jueves, 22 de enero de 2026

FARSALIA, LA BULA DIESTRA

 FARSALIA, LA BULA DIESTRA


Suena esa palabra a mis oidos como un nombre funesto. Esa risueña villa y campo de la antigua Tesalia, aparecen a mis ojos como envueltos en un velo fatídico. Porque allí sucumbió la antigua libertad romana. En vano Bruto y Casio trataron de resucitarla más tarde; en vano lucharon y sucumbieron en los campos de Filipos; la libertad estaba ya muerta. Y ¡cosa extraña! la mató el pueblo, el vulgo, y no la aristocracia, que era en su mayor parte anti-cesarista.
La aristocracia romana era y fue siempre, en su mayor parte, eminentemente republicana. ¿Y qué era esa aristocracia? Pues era sencillamente la elección de aquella poderosa sociedad, de aquella nación pujante, que eclipsó a todas las otras y casi avasalló al mundo. Era lo selecto de ella. Todo hombre distinguido, fuera alta o baja su cuna, podía en Roma obtener los primeros cargos de la República. La mitad o más de los miembros que constituían el famoso Senado Romano era de origen plebeyo, o más propiamente hablando, había salido del pueblo o estado llano, como han salido todas las aristocracias del mundo.
Pero se eleva un poder rival del Senado, el Tribunado, el Tribuno de la Plebe, que en los primeros tiempos fue solamente un poder moderador, un veto, que reclamaba y exigía la apelación al sufragio, la sanción expresa por voto popular.
A ese nuevo poder apeló Gayo Julio César para luchar contra el Senado, ofreciendose como el más celoso defensor de sus prerrogativas o privilegios, y el Tribunado, en odio al Senado, ofreció a aquel ambicioso todo su apoyo, puso a su servicio las masas, en cuanto pudo su influencia en estas, y César triunfó, aparentando defender la libertad, y en realidad, hundiéndola en el corazón su puñal.
Pero hagamos también justicia a César. Los tiranos no vienen sino cuando los pueblos quieren ser esclavos. Esa frase es conocida universalmente, lo mismo que la exclamacion ¡Oh homines ad servitudinem paratos! (¡Oh, hombres preparados para la servidumbre!) Cuando la mayoria de una nación quiere un jefe único, se expone a crear un tirano; y seguramente no fue César el peor tirano de Roma. Fue el primero, después de los Tarquinos, pero lo fue, casi, por el voto popular. La aristocracia, aunque lo intentó, apoyada por la parte mas sensata del pueblo o sea del público, no pudo vencerlo.
Verdad es, por otra parte, que la nación Romana estaba a la sazón hastiada de contiendas intestinas, de luchas entre ambiciosos, como Syla y Mario, que socolor o pretexto del bien público, lo que principalmente querían era dominar. Despues de muertos o fallecidos esos dos célebres generales, entre los cuales es difícil decidir cual fue mas déspota, se levantaron otros mil, a disputarse la gestión o direción suprema de los negocios, visto que el público les prestaba su apoyo y concurso. ¡Oh homines ad servitudinem paratos! como decían los mismos romanos de aquel tiempo.
Es dudoso que Cayo Mario el viejo, y otros varios corifeos o seguidores de su partido, y aún del contrario, hubiesen renunciado voluntariamente a la dictadura, como lo hizo Lucio Cornelio Syla, pero como triunfó con César el llamado partido de Mario, o Tribunicio, y siguieron los césares en el poder, la mayor parte de los escritores de aquel tiempo, todos más o menos aduladores, inventaron mil fábulas para congraciarse con el partido dominante.
Un pueblo degradado no puede hacer otra cosa que crearse titanos; y cuando ve que estos luchan entre sí, disputándose la supremacía PP, cuando toda la nación anda revuelta y trastornada por guerras civiles, llega a ser tal el malestar del pueblo, que pide un Jefe único, para que, al menos, haya tranquilidad y se pueda vivir menos mal, aunque sea bajo el cetro de un déspota.
Bueno, pues a lo que vamos: va a resultar que en este país han creado un segundo partido de la diestra, tan impostada y artificial como el Tribuno de la Plebe o Tribunicio, que dice que viene a proteger los derechos de los cayetanos unos, y del vulgo, otros; vienen dos tontos execrables que quieren gobernar España como un único dictador para quedar exentos de veto a su poder, un "interrex borbón-pepe-voxero" para esclavizar de nuevo al pueblo, como en la monarquia dictadura; vienen tiempos de república, después de una monarquía cleptócrata como la Alfonsina con dictadura del cuñado de Rivera de Amurrio mediante.
¡Oh, hombres preparados para la servidumbre!— estoy leyendo La dictadura derrotada en Madrid De Los Borbones.
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