16 de enero de 1979, el hombre más poderoso de Medio Oriente sube a un avión en Teerán huyendo de su propio pueblo. El Shah de Irán, Mohamad Reza Paglabi, quien se creía invencible, quien comandaba el cuarto ejército más grande del mundo, quien contaba con el respaldo absoluto de Estados Unidos, abandona su trono para nunca regresar en las calles de Teerán.
Millones celebran su partida como si hubieran sido liberados de una prisión. Dos semanas después, [música] un anciano clérigo de Barba Blanca desciende de un avión en el mismo aeropuerto recibido por multitudes delirantes [música] de júbilo. Su nombre es Ayatolá Ruholá Jomeini y está a punto de transformar Irán en la primera teocracia islámica del mundo moderno.
Esta no es solo la historia de cómo cayó un dictador. Es la historia de como un movimiento revolucionario único, liderado por clérigos religiosos, en lugar de generales o políticos, derrocó a uno de los regímenes más poderosos del planeta sin disparar un solo tiro en las etapas finales.
La historia de cómo la arrogancia de una superpotencia, la brutalidad de un monarca y la ira contenida de un pueblo se combinaron para crear una explosión que cambió el curso de la historia mundial. Si quieres descubrir como estudiantes, comerciantes, mulás y madres de familia derrotaron a tanques y metralletas con solo sus cuerpos y su fe, ¿cómo la CIA falló espectacularmente en predecir el colapso de su aliado más importante? Y cómo esta revolución desató 40 años de conflicto entre Irán y Occidente, [música] que continúa hasta hoy.
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Bienvenidos a la revolución iraní de 1979. El levantamiento que cambió a Irán para siempre. El trono del pavo real, el Irán del [música] Sha. Para entender cómo cayó el Sha, primero debemos comprender cómo construyó su imperio de poder. Mohamad Rezapahllavi ascendió al trono en 1941, cuando tenía apenas 21 años después de que los británicos y soviéticos forzaran la abdicación de su padre Reza Sha durante la Segunda Guerra Mundial.
Al principio, el joven Sha era débil, inseguro, dominado por políticos más experimentados y constantemente amenazado por fuerzas que querían limitar su poder o eliminarlo completamente. Todo cambió en 1953 cuando un golpe de estado orquestado por la cinia estadounidense y el M-6 británico bajo el nombre en clave Operación Axrocó al primer ministro democráticamente elegido Mohammad Mosadeg.
Mosadeg había cometido el pecado imperdonable de nacionalizar la industria petrolera iraní, desafiando los intereses de la Anglo Persian Oil Company, que más tarde se convertiría en BP. El golpe devolvió el poder absoluto al Sha y le enseñó una lección crucial. Con el respaldo de Estados Unidos podía hacer lo que quisiera en Irán.
Durante las siguientes dos décadas, el Shah transformó Irán en lo que él llamaba una isla de estabilidad, en una región turbulenta. Pero lo que muchos iraníes experimentaban como una dictadura moderna disfrazada de monarquía ilustrada, lanzó la Revolución Blanca, un ambicioso programa de modernización que incluía reforma agraria, alfabetización masiva, derechos de voto para las mujeres y nacionalización de recursos naturales.
En papel, estas reformas sonaban progresistas y visionarias. La realidad era mucho más complicada y oscura. La reforma agraria destruyó las estructuras tradicionales de la sociedad rural sin crear alternativas viables, empujando a millones de campesinos empobrecidos hacia las ciudades donde se acinaban en barrios marginales.
La modernización forzada atacaba directamente las tradiciones islámicas que millones de iraníes consideraban sagradas. Las mujeres fueron obligadas a quitarse el velo tradicional, una política que muchas experimentaban no como liberación, sino como humillación. Pero lo que realmente definía el régimen del Sha no era su modernización, sino su represión brutal.
En 1957, con ayuda de la CEUNA y el Mossad israelí, creó la Sabac, una de las organizaciones de inteligencia y seguridad más temidas [música] del mundo. La Sabac se convirtió en sinónimo de tortura sistemática, desapariciones, ejecuciones secretas y terror de estado. Amnistía internacional estimó que para mediados de los años 70 la SAAC mantenía entre 25,000 y 100,000 prisioneros políticos en condiciones atroces.
Los métodos de tortura de la Sabac eran tan brutales que incluso funcionarios estadounidenses expresaban privadamente su horror. Electros en genitales, violes, quemaduras con cigarrillos, extracción de uñas, golpizas salvajes. Todo mientras grababan los gritos de las víctimas para torturar psicológicamente a otros prisioneros.
El mensaje era claro. Cualquiera que desafiara al Sha sería destruido junto con su familia. El Sha también cultivaba un culto a la personalidad cada vez más delirante. Se veía a sí mismo como el heredero de los antiguos reyes persas, como Ciro el Grande y Darío. من درود با 1971 organizó la celebración más extravagante del siglo XX en Persépolis para conmemorar 2500 años de monarquía persa.
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