SAN MARTÍN Y GÜEMES
LA AMISTAD QUE SOSTUVO LA INDEPENDENCIA
POR Revisionismo Historico Argentino
La independencia sudamericana no fue una suma de gestas aisladas ni el resultado exclusivo de una batalla brillante. Fue una estrategia de largo alcance, pensada en términos continentales y sostenida en distintos frentes al mismo tiempo. Dentro de esa arquitectura histórica, la relación entre José de San Martín y Martín Miguel de Güemes resulta decisiva.
Se conocieron en Buenos Aires en 1813. San Martín había regresado en 1812, formado el Regimiento de Granaderos a Caballo y demostrado en San Lorenzo su capacidad de mando. Güemes ya tenía experiencia real de guerra: había combatido en las invasiones inglesas, participado en las campañas del Alto Perú y estado en Suipacha en 1810. No era un jefe de escritorio, sino un hombre moldeado por el terreno y la frontera.
Desde aquel encuentro quedó sellada una coincidencia profunda: la guerra por la emancipación debía pensarse con criterio americano.
YATASTO Y LA DEFINICIÓN ESTRATÉGICA
El 17 de enero de 1814, en la Posta de Yatasto, San Martín asumió el mando del Ejército del Norte tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Allí no solo se produjo un relevo de mando, sino una definición estratégica.
San Martín comprobó el estado del ejército: tropas agotadas, recursos escasos, moral resentida. Insistir en penetrar frontalmente hacia el Alto Perú, donde el enemigo estaba fuerte y bien abastecido, era repetir errores. Güemes conocía esa realidad desde adentro. Sabía que en el Norte la guerra debía transformarse. No podía ser lineal ni regular. Tenía que apoyarse en el terreno, en la movilidad, en la población rural. Ambos comprendieron que América no era Europa. Aquí no se ganaba con formaciones rígidas únicamente, sino con adaptación, inteligencia territorial y apoyo popular.
LA DOCTRINA DE LA GUERRA AMERICANA
San Martín, formado en los ejércitos europeos, tuvo la grandeza de no trasladar mecánicamente esa experiencia. Entendió que en América la guerra debía ser distinta. No bastaba con el ejército profesional; era imprescindible el pueblo en armas.
Güemes ya practicaba esa forma de lucha. Las partidas gauchas no eran desorden ni improvisación: eran la expresión de una guerra territorial, donde cada quebrada, cada cerro y cada sendero se convertían en arma.
Esa coincidencia doctrinaria fue el fundamento real del Plan Continental. Mientras San Martín organizaba en Cuyo un ejército regular disciplinado para cruzar la cordillera, Güemes consolidaba una estructura flexible que impedía al enemigo avanzar hacia el sur. No eran métodos opuestos. Eran complementarios.
Uno representaba la ofensiva estratégica.
El otro, la defensa activa y permanente.
GÜEMES GOBERNADOR Y EL NORTE EN ARMAS
En mayo de 1815, Güemes fue elegido gobernador de la Intendencia de Salta. Esa decisión consolidó políticamente lo que ya era una realidad militar. Desde entonces, la resistencia dejó de depender de acciones aisladas y se transformó en sistema organizado.
Entre 1814 y 1821 el Norte soportó invasiones reiteradas. Las fuerzas realistas ocuparon ciudades, requisaron ganado, intentaron cortar comunicaciones. Pero nunca lograron dominar de manera estable el territorio. La resistencia fue constante.
EL SACRIFICIO ECONÓMICO DEL NORTE
Salta y Jujuy pagaron un precio altísimo. La guerra devastó estancias, arrasó cultivos, agotó recursos y empobreció a familias enteras. El ganado era arreado para impedir que abasteciera al enemigo; los pueblos quedaban vacíos ante cada invasión.
El Norte sostuvo la guerra casi sin apoyo material suficiente. Mientras el Ejército de los Andes se preparaba con enormes sacrificios en Cuyo, las provincias norteñas resistían con recursos propios, aportando hombres, caballos y alimentos.
Ese desgaste no fue episódico: fue continuo durante siete años. El sacrificio económico y social del Norte fue el sostén silencioso de la ofensiva continental.
CHACABUCO, MAIPÚ Y LA COORDINACIÓN
El 12 de febrero de 1817 San Martín venció en Chacabuco. El 5 de abril de 1818 consolidó la independencia de Chile en Maipú. Comunicó esa victoria a Güemes, porque sabía que sin la resistencia norteña el enemigo habría podido avanzar hacia el sur y desarticular el proyecto. Mientras Chile se aseguraba, el Norte seguía combatiendo. En 1817, la expedición de La Serna ocupó Salta, pero la presión constante de las fuerzas gauchas obligó a su retirada. El territorio nunca fue pacificado por los realistas.
EL EJÉRCITO DE OBSERVACIÓN Y LA OFENSIVA FINAL
En 1819, Güemes fue designado General en Jefe del Ejército de Observación del Perú. Su misión era clara: vigilar y contener al enemigo del Alto Perú mientras San Martín lanzaba la expedición por mar.
En agosto de 1820 partió la Expedición Libertadora desde Valparaíso. El 8 de septiembre desembarcó en Paracas. Durante ese período, el Norte continuó activo. Las fuerzas realistas no podían desprenderse completamente de sus posiciones porque la frontera seguía en armas.
El 28 de julio de 1821 San Martín proclamó la independencia del Perú en Lima. Ese acto fue posible porque durante años el flanco norte había permanecido firme.
LA MUERTE DE GÜEMES Y EL DESENLACE
El 7 de junio de 1821, una partida realista sorprendió a Güemes en la ciudad de Salta. Herido gravemente, murió el 17 de junio tras diez días de agonía. Tenía treinta y seis años. Su muerte significó la pérdida del conductor que había articulado defensa territorial, autoridad política y organización militar en el Norte. No era un jefe circunstancial: era el eje de un sistema. San Martín, en el Perú, enfrentaba ya un escenario político complejo y fragmentado. En 1822 decidió apartarse.
El proyecto continental concebido años antes había perdido uno de sus pilares fundamentales.
DOS FRENTES, UNA SOLA VISIÓN
Desde 1813 hasta 1821, San Martín y Güemes sostuvieron una acción convergente. Uno avanzó por el Oeste con un ejército regular que cruzó los Andes y golpeó el centro del poder realista. El otro defendió el Norte con una guerra territorial que impidió el descenso enemigo hacia el corazón del antiguo virreinato.
No fueron trayectorias paralelas. Fueron partes de una misma estrategia americana. San Martín representó la ofensiva decisiva. Güemes encarnó la resistencia indispensable.
Entre ambos demostraron que la independencia no se conquista solo con batallas brillantes, sino con visión continental, disciplina, sacrificio y pueblo en armas. Si el Ejército de los Andes fue la espada que abrió el camino hacia el Pacífico, la Guerra Gaucha fue el escudo que protegió la retaguardia de la revolución.Y en esa complementariedad se encuentra la verdad completa: la libertad de América no nació de un solo frente, sino del encuentro de voluntades que supieron comprender su tiempo y actuar en consecuencia. San Martín y Güemes no compartieron únicamente una amistad. Compartieron una concepción histórica. Y esa concepción cambió para siempre el destino de América.
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Titular: Damian Leandro Zanni


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