domingo, 30 de noviembre de 2025

Felipe IV de Francia el Hermoso



Felipe IV de Francia, el Hermoso:-

En 1314 Jacques de Molay, gran maestre del Temple, ardía en la hoguera. Su orden había sucumbido ante las ambiciones de un hombre, Felipe IV de Francia, de sobrenombre ‘el Hermoso’, quien, mediante una impresionante operación policial, prendió simultáneamente a todos los monjes guerreros del país. 


Hoy, sabiendo lo poderosos que eran los templarios, sigue impresionándonos la “hazaña” de Felipe. Pero estudiando su biografía constatamos que su gesta tenía truco, pues el rey llevaba decenios entrenando.


El 29 de noviembre de 1314 muere en Fontainebleau, Francia, Felipe IV de Francia apodado "el Hermoso", de la dinastía Capeto. (Fontainebleau, 1268 - 1314). 


Era hijo de Felipe III de Francia, a quien sucedió en 1285. Un año antes ya era rey de Navarra y duque de Champaña, por su matrimonio con Juana I de Navarra (1284). 


Fue un rey piadoso, aficionado a la caza y celoso de la grandeza de su linaje (hizo canonizar a su abuelo Luis IX); pero apenas se ocupó de los asuntos de gobierno, que dejó en manos de sus consejeros. Al morir le sucedió su hijo Luis X el Testarudo (0bstinado).


La Francia de finales del siglo XIII y principios del XIV estuvo gobernada por el monarca Felipe IV,  conocido históricamente como el Hermoso o como el Rey de Hierro, esto  último, a causa de su dura e intransigente personalidad. 


El periodo  histórico propuesto destaca por ser uno de los momentos más violentos de  toda la historia de la humanidad, ya que nos encontramos con el  desarrollo de las últimas cruzadas, con grandes hambrunas, persecuciones  religiosas, enfrentamientos feudales, complots políticos y enfermedades  contagiosas. 


Será con el avance del siglo XIV, cuando las cruzadas  vayan quedando apartadas, dejando paso al desarrollo del continente  europeo.


Felipe IV perteneció a la mítica dinastía real europea de los Capeto, fundada por Hugo Capeto(rey de los francos) en el siglo X. 


Desde el ascenso de Hugo Capeto al trono hasta la caída de Felipe IV, sólo once monarcas ostentaron la corona de Francia,  dejando todos ellos con vida a un heredero que pudiera perpetuar el  legado de la dinastía, algo que llevó a todos sus súbditos a bendecir a  los Capetos. 


Además, esta notable continuidad regia se plasmó en una  sociedad que se terminó acostumbrando a vivir bajo la misma ley, lo que  poco a poco dio lugar a una tímida encarnación de la idea de nación, la  cual emanaba de la persona del rey, puesto que el rey era Francia. 


No  obstante, la muerte de Felipe IV y la consiguiente convulsión en la  sucesión de monarcas posterior destruyó todos los avances logrados,  pasando los Capetos a ser vistos por sus súbditos como una dinastía  envuelta en la fatalidad y la maldición.


Felipe IV el Hermoso ya desde joven se hizo amo absoluto de  todas las decisiones del reino, convirtiendo a Francia en uno de los  ejes centrales de Europa. 


A pesar de todo, nuestro protagonista  no nació como heredero al trono francés, pues no fue el primogénito de  Felipe III el Atrevido, sino su segundo vástago. 


No obstante, el destino  jugo sus cartas, pues tras el envenenamiento de su hermano mayor Luis y  su consiguiente muerte, el joven Felipe se convirtió en el heredero de  su padre, sucediéndolo en 1285.


El monarca a lo largo de su reinado destacó por su ferrea mano para el  gobierno y sus políticas restrictivas, algo que le llevó a: dominar a  los barones del reino, permitir a sus vasallos comprar su libertad,  apagar la sublevación flamenca, frenar a los ingleses en Aquitania y  subyugar al Papado, convirtiéndose con esto en uno de los principales  protagonistas de la crisis que vivió el pontificado entre los siglos  XIII y XIV.  


