el Tratado de Guadalupe Hidalgo cambiaron el mapa para siempre.

      En 1848, Mรฉxico perdiรณ mรกs de la mitad de su territorio: California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo Mรฉxico, Texas y partes de Colorado y Wyoming pasaron a ser parte de Estados Unidos.

      Pero lo que rara vez se cuenta es esto: la frontera se moviรณ, pero la gente no.

      Familias que habรญan vivido generaciones bajo leyes espaรฑolas y mexicanas de pronto se convirtieron en “extranjeros en su propia tierra”.

      El tratado prometรญa proteger sus derechos y propiedades… promesas que en muchos casos quedaron en el papel mojado.


EL ESPAร‘OL QUE NO SE FUE: UNA JOYA LINGรœรSTICA EN EL CORAZร“N DE EE.UU.

En Nuevo Mรฉxico sobrevive un espaรฑol รบnico, congelado en el tiempo. Llegรณ con los primeros colonos en 1598, quienes trajeron el espaรฑol del Siglo de Oro.   

     Aislados por el desierto y las montaรฑas, estas comunidades preservaron un idioma que hoy es un tesoro histรณrico.

Todavรญa se oyen expresiones como:

“truje” en lugar de “traje”

“Yo te vide ayer”

No es “mal espaรฑol”, es espaรฑol antiguo. 

    El eco de Cervantes y del Quijote sigue resonando en las calles de Albuquerque. 

     Este dialecto demuestra que la herencia hispรกnica no es una moda reciente, sino la base de la regiรณn.


CADA CALLE, CADA MISIร“N, CADA MURO ES UN TESTIGO

El paisaje urbano del oeste americano es un monumento a Mรฉxico. 

Solo hay que conducir por California o Texas:

San Francisco (antes Yerba Buena)

Los รngeles

San Diego

San Antonio

El Paso

Cada misiรณn franciscana, cada fuerte espaรฑol y cada “acequia” que aรบn riega los campos son huellas de una civilizaciรณn que existรญa mucho antes de la fiebre del oro o de los pioneros anglosajones.

Los caminos reales que conectaban la Ciudad de Mรฉxico con el norte eran las arterias por donde circulaba la vida de toda la regiรณn.


EL ORGULLO QUE NO SE BORRA

La historia puede ser escrita por los vencedores, pero la identidad la escriben los pueblos. Durante dรฉcadas, la narrativa estadounidense presentรณ un “Oeste salvaje” y vacรญo. 

   La realidad: al llegar, los anglosajones encontraron una civilizaciรณn consolidada, con leyes, cultura y lengua propias.

    Hoy, mรกs de 25 millones de mexicanos y mexicano-americanos viven en Estados Unidos, muchos descendientes directos de los primeros pobladores. No son inmigrantes recientes: son los herederos de los dueรฑos originales de la tierra.


La historia de Mรฉxico no termina en la frontera: se extiende hacia el norte, grabada en piedra, nombres de montaรฑas y acentos que han resistido generaciones. 

    La lรญnea en el mapa puede moverse, pero el orgullo de Mรฉxico jamรกs se borra.


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