SAN MARTÍN Y LOS CAUDILLOS FEDERALES
Por Revisionismo Historico Argentino
Hablar de José de San Martín y los caudillos federales es entrar en una de las zonas que la historia liberal prefirió simplificar. Durante décadas se intentó instalar la idea de un San Martín “europeizante”, ajeno al interior, distante de los jefes provinciales. Los documentos dicen otra cosa. Las cartas dicen otra cosa. Los hechos dicen otra cosa.
San Martín no fue hombre de facciones. Fue hombre de Nación. Y entendía que la Nación real no terminaba en la Aduana de Buenos Aires.
EL 22 DE JULIO DE 1819: EL SABLE QUE NO SE VOLVIÓ CONTRA EL INTERIOR
El 22 de julio de 1819, mientras organizaba en Chile la expedición libertadora al Perú, recibió la orden del Director Supremo José Rondeau de regresar con el Ejército de los Andes para reprimir a Santa Fe y Entre Ríos.La respuesta fue terminante:
“Mi sable jamás sería desenvainado para combatir a mis compatriotas.” (La frase es un Resume fiel de su postura expresada en la carta del 22 de julio de 1819.)
No fue un arrebato. Fue una definición política profunda. Buenos Aires pretendía usar al Ejército libertador como herramienta de disciplinamiento interno, en el marco de la Constitución unitaria de 1819. Las provincias rechazaban el centralismo. La guerra civil asomaba. San Martín eligió no ser instrumento de esa política. Poco después, Juan Bautista Bustos encabezó el Motín de Arequito, negándose también a seguir combatiendo en una guerra entre hermanos. Y el 1 de febrero de 1820, en la Batalla de Cepeda, las fuerzas federales de Estanislao López y Francisco Ramírez derrotaron a Rondeau. El Directorio cayó. San Martín no lo derribó. Simplemente se negó a sostenerlo con sangre argentina.
SAN MARTÍN Y ARTIGAS: LA UNIDAD ANTES QUE LA FACCION
Cuando Buenos Aires declaró enemigo a José Gervasio Artigas, San Martín no lo atacó. Por el contrario, intentó comunicarse con él para unir fuerzas contra España. En carta escrita desde Mendoza en 1819, le imploraba dejar de lado resentimientos y priorizar la independencia. Esa carta fue interceptada. La unidad era peligrosa para quienes necesitaban la división.
San Martín comprendía algo elemental: sin unión americana no había independencia durable. Divididos, seríamos presa de imperios. Unidos, seríamos Nación.
SAN MARTÍN Y ESTANISLAO LÓPEZ: PAISANOS ANTES QUE ENEMIGOS
En su correspondencia con López, San Martín fue claro:
“Unámonos paisano mío para batir a los maturrangos… la sangre americana es demasiado preciosa.”
No hay en esas palabras desprecio por el caudillo. Hay respeto. Hay reconocimiento de autoridad real en las provincias. El Libertador entendía que los caudillos no eran simple anarquía, sino expresión política de pueblos que no querían ser gobernados desde un escritorio porteño. Cuando años después intentaron juzgar a San Martín por desobedecer órdenes, fue López quien le advirtió y le ofreció escolta popular para evitar una humillación. La gratitud vino del interior. El recelo, del puerto.
SAN MARTÍN Y FACUNDO QUIROGA: RESPETO ENTRE HOMBRES DE CORAJE
La relación con Juan Facundo Quiroga confirma la misma línea. San Martín intervino para evitar derramamientos innecesarios en La Rioja. No buscó imponer. Buscó mediar. Cuando corrió el rumor de que era enemigo de Quiroga, el Libertador lo desmintió personalmente, reafirmando su estima por su patriotismo y valor.
Como señaló Adolfo Saldías, la historia oficial necesitó pintar a los caudillos como bárbaros para justificar su exterminio político. Pero los hombres que hicieron la independencia sabían reconocer coraje y lealtad.
EL HOSTIGAMIENTO PORTEÑO
Mientras los caudillos le ofrecían respeto, en Buenos Aires la administración de Bernardino Rivadavia lo vigilaba, abría su correspondencia y permitía que la prensa lo atacara. En cartas a Bernardo O'Higgins denunció espionaje y persecución. El hombre que había liberado Chile y Perú era tratado como sospechoso en su propia patria. La grieta no era entre civilización y barbarie. Era entre proyecto nacional y proyecto portuario.
EL LIBERTADOR Y EL RESTAURADOR
Décadas después, San Martín encontró en Juan Manuel de Rosas al gobernante que a su juicio defendía el honor nacional frente a las agresiones extranjeras.
En 1838 ofreció volver a combatir ante el bloqueo francés. En 1846 respaldó la resistencia ante la intervención anglo-francesa. Y en su testamento de 1844 legó su sable a Rosas como reconocimiento a la firmeza con que sostuvo la soberanía. El mismo hombre que se negó a reprimir provincias apoyó al gobernante que resistía imperios. La coherencia es evidente.
📌Agregado final:
SAN MARTÍN Y GÜEMES: UNA RELACIÓN QUE MERECE DESARROLLO PROPIO
La relación entre José de San Martín y Martín Miguel de Güemes es mucho más profunda de lo que suele contarse y merece una publicación aparte. No fue un vínculo circunstancial, sino una alianza estratégica decisiva para la independencia.
Mientras San Martín ejecutaba el Plan Continental y cruzaba los Andes, Güemes sostenía en el Norte la guerra gaucha que impedía el avance realista hacia el interior. Sin esa contención en Salta y el Alto Perú, el proyecto libertador quedaba expuesto. No eran caminos paralelos: eran frentes complementarios de una misma causa.
Hubo tensiones políticas propias de la época, pero primó el respeto y la conciencia de estar defendiendo la soberanía americana. La historia oficial intentó separarlos. La realidad es que sin Güemes el plan de San Martín corría serio riesgo. Y eso no es relato: es estrategia militar e historia concreta.
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LA NACIÓN ANTES QUE LA FACCION
San Martín no fue caudillo federal en el sentido partidario. Pero tampoco fue instrumento del centralismo porteño. Fue algo superior: un conductor americano que entendió que la independencia no se construía con guerras civiles. El 22 de julio de 1819 eligió no combatir al interior. Eligió no manchar su espada con sangre argentina. Eligió la unidad continental por encima de la obediencia facciosa.
Por eso su figura permanece intacta. Porque cuando tuvo que elegir entre poder circunstancial y Nación profunda, eligió Nación.Y esa elección lo coloca, sin dudas, más cerca de los caudillos federales que del proyecto que pretendía disciplinarlos.
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Titular: Damian Leandro Zanni


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