Felipe IV, a través del atentado de Anagni (1303) contra el  Papa Bonifacio VIII (Pontífice que había intentado excomulgar al rey  francés a través de la bula Unam Sanctam), consiguió que este  abandonara la silla de San Pedro, se nombrara a un nuevo Papa (el  francés Clemente V, aunque anteriormente le precedió durante un año  Benedicto XI) y se trasladara la sede pontificia de Roma a Avignon a  partir de 1309 hasta 1377.


Por otro lado, el éxito del gobierno real también estuvo en  la intuición que tuvo Felipe el Hermoso para saber rodearse de hombres  notables (Guillermo de Nogaret o Enguerrand de Marigny) que  supieron aconsejarle sobre el rumbo que debían seguir sus mandatos,  encaminándose la mayoría de ellos a paliar las necesidades que  experimentaba continuamente el Tesoro de Francia. 


Algo que le llevó a  poner en marcha agobiantes impuestos, a variar el valor de la moneda y a  expoliar a los judíos. 


Sin embargo, la crisis económica se hizo notable  durante su reinado, lo que llevó al reino a la ruina y al hambre,  multiplicándose como consecuencia los motines y las ejecuciones en los  patíbulos, ya que nadie podía oponerse a la autoridad real,  todos debían inclinarse ante ella, consiguiendo así Felipe IV fortalecer  el poder real francés.


Soberanía que a ojos del rey estaba garantizada, puesto que la sucesión  al trono estaba a salvo, ya que contaba con tres hijos varones sanos:  Luis X, Felipe V y Carlos IV; casados con Margarita de Borgoña, Juana de  Borgoña y Blanca de Borgoña, respectivamente. 


Junto a estos varones  contaba con una cuarta hija: Isabel, reina de Inglaterra tras su  matrimonio con Eduardo II Plantagenet. Mujer que pasará a la historia  con el nombre de la Loba de Francia, ya que fue la directora de la  revuelta de los barones ingleses contra su marido, al que acabaron  derrocando y asesinando. 


Gobernó Inglaterra tras esto, junto a su amante  Sir Roger Mortimer en nombre de su hijo Eduardo III, hasta que este  tomó las riendas de Inglaterra mandando ahorcar al amante de su madre en  1330.


La suma de todo lo anterior, nos hace ver a Felipe IV como a uno de los soberanos más poderosos de toda la Cristiandad. 


No obstante, el monarca se encontró con un poder que logró desafiarlo y oponerse a él: La orden de los Caballeros del Temple


Esta mítica organización eclesiástico-militar ostentó una gloria y una  riqueza incalculables, además gracias a su pericia financiera contó con  señoríos repartidos por toda Europa, especialmente por Francia, donde  Felipe IV también les confió el control del Tesoro.


Felipe IV aprovechó el control adquirido sobre el Papado para  poner en marcha una conspiración contra el Temple, que lo destruyera y  le permitiera hacerse con sus riquezas. 


Así, bajo el  consentimiento de Clemente V (el Papa no tenía nada en contra de la  orden), Felipe IV ordenó a su consejero Nogaret que pusiera en  marcha en 1307 un proceso jurídico contra el Temple. 


El proceso, no  exento de corruptelas e intereses oscuros  (los caballeros deberían haber  sido juzgados mediante el derecho canónico), duró siete largos años  siendo en torno a quince mil hombres apresados, torturados, asesinados y  obligados a confesar bajo tormento cargos como: sodomía, idolatría,  hechicería, entre otros; en resumen, los templarios fueron tachados de  herejes, algo que condujo a la orden hacia su destrucción.


El colofón a esta conspiración llegó en marzo de 1314 con la condena y ejecución del gran maestre de la orden Jacques de Molay,  quien fue quemado vivo en la hoguera frente a una gran multitud, tras  ser duramente torturado y arrancadas de su garganta varias confesiones  falsas, gracias a la gran labor que los torturadores de Nogaret hicieron  con el cuerpo del gran maestre. 


Sin embargo, Molay se retractó  públicamente de sus confesiones antes de ser quemado vivo y profirió una  maldición con su último aliento contra el rey, el Papa y todos los  demás actores que habían participado de su desdicha.


Clemente V inició una pugna con el rey por los bienes templarios, pero Felipe no cedió hasta años después de la disolución de la orden en Francia, cuando se decidió que las propiedades del Temple pasaran a los caballeros hospitalarios. 


Para entonces el monarca francés ya se había hecho con todo el dinero y, además de liquidar sus deudas con los templarios, en un tremendo giro de guion, se proclamó prestamista de la orden.


