GUILLERMO BROWN: “FUEGO RASANTE, QUE EL PUEBLO NOS CONTEMPLA”
No era un almirante de salón. Era un hombre gastado por el viento, con barcos inferiores y marineros que sabían que no había repliegue posible. Entonces dio la orden que lo define todo:
“Fuego rasante, que el pueblo nos contempla.”
No hablaba solo a sus hombres. Le hablaba a la historia.
Un mes después, frente a Quilmes, izó otra señal que era una sentencia:
“Es preferible irse a pique que rendir el pabellón.”
Y no fue retórica. En febrero de 1827, en Juncal, venció y capturó doce buques enemigos. Doce. Con coraje, no con ventaja.
Brown no fue héroe de juventud. En 1842, con 64 años, derrotó a Giuseppe Garibaldi en Costa Brava. Cuando pudieron atraparlo, dijo:
“Déjenlo escapar, que ese gringo es un valiente.”
Solo los grandes reconocen al enemigo sin desprecio.
En 1845, con 68 años, debió arriar el pabellón por órdenes del gobernador Rosas. Le ofrecieron servir a potencias extranjeras. Respondió sin dudar:
“Mi destino será siempre donde tremole el pabellón argentino.”
Murió en 1857, sin riquezas, sin honores buscados. Su confesor lo definió mejor que cualquier estatua: patriota incorruptible, cristiano firme, héroe al que el peligro nunca arredró. Mitre escribió que mientras flote una chalupa argentina, su nombre será invocado.
Brown no fue solo un almirante.
Valía como una flota.
Sumate GRATIS a nuestro canal de WhatsApp 


No hay comentarios:
Publicar un comentario