jueves, 5 de marzo de 2026

La carrera por capturar el último dodo. Durante siglos

 La carrera por capturar el último dodo. Durante siglos, el dodo fue símbolo de torpeza. Un ave grande, incapaz de volar, confiada hasta el extremo. Pero la historia real es menos burla y más tragedia.



El dodo vivía en la isla Mauricio, en el océano Índico. No tenía depredadores naturales. No necesitaba volar. No temía al ser humano porque nunca había visto uno.


Eso cambió en el siglo XVII.


Marineros holandeses llegaron a la isla y encontraron un animal grande, fácil de cazar y que no huía. Lo llamaron “dodo”, posiblemente derivado de una palabra que significaba “tonto”. Lo cazaron para alimentarse. Introdujeron cerdos, ratas y monos que destruyeron sus nidos. En pocas décadas, la población colapsó.


Lo inquietante es lo que ocurrió al final.


Cuando comenzaron a darse cuenta de que el dodo estaba desapareciendo, surgió un interés tardío por capturar uno vivo. Naturalistas y coleccionistas europeos querían tener el último ejemplar. No para salvarlo. Para exhibirlo.


Pero ya era tarde.


El último avistamiento confiable fue hacia 1662. Después, silencio.


El dodo no murió en una gran batalla. No hubo una escena épica. Fue borrado lentamente, sin que nadie entendiera del todo lo que estaba perdiendo.


Hoy es uno de los primeros símbolos modernos de extinción causada por el ser humano. Su historia no habla de un ave torpe.


Habla de una especie que nunca aprendió a temer.


Y de otra que nunca aprendió a detenerse.

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