Quizá Felipe habría continuado con sus saqueos, pero el de los templarios fue su último golpe. 


Tras la confiscación de todos los bienes del Temple, la situación económica debió haber mejorado, sin embargo  esto no fue así, ya que rápidamente el Tesoro francés volvió a dar  síntomas de agotamiento. 


A esto se unió un problema inesperado que  corrompió la tranquilidad del reinado, el escándalo de la torre de Nesle, el cual involucró a toda la familia real,  punto de partida de la maldición que persiguió a los Capetos hasta su  final. 


Lugar que se convirtió en un espacio de lujuria elegido por las  princesas borgoñonas, Blanca y Margarita, esposas de los príncipes  franceses Carlos IV y Luis X, para mantener citas con su amantes  secretos, los hermanos normandos Philippe y Gautier D’Aunay, quienes  además contaban con la ayuda y el encubrimiento de la otra princesa,  Juana, esposa del hermano restante, Felipe V.


El engaño fue descubierto por Isabel de Francia, la única hija de Felipe IV y hermana de los príncipes humillados. Cuando el escándalo estalló y salpicó a toda la familia real, el rey se mostró implacable con sus nueras y sus amantes. 


De esta forma, tras un largo consejo y tras serles arrancadas las  confesiones de adulterio mediante torturas a los hermanos D’Aunay, se  dictó sentencia. 


Los hermanos fueron condenados a ser: enrodados,  despellejados vivos, castrados, decapitados y colgados en público. 


Por  su parte, las nueras del rey, Margarita y Blanca fueron condenadas a ser  encarceladas de por vida en la fortaleza de Château-Gaillard


Juana la  nuera restante, por cómplice y encubridora del adulterio fue condenada a  ser encerrada en el torreón de Dourdan hasta que el rey la liberase. 


Apoyada por su madre Mahaut de Artois, se reconcilió con su marido, cuando este ya era el rey Felipe V, y se convirtió en reina de Francia en 1317. 


Además, las tres nueras, fueron condenadas también a  presenciar el calvario de sus amantes en persona a través de unas  carretas tapadas con lonas.


La familia real se desmoronó puesto que la condena de sus esposas dejaba a los tres hijos de Felipe IV sin capacidad para aumentar su descendencia, poniendo en peligro a los Capetos: Luis sólo contaba con una hija,  Juana, tachada de ilegitima tras el escándalo; Carlos no tenía  descendencia alguna con Blanca; Felipe contaba con tres hijas a las que  el escándalo también podía salpicar.


Los problemas para el rey no terminaron aquí, ya que el 20 de abril de  1314, se produjo la repentina muerte del Papa Clemente V, cumpliéndose  así el primer punto de la maldición de Molay, aunque pocos días antes  también había muerto en extrañas circunstancias el caballero Guillermo  de Nogaret (principal actor del proceso y las torturas contra los  templarios), maldito también.  


La línea Capeto acabaría cuando los tres hijos de Felipe IV murieron sin herederos, siendo llamados "los reyes malditos".


Con la venida del otoño de ese mismo año de 1314, llegará el momento culmen de la maldición, ya que en el mes de noviembre se producirá la muerte del monarca tras un supuesto accidente de caza, pues cuando iba a acometer una  estocada a un ciervo quedó paralizado, siéndole más tarde diagnosticado  un derrame cerebral en una zona no motriz del cerebro. 


Lo que le llevó a  estar postrado en cama, hasta el día de su muerte, el 29 de noviembre  de 1314. 


La maldición se había cumplido en su primera fase, ya que todos  los malditos directamente por el gran maestre, habían perecido antes  del término de ese fatídico año de 1314 (Nogaret y Clemente V en abril,  el rey en noviembre), como Molay había predicho antes que las llamas de  la hoguera abrasaran su lengua.


Sus restos fueron enterrados en la basílica de Saint-Denis. A petición propia, su corazón fue llevado al monasterio de Poissy en compañía de la Gran Cruz de los Templarios


Su sepultura, como la de otros príncipes y dignatarios que reposaban en ese lugar, fue profanada por los revolucionarios en 1793.


