El 3 de abril de 1545 murió Antonio de Guevara, escritor, historiador y eclesiástico que fue uno de los autores más populares del Renacimiento (se ha calculado que sus obras se publicaron durante los siglos XVI y XVII más de 600 veces por toda Europa).
Nacido en Treceño (Cantabria) en 1480, era hijo de Juan Beltrán de Guevara y de su esposa Ana o Inés de Ureña, procedía por el lado de su familia paterna de los señores de Guevara y Oñate aunque su abuela paterna y su madre fueron judeoconversas. Fue segundón y como tal se le destinó a la carrera eclesiástica, aunque gracias a los buenos oficios de un tío suyo pudo educarse en la Corte, «do me crie, crescí y viví algunos tiempos, más acompañado de vicios que no de cuidados». Fue primo del embajador Diego de Guevara.
Allí, según él, aunque no se ha podido documentar, fue paje del príncipe don Juan y, muerto este, de la reina Isabel la Católica. Una vez fallecida la reina, profesó en la Orden de San Francisco, en la que ascendió con celeridad: fue guardián de los monasterios de Arévalo y de Soria en 1518, y definidor de su provincia eclesiástica el 11 de noviembre de 1520. El 30 del mismo mes y año se encontraba en Villabrágima como portador de unas provisiones imperiales para terminar la Insurrección de los comuneros con el denominado «razonamiento de Villabrágima»; sin embargo, salió de este encuentro «mal tratado y peor servido». Estuvo, pues, en la Corte del emperador Carlos V durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, y este le premió su fidelidad nombrándole predicador real en 1521. Viajó a Inglaterra en junio de 1522, donde tanto habrían de influir sus obras, y en mayo de 1523 asistió al capítulo general de su orden en Burgos. Durante los años siguientes recorrió varias ciudades de Castilla junto al emperador.
Se hallaba en Valencia el 10 de mayo de 1525 como miembro de una comisión encargada de convertir a los moriscos de ese reino, participó en la guerra contra los moriscos de la sierra de Espadán y fue herido antes de que se rindieran el 19 de septiembre de 1526. El 7 de diciembre de este año, en Granada, tuvo alguna parte en la redacción de un edicto contra los moriscos. A comienzos de 1527 Carlos V lo nombró su cronista oficial y se trasladó a Valladolid el 27 de junio para participar en la junta de 24 teólogos que debía dictaminar sobre las obras de Erasmo de Róterdam.
Publicó de forma clandestina en Sevilla su Libro áureo del emperador Marco Aurelio (1528), que pretendía ser una propuesta al emperador Carlos V sobre el modelo de monarca. Un año más tarde, esta obra se convirtió en libro doctrinal y ejemplar del perfecto modo de gobernar, y fue traducida a varios idiomas. Estuvo en el Consejo del Emperador y es muy posible que le escribiera los importantes discursos que hubo este de pronunciar, primero, ante las Cortes de Monzón en respuesta al desafío de Francisco I (junio de 1528). Ese año fue nombrado obispo de Guadix, pero solo en 1529 obtuvo permiso real para marchar a esa diócesis, pese a lo cual todavía continuó acompañando al Emperador en la empresa de Túnez entre 1535 y 1536. Durante este último año se halló en Roma con motivo de la coronación del Emperador. Asimismo actuó como predicador en el funeral de la Emperatriz (Toledo, 1538).
En 1537 fue nombrado obispo de Mondoñedo, pero la Corte le sustraía continuamente de sus cargos eclesiásticos (y hay que pensar, por lo que se sabe, que con bastante gusto suyo) con diversos cometidos, entre ellos vigilar la edición de sus libros. En la Corte escribió su Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea (1539), libro que influyó en muchos autores y fue traducido al momento al francés (Lyon, 1542), al inglés (Londres, 1548), al italiano (Florencia, 1601) y al alemán (1604). El 3 de mayo de 1541 promulgó unas Constituciones Sinodales que fueron muy importantes para la historia de la Iglesia mindoniense.


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