lunes, 9 de marzo de 2026

El 9 de marzo de 1617 murió Alonso de Ribera y Zambrano, militar y conquistador

 El 9 de marzo de 1617 murió Alonso de Ribera y Zambrano, militar  y conquistador  que ejerció como gobernador de Chile en dos períodos, y en el intervalo entre ambos, fue nombrado como gobernador del Tucumán entre 1606 y 1611.



En el primer mandato chileno (1601-1605) introdujo reformas que, con el tiempo pasaron a ser claves dentro de la estrategia española de encarar la guerra de Arauco: consolidar una frontera bien defendida y atender el servicio de esa frontera con un ejército profesional y permanente de 1500 hombres, y no con levas de vecinos. Su plan estratégico, basado en el avance de sucesivas líneas de fuertes para ir consolidando la conquista poco a poco, fue llevado a la práctica por el Estado de Chile, dos siglos y medio después de ideado, en la Ocupación de la Araucanía (1861).


Nacido en Úbeda (Jaén) en 1560, en 1579 figuraba como soldado del ejército comandado por Alejandro Farnesio, luchando en la guerra de Flandes, concretamente participando en la toma de Maastricht ocurrida ese año. En 1584, siendo ya sargento, fue uno de los 11.700 españoles que participaron en el largo sitio de Amberes. En 1587 llegó al grado de alférez, y al año siguiente se embarcó en la Armada Invencible, como parte del destacamento destinado a la frustrada invasión de Inglaterra.


En 1590 pasó con el ejército de Farnesio, a Francia, en apoyo a la Santa Liga de París y con el objetivo de impedir la entronización de Enrique IV. Ribera se destacó durante esa campaña en la toma de la plaza fortificada de Corbeil, el 16 de octubre y fue herido de gravedad durante el asalto a Capelle, en Picardía. Recién repuesto de sus lesiones, fue uno de los capitanes que encabezó el sangriento ataque sobre las murallas de Châtelet que culminó con la rendición de la ciudad a las pocas horas. Al mes siguiente decidía, según cronista de la época] con su compañía el resultado de uno de los combates del sitio de Doullens.


Pese a haber perdido en la práctica la campaña, los españoles continuaron algún tiempo con las hostilidades. Ribera siguió afianzando su reputación en estas postreras acciones. Destacándose, por ejemplo, en el asalto y rendición de Cambrai, en septiembre de 1595, o el asedio y toma de Calais.


En 1597 los españoles, vanamente esperanzados en desatar el derrocamiento de Enrique IV, volvieron a invadir Francia. Ribera logró reputarse en los combates que rodearon el sitio de Amiens. A fines de año, de vuelta a los Países Bajos, le fue entregado el mando de un tercio con el rango de sargento mayor.


Cuando en 1599 fue designado gobernador de Chile, por Felipe III, la guerra de Arauco contra los mapuche se arrastraba desde hacía ya medio siglo, sin significativos avances españoles.  Lo que primero llamó la atención de Ribera en Chile  fue el mal estado de la disciplina y la instrucción militar de las filas españolas. Sobre el ejército local, unos 1200 soldados en su mayoría provenientes de levas de vecinos y reclutamientos forzados en Perú de los que eran plenamente operativos unos 500.


Ribera, acostumbrado a la formalidad de las guerras europeas, se sorprendió de que en todo el ejército hubiera sólo una trompeta de órdenes. De que las compañías, durante los trayectos largos, se disolvieran y cada cual marchara cuidando sus propios bagajes. También de que no se acampara por compañías, y los soldados durmieran donde mejor les parecía.

 

Ribera por otra parte, siendo veterano de infantería, se sorprendió del poco uso que se daba a dicha fuerza de combate en Chile. Los oficiales locales, apegados a los primeros métodos de la conquista, preferían la caballería, pese a que los mapuches ya la dominaban e iban en camino de convertirse en una cultura equina.


Pese a las derrotas que Ribera infligió a los indígenas en Purén y a la tala sistemática de sementeras, la ausencia de un resultado inequívoco y la noticia de la pérdida de Villarrica hicieron que el monarca Felipe III decidiera en 1604 trasladarlo a la Gobernación del Tucumán. En la ciudad de Santiago del Estero, se ocupó de limpiar y ensanchar las acequias de la ciudad e hizo construir un molino en las inmediaciones. Creó la función de teniente de los naturales, que debía controlar los tratos que recibían los indígenas dados en encomiendas. También ordenó la realización de un censo de extranjeros y de conventos e iglesias en la gobernación. Asimismo, apoyó la construcción de la nueva Catedral.


En 1611, Ribera fue nombrado nuevamente gobernador de Chile.  En la quebrada de Palo Seco perecieron, en 1606, más de 150 españoles mandados por el capitán Juan Rodulfo Lísperguer, en una emboscada que obligó de nuevo a despoblar el fuerte de Boroa, cerca de la antigua La Imperial. De un golpe se perdía el terreno ganado por los españoles en los últimos años. El gobernador García Ramón fue reemplazado entonces nuevamente por Alonso de Ribera.


Entró en conflicto con el jesuita Luis de Valdivia, influyente sacerdote que abogaba por una estrategia llamada guerra defensiva, que afectaba los intereses particulares de los encomenderos. Esto pese a que el rey designó a Ribera con el fin de que implementara el plan del padre Valdivia. El religioso consiguió de Felipe III una real cédula para establecer la Guerra defensiva en Arauco. Sin embargo, por falta de apoyo en Chile y problemas internos, ésta fracasó, y el soberano ordenó la reanudación de la guerra ofensiva contra los belicosos mapuches comandados por el lonco Anganamón, en 1612. Alonso de Ribera volvió al cargo de gobernador hasta 1617, año en que falleció en la ciudad de Concepción, Chile.

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