Sus contemporáneos lo juzgaron como poseedor de una extraña expresión  facial, pues su mirada era fija y no parpadeaba durante mucho tiempo, y  de una rara belleza y un físico entero «parecía una viva imagen de la  grandeza y majestad de los Reyes de Francia>>.


Cuando murió Felipe IV, le sucedió Luis X el Obstinado, que repudió a Margarita, y posiblemente la hizo matar en prisión, casándose de nuevo poco después.


Pero Luis X murió al poco tiempo después de jugar un partido de tenis especialmente enérgico, en 1316, dejando la sucesión en una situación peligrosa. 


Tenía una hija, Juana, sobre la que pesaba la losa de la infidelidad de su madre, y un hijo nonato con su segunda esposa, Juan, llamado Juan I el Póstumo, cuando nació, pero murió poco después.


Los nobles franceses no querían a una mujer en el trono tras todo lo que había pasado, así que le dieron el trono al hermano de Luis X, Felipe V el Largo.  


Para evitarse problemas, Felipe V reactivó la Ley Sálica, para evitar que las mujeres reinasen. 


Restableció a su mujer Juana, que estaba en arresto domiciliario desde el juicio a pesar de su inocencia. 


Felipe gobernaría junto a Juana hasta 1321, año en el que murió, pero sólo tenía hijas, y gracias a la Ley Sálica, fue su hermano Carlos IV, el que heredó el trono. Juana vivió tranquila el resto de su vida.


Carlos IV el Hermoso, una vez en el trono, pidió la nulidad de su matrimonio con Blanca, que llevaba encerrada en unos calabozos desde el juicio, y la mandó a una abadía, en la que fallecería al año siguiente, Carlos IV se casó de nuevo al poco tiempo de nuevo.


Pero a pesar de sus intentos, cuando Carlos IV murió en 1328, solo lo sobrevive una hija, que estaba embarazada, así como su tercera mujer, embarazada también, pero las dos dieron a luz niñas, por lo que no quedó ningún heredero real varón para continuar con la dinastía reinante.


Como nadie quiso modificar la Ley Sálica, se tuvo que buscar a un nuevo rey fuera de la familia, el elegido fue Felipe de Valois, primo de Carlos IV, de una rama menor emparentada con los Capetos, que subió al trono como Felipe VI, pero otro de los candidatos era el rey de Inglaterra, Eduardo III, hijo de la hermana de Carlos IV, Isabel, la descubridora del escándalo que llevó a esta situación, que también tenía derechos dinásticos.


Esto motivó el comienzo de la Guerra de los Cien años, que arrastraría a Francia e Inglaterra a tan famoso enfrentamiento, y todo por no dejar gobernar a una mujer…

La llamaron “demasiado fea” para Hollywood a los 20, “demasiado vieja” a los 50 y “inempleable” a los 70.


 La llamaron “demasiado fea” para Hollywood a los 20, “demasiado vieja” a los 50 y “inempleable” a los 70.

Luego ganó un Óscar a los 72.


Ruth Gordon nació en 1896 en Quincy, Massachusetts—una ciudad obrera donde su padre trabajaba como capitán de barco y su madre se agotaba en empleos mal pagados. Ruth era pequeña, de apariencia poco convencional para los estándares de Hollywood, y estaba obsesionada con actuar desde niña. A los 19, les dijo a sus padres trabajadores que se mudaba a Nueva York para convertirse en actriz. Pensaron que estaba loca. Ruth se fue de todos modos.


Ingresó en la American Academy of Dramatic Arts en 1915. Sus compañeros se burlaban de su aspecto: medía 1,57 m, tenía rasgos poco habituales, hablaba con un fuerte acento de Boston. Los directores de casting la miraban una vez y la descartaban.

“Demasiado fea para papeles protagónicos. Demasiado rara para papeles de carácter.”

Ruth no se rindió. Estudió voz, movimiento, interpretación. Aceptó cualquier papel: figuración, suplencias, producciones sin paga.


En 1915, a los 19, debutó en Broadway. Pasó otra década antes de conseguir un papel sustancial.

Para los años 30, Ruth era una actriz respetada del teatro—conocida por interpretar mujeres fuertes e inteligentes en obras de Shaw, Ibsen, Chéjov. Era buena. Los críticos la elogiaban. Pero a Hollywood no le importaban las credenciales teatrales si no parecías una estrella de cine.


