lunes, 23 de febrero de 2026

Y quién era aquella Cornelia, madre de los Gracos? ... Pues, todo lo que una noble romana debía ser, desde el nacimiento hasta la tumba. Eso era.

 ¿Y quién era aquella Cornelia, madre de los Gracos? ... Pues, todo lo que una noble romana debía ser, desde el nacimiento hasta la tumba. Eso era.



La hija menor del célebre Escipión el Africano, vencedor de Aníbal, se había desposado con el noble Tiberio Sempronio Graco a los diecinueve años, cuando él contaba ya cuarenta y cinco; su madre, Emilia Paula, era hermana del no menos famoso Emilio Paulo, el conquistador de Macedonia, por lo que Cornelia era doblemente patricia.


Su conducta como esposa fue irreprochable, y en sus casi veinte años de matrimonio se dice que le dio doce hijos. De los cuales ella, con meticuloso cuidado y gran cariño, consiguió que tres llegarán a la edad adulta. El primero que llegó a hacerse mayor fue una hija, Sempronia; el segundo, un varón que heredó el nombre del padre, Tiberio, y el tercero fue otro varón llamado Cayo Sempronio Graco.


De exquisita formación y digna hija de su padre, que adoraba todo lo griego como máximo exponente de la cultura, ella misma fue la maestra de sus hijos, vigilando todas las facetas de su formación. Al fallecer su esposo, quedó con Sempronia, de quince años, Tiberio, de doce, el pequeño Cayo, de dos años, y algunos de los nueve que no sobrepasaron la niñez.


Ya viuda, sus pretendientes fueron muchísimos, pues había dado pruebas de fertilidad con asombrosa regularidad y aún estaba en edad de concebir; era, además, un excelente partido como hija del Africano, sobrina de Paulo y viuda de Graco. Y estaba muy sana.


Entre los pretendientes estuvo nada menos que el rey helenístico Ptolomeo Evergetes, que viajaba a menudo a Roma en los años de su destronamiento en Egipto. Por entonces no hacía más que aburrir con sus quejas los cansados oídos del Senado, conspirar y sobornar para lograr recuperar el trono perdido.


El rey tenía ocho años menos que Cornelia, que contaba treinta y seis. El monarca insistía y suspiraba por su mano con la misma insistencia que por el trono de Egipto, pero con poco éxito. Cornelia no era para un simple rey extranjero, por muy rico y poderoso que fuese.


De hecho, la madre de los Gracos, había decidido que una auténtica matrona romana, viuda de un noble romano, no tenía por qué volver a casarse. Y así, todos los pretendientes se vieron rechazados con suma cortesía y ella se esforzó en su soledad por educar a sus hijos.


Años más adelante, cuando Tiberio Graco fue asesinado, siendo tribuno de la plebe, ella siguió con la frente muy alta, manteniéndose muy por encima de las insinuaciones de la implicación de su primo carnal Escipión Emiliano en el crimen, y también totalmente al margen de la incompatibilidad conyugal existente entre su hija Sempronia y su esposo, el mismo Escipión Emiliano. Luego, cuando hallaron muerto misteriosamente a su yerno y se rumoreó que a él también le habían asesinado -nada menos que su esposa, o su hija-, Cornelia supo mantenerse perfectamente distanciada. Al fin y al cabo tenía un hijo que cuidar y preparar para su floreciente carrera pública: su querido Cayo.


Cayo Graco murió violentamente cuando su madre iba a cumplir setenta años y todos pensaron que, finalmente, aquel duro golpe sería el fin de Cornelia. Pero no; ella siguió viviendo con la frente muy alta, viuda, sin sus espléndidos hijos y con el único hijo que le quedaba: Sempronia.


-Tengo que criar a mi pequeña Sempronia- decía, refiriéndose a la hija de Cayo Graco, un bebé.


Lo que hizo fue marcharse de Roma, aunque no dejó la vida social. Se retiró a su enorme villa de Miseno, a semejanza de ella, una muestra sin igual del buen gusto, refinamiento y esplendor que Roma podía ofrecer al mundo. Allí recopiló sus cartas y ensayos y amablemente consintió en que el anciano Sosio de Argileto hiciera una edición, después de que sus amistades le suplicaran que no las dejara desconocidas para la posteridad. Igual que su autora, aquellos escritos rebosaban gracia, encanto e inteligencia, pese a ser solemnes y profundos. Y en Miseno se incrementaron, pues en Cornelia, madre de los Gracos, la edad no mermó la inteligencia, erudición e interés por las cosas.


Su muerte sobrevino de forma tan repentina que toda Roma se congratuló, pues era bien cierto que los dioses la habían amado, y puesto duramente a prueba. Tenía casi 100 años. Por ser una Cornelia, fue inhumada en lugar de incinerada. Sólo la gens de los Cornelios, entre las grandes familias romanas, conservaban el cadáver intacto.


Fue además la primera mujer romana a la que se dedicó una estatua en la ciudad de Roma. Nunca antes una mujer mortal que no fuera una diosa había recibido una estatua.. La ubicación de esa estatua fue el foro romano durante varios siglos, sin embargo acabó desapareciendo.


Entonces, ¿cómo sabemos que realmente existió? Porque el pedestal en el que se encuentra inscrito su nombre junto con “madre de los Graco e hija de Escipión” se encuentra expuesto en los Museos Capitolinos de Roma.


Muchas gracias por tu lectura y difusión 👍


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