Lo intentó de todos modos. En 1940, a los 44 años, interpretó a Mary Todd Lincoln en Abe Lincoln in Illinois. La nominaron al Óscar.

Luego Hollywood decidió que era demasiado mayor para papeles románticos y no lo bastante interesante para papeles secundarios. Durante los siguientes 25 años, Ruth trabajó de forma esporádica: algún papel teatral, pequeños roles en cine, largos periodos de desempleo.


Se casó dos veces. Su primer matrimonio terminó mal. Su segundo marido, Garson Kanin, era escritor/director, 16 años menor. Se casaron en 1942 y se volvieron socios creativos: juntos escribieron guiones como Adam’s Rib y Pat and Mike (las películas de Katharine Hepburn y Spencer Tracy).

Pero Ruth quería actuar, no solo escribir. Y nadie contrataba a una mujer de 50 o 60 años para papeles importantes.


A mediados de los 60, Ruth tenía casi 70 y estaba prácticamente sin trabajo. La industria la había borrado.

Entonces llamó Roman Polanski.


Polanski estaba buscando elenco para Rosemary’s Baby (1968), una película de terror sobre una mujer cuyos vecinos son parte de un culto satánico. Quería a Ruth para interpretar a Minnie Castevet, la vecina del infierno: entrometida, parlanchina, con una amabilidad tan intensa que escondía algo siniestro.

Ruth tenía 71 años. El papel requería energía, malicia y un timing cómico perfecto. Polanski se arriesgó.


La actuación de Ruth es extraordinaria. Es a la vez divertidísima y aterradora: una vecina metomentodo que parece encantadora… hasta que descubres que ayuda a Satanás a embarazar a Mia Farrow. El papel podía haber terminado en caricatura. Ruth lo hizo escalofriante.


Cuando se anunciaron las nominaciones, Ruth Gordon—de 71 años, ignorada por Hollywood durante décadas—fue nominada como Mejor Actriz de Reparto.

Ganó.


En los Óscar de 1969, Ruth subió al escenario con un sombrero de paja y aquel mismo acento de Boston que Hollywood había ridiculizado cincuenta años antes.

“No puedo decirles lo alentador que es algo como esto”, dijo, aferrada al Óscar. “Quiero agradecer a todos los que dijeron ‘No’ a lo largo del camino, porque han hecho este momento mucho más dulce.”


Ruth Gordon, a los 72 años, acababa de ganar su primer Óscar.


Rosemary’s Baby la hizo famosa. De pronto, la mujer que Hollywood había ignorado durante décadas era solicitada. Los directores querían “a la viejita de Rosemary’s Baby”.

Ruth trabajó sin parar durante sus 70:


Harold and Maude (1971)—interpretando a Maude, una mujer de 79 años que enseña a un joven obsesionado con la muerte a abrazar la vida. Al principio fue un fracaso, luego un clásico de culto, y convirtió a Ruth en un ícono para generaciones de inadaptados.


Where’s Poppa? (1970)


Every Which Way But Loose (1978)—interpretando a la madre de Clint Eastwood


Apariciones en televisión, comerciales, teatro


Se volvió conocida por interpretar mujeres mayores excéntricas, valientes, que se negaban a ser invisibles. Porque eso era Ruth: excéntrica, valiente, negándose a desaparecer.


En entrevistas era directa: “Lo más difícil de envejecer no es morir. Es que te ignoren. Yo sigo aquí. Sigo trabajando. ¿Por qué debería desaparecer?”

Y no lo hizo.


Ruth trabajó hasta los 88. Su última película, Maxie, se estrenó en 1985, el año en que murió.

El 28 de agosto de 1985, Ruth murió en su casa en Martha’s Vineyard. Tenía 88 años. Su esposo Garson estaba con ella. Había sufrido un derrame cerebral.

No hubo funeral público. Solo un homenaje privado con amigos cercanos.


Ruth vivió 88 años—70 de ellos como actriz. Le dijeron que era demasiado fea, demasiado vieja, demasiado rara, poco vendible. La rechazaron, estuvo desempleada, la ignoraron.

Y luego, a los 72, ganó un Óscar y se volvió una leyenda.


Esto es lo que realmente significa la historia de Ruth Gordon:

No trata de morir con gracia. Trata de negarse a desaparecer cuando el mundo quiere borrarte.

A Ruth le dijeron a los 20 que nunca tendría éxito porque no parecía una estrella. Tuvo éxito igual—en el teatro, en sus propios términos.

Le dijeron a los 50 que era demasiado mayor para Hollywood. Siguió trabajando—escribió guiones cuando no conseguía papeles.

Le dijeron a los 70 que era inempleable. Ganó un Óscar a los 72 y se volvió más famosa que nunca.


Harold and Maude pregunta: ¿qué significa vivir de verdad? La respuesta de Maude—la respuesta de Ruth—es negarse a aceptar los límites que otros imponen, mantenerse curiosa, elegir la alegría incluso cuando el mundo quiere que seas silenciosa e invisible.


Ruth no se fue en silencio. Trabajó hasta los 88. Interpretó personajes extraños, difíciles, sin vergüenza. Hizo que envejecer pareciera una aventura en lugar de un final.

Ruth Gordon medía 1,57 m, era de aspecto peculiar, hablaba con un acento que Hollywood detestaba. Fue rechazada durante 50 años antes de ganar un Óscar a los 72.


Enseñó a toda una generación de actores—especialmente mujeres—que no hacía falta ser joven, ni bella, ni convencional para importar.


La última frase de Harold and Maude pertenece a Maude: “Sal y ama un poco más.”

Ruth lo hizo. Durante 88 años. Hasta el día en que murió.


La llamaron demasiado fea a los 20, demasiado vieja a los 50, inempleable a los 70.

A los 72, ganó un Óscar y dijo: “Gracias a todos los que dijeron ‘No’, porque hicieron este momento más dulce.”

Ruth Gordon no se desvaneció con gracia. Brilló hasta el final.

Y esa es la historia que vale la pena contar.

sábado, 29 de noviembre de 2025

HABLEMOS CLARO!!




 HABLEMOS CLARO!!

1. La bandera tricolor (azul, blanca y amarilla ) fue creada como símbolo de unidad y representación del Archipiélago Canario, en 1961 en las fiestas del Pino...  mucho antes de cualquier vinculación directa con violencia. 

Las 7 estrellas en una primera bandera canaria fue ondeada en el ateneo de la Laguna ya en 1907 ,

Que un grupo armado (MPAIAC) la haya usado uniendo estos  símbolos de identidad  juntos en una misma bandera en la dictadura opresora de Franco  no convierte a la bandera en “terrorista”.


2. El MPAIAC nunca fue responsable del accidente de Los Rodeos en 1977, donde murieron 583 personas. 

Fue una tragedia causada por múltiples factores: una confusión en la torre de control, niebla densa y decisiones erróneas de las tripulaciones. 

Ni el informe oficial, ni la SENTENCIA (que es lo que vale, no opiniones que atacan una resolución judicial, calumnias?) responsabilizan a quienes ustedes dicen.


3. Culpabilizar a quienes usan una bandera por las acciones de un grupo que luchaba contra el Franquismo y dejo las armas en la democracia,  es como decir que la ikurriña representa a ETA o que la bandera española representa a un régimen dictatorial: es una falacia por asociación.

Vincular una bandera con terrorismo es como decir que quien usa la bandera de España es cómplice del GAL, del franquismo o de las guerras coloniales. Es un argumento simplista, peligroso y profundamente irresponsable.


4. Por último, reivindicar una identidad canaria no es reivindicar terrorismo, sino  ejercer el derecho a la memoria, cultura y expresión.


5. Culpar a una bandera por hechos complejos es una manipulación. 

Cada persona es libre de expresar su identidad, y quien acusa tan a la ligera debe asumir la responsabilidad de sus palabras.


6. La actual bandera oficial de Canarias, la de los perros que se arrodiyan ante la corona del rey que fue  impesta , es copia en colores y orden a la tricolor. 

Así que, siguiendo la lógica de conspiranoicos, todos (personas,

La pintura centenaria de San Roch




 La pintura centenaria de San Roch descubierta por investigadores italianos en 2017 es un hallazgo notable que arroja nueva luz sobre la representación de enfermedades en el arte medieval. El detalle del filamento blanco emergiendo de la herida en la pierna de San Roch, que se creía que era pus, ahora se cree que podría representar el gusano de Guinea, una infección parasitaria dolorosa que era común en la Europa medieval.


Este descubrimiento sugiere que los artistas medievales y la sociedad de la época estaban familiarizados con esta enfermedad y la representaban en sus obras de arte. La enfermedad del gusano de Guinea, causada por el parásito Dracunculus medinensis, se contrae a través de agua contaminada y se caracteriza por la aparición de gusanos largos y delgados que emergen lentamente a través de la piel.


La representación de esta enfermedad en la pintura de San Roch añade una nueva capa de significado a su legado como símbolo de curación. San Roch es conocido por su asociación con la peste y otras enfermedades, y este descubrimiento sugiere que su imagen puede haber sido utilizada para representar una variedad de afecciones médicas en el arte medieval. La Organización Mundial de la Salud ha lanzado campañas para erradicar la enfermedad del gusano de Guinea, y aunque casi ha sido erradicada, todavía se encuentran casos en algunas partes del mundo. El estudio de la representación de enfermedades en el arte puede proporcionar valiosa información sobre la historia de la medicina y la comprensión de las enfermedades en diferentes épocas y culturas.

viernes, 28 de noviembre de 2025

El nombre feTeresa




2R El nombre Teresa:

El nombre Teresa:


 Tiene raíces griegas y se deriva de "Therasia," que significa "cosechadora" o "aquella que cosecha." También se asocia con la isla griega de Therasia, lo que aporta un simbolismo geográfico y de fortaleza natural. Teresa es un nombre cargado de historia, utilizado a lo largo de los siglos por figuras religiosas, literarias y sociales.


El nombre evoca imágenes de sensibilidad, compromiso y fuerza interior. Personas llamadas Teresa suelen destacarse por su capacidad de empatía, su carácter firme y su dedicación en todo lo que emprenden.


Fuentes:


Diccionario de Nombres Propios


Historia y etimología de nombres griegos


Análisis histórico y cultural del nombre Teresa

 Tiene raíces griegas y se deriva de "Therasia," que significa "cosechadora" o "aquella que cosecha." También se asocia con la isla griega de Therasia, lo que aporta un simbolismo geográfico y de fortaleza natural. Teresa es un nombre cargado de historia, utilizado a lo largo de los siglos por figuras religiosas, literarias y sociales.


El nombre evoca imágenes de sensibilidad, compromiso y fuerza interior. Personas llamadas Teresa suelen destacarse por su capacidad de empatía, su carácter firme y su dedicación en todo lo que emprenden.


Fuentes:


Diccionario de Nombres Propios


Historia y etimología de nombres griegos


Análisis histórico y cultural del nombre Teresa

Alfonso Xll

 



#taldíacomohoy el 28 de Noviembre de 1857 nació ALFONSO XII, rey de España, quien protagonizará una GRAN HISTORIA DE AMOR junto con su prima MARIA DE LAS MERCEDES de Orleans y Borbón. Esta historia de amor fue inmortalizada en la copla Romance de María de las Mercedes, de 1948, y el largometraje ¿Dónde vas Alfonso XII?, de 1959. Dos recreaciones de la historia de amor entre los nietos del rey Fernando VII

Maria de las Mercedes era hija de su tía María Luisa de Borbón y Antonio de Orleans, duque de Montpensier, el mayor enemigo de su progenitora, Isabel II, ese que tanto había movido para que fuese expulsada en 1868.

La chispa entre Alfonso y Maria de las Mercedes surgió cuando se encontraron en el castillo galo de Randan las Navidades de 1872, en un intento de su abuela materna por reconciliar a los Borbón con los Orleans.

Las crónicas de entonces dicen que era resultona, menuda y alegre. Otras le pintan bigote. Según varias, el pretendiente le llegó a confesar a un compañero de estudios del Theresianum de Viena que “cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia”.


El día de su 20 cumpleaños, el 28 de noviembre de 1877, el rey decidió que se casaría con su prima, esa a la que, tres años antes, cuando se despidió del exilio para ocupar el trono de España, le había prometido que “nada ha cambiado para mí, si soy rey, tú serás mi reina, y prefiero dejar de serlo antes de que dejes de ser mi mujer”.


Desde París, la primera en oponerse al matrimonio de su hijo y su sobrina fue la reina Isabel II, llegando a asegurar que “ni atada voy a esa boda”, ya que “contra la muchacha no tengo nada, pero con Montpensier no transigiré nunca”. A pesar de esta última afirmación, en la intimidad, tildó a su hija política de “mosquita muerta”.


El padre de María de las Mercedes se tuvo que conformar con ver la boda desde la barrera de la primera fila, ya que le impidieron ejercer de padrino al ser, en gran medida, responsable del derrocamiento de su cuñada y, ahora también, consuegra. Venido desde Francia, se hizo cargo del papel el ex rey consorte o rey consorte emérito, Francisco de Asís, progenitor oficial del novio.


La mayoría de historiadores le atribuyen al militar Enrique Puigmoltó, apodado como “el pollo real”, la paternidad biológica de Alfonso XII, aunque otros se la conceden a Enrique de Borbón, hermano de Francisco de Asís. Enrique de Sevilla había sido asesinado por el duque de Montpensier (el padre de la novia) en un duelo ilegal a pistola celebrado al amanecer del 12 de marzo de 1870.

El Gobierno también estaba en contra de la unión, ya que prefería como reina a una princesa de alguna corte extranjera con la que llevar a cabo alianzas políticas.


Las crónicas de entonces dicen que era resultona, menuda y alegre. Otras le pintan bigote. Según varias, el pretendiente le llegó a confesar a un compañero de estudios del Theresianum de Viena que “cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia”. 


No cabe duda de que al rey le gustaba María de las Mercedes, pero además, eligiéndola a ella, que la había visto en carne y hueso, se evitaba decidir esposa a través de un catálogo de retratos de princesas europeas que agrandaban virtudes y escondían defectos. 


El día de su 20 cumpleaños, el 28 de noviembre de 1877, el rey decidió que se casaría con su prima, esa a la que, tres años antes, cuando se despidió del exilio para ocupar el trono de España, le había prometido que “nada ha cambiado para mí, si soy rey, tú serás mi reina, y prefiero dejar de serlo antes de que dejes de ser mi mujer”.


Desde París, la primera en oponerse al matrimonio de su hijo y su sobrina fue la reina Isabel II, llegando a asegurar que “ni atada voy a esa boda”, ya que “contra la muchacha no tengo nada, pero con Montpensier no transigiré nunca”. A pesar de esta última afirmación, en la intimidad, tildó a su hija política de “mosquita muerta”. 


El padre de María de las Mercedes se tuvo que conformar con ver la boda desde la barrera de la primera fila, ya que le impidieron ejercer de padrino al ser, en gran medida, responsable del derrocamiento de su cuñada y, ahora también, consuegra. Venido desde Francia, se hizo cargo del papel el ex rey consorte o rey consorte emérito, Francisco de Asís, progenitor oficial del novio. La mayoría de historiadores le atribuyen al militar Enrique Puigmoltó, apodado como “el pollo real”, la paternidad biológica de Alfonso XII, aunque otros se la conceden a Enrique de Borbón (hermano de Francisco de Asís), quien había sido asesinado por el duque de Montpensier (el padre de la novia) en un duelo ilegal a pistola celebrado al amanecer del 12 de marzo de 1870. 


El Gobierno también estaba en contra de la unión, ya que prefería como reina a una princesa de alguna corte extranjera con la que llevar a cabo alianzas políticas. 


La noche antes de la ceremonia se comunicó por teléfono con su prometido, que pernoctó en el palacio de El Pardo, siendo esta la primera conexión a larga distancia que se estableció en España. 


La noche de bodas se encendieron por primera vez luces eléctricas en la Puerta del Sol a través de faroles con arcos voltaicos y las fuentes de Cibeles y Neptuno se rodearon con mecheros de gas encerrados en globos de colores.


El pueblo compuso una coplilla que rezaba:

“Quieren hoy con más delirio,

a su rey los españoles,

pues por amor va a casarse,

como se casan los pobres”.


#sevillamagicayeterna  #AlfonsoXII #historiadeamor #historiadesevilla #historiareal #historia #curiosidades

“Perderse y encontrarse, esa es la vida del amor”.




 “Perderse y encontrarse, esa es la vida del amor”.


Estoy tan enamorado de estos dos gusanos, míralos.

#Frankenstein
#FrankensteinPelícula
#La Criatura
#Elizabeth Lavenza
#Elizabeth Harlander
#FanArteDeFrankenstein
#MiArte