EL AGUILUCHO IMPERIAL 🇫🇷 🦅
El 20 de marzo de 1811, el Emperador de los franceses, Napoleón I, vio cumplido su más ansiado deseo; en el Palacio de las Tullerías la Emperatriz María Luisa le hace padre de un heredero legítimo. Con una salva de cien cañonazos los parisinos serían informados de la noticia. El joven príncipe imperial recibe, desde su nacimiento, el título de rey de Roma. Su nombre completo era Napoleón François Charles Joseph.
En los pocos días en que su padre no estaba ausente, Madame de Montesquiou, institutriz y encargada de la educación del príncipe, le llevaba todas las mañanas el niño al emperador, quien lo abrazaba y lo mecía en sus rodillas. Cariñosa e inteligente, la institutriz reunió además una considerable colección de libros destinados a dar al niño una sólida base en religión, filosofía e historia.
En campaña, Bonaparte llevaba consigo un gran retrato de su hijo; supuestamente le mostró una pintura de este tipo a sus soldados antes de la Batalla de Borodino para galvanizar a sus tropas.
Después de la derrota de las fuerzas francesas en 1814 durante la Campaña de Francia contra los ejércitos rusos, prusianos y también los de su abuelo austríaco, su padre fue depuesto, y bajo la presión de sus mariscales, el 4 de abril redactó en Fontainebleau una acta de abdicación salvaguardando los derechos de su hijo, pero ante el rechazo de los Aliados, abdicó nuevamente el 6 de abril, esta vez incondicionalmente, fue exiliado a la isla de Elba y el pequeño Napoleón sería llevado con su madre a Austria. No volvería a ver a su padre nunca más, mantenido como estaba en el Palacio de Schönbrunn en Viena. Permanecería allí por el resto de su vida.
De inmediato, bajo la batuta del Canciller Metternich, se puso en marcha una concienzuda operación que, como temía su padre, estaba destinada a transformar a su hijo en un archiduque austríaco. Se comenzó por hacerle olvidar su primer nombre para pasar a llamarlo Francisco (Franz), como su abuelo, y apenas cumplidos los siete años se le concedió el título de duque de Reichstadt, con el fin de obviar cualquier referencia a su anterior estatus de príncipe imperial.
En 1820, el jóven había completado sus estudios elementales y comenzó su entrenamiento militar, aprendiendo también alemán, italiano y matemáticas, además de recibir entrenamiento físico avanzado. Su carrera militar oficial comenzó a los 12 años, en 1823, cuando fue nombrado cadete del ejército austríaco. Los informes de sus tutores describen a Napoleón como inteligente, serio y centrado.
En 1822, ocurrió en Francia una conspiración para derrocar a los Borbones, que aparentemente también intentaba devolver a Napoleón II al trono, aunque no está claro hasta qué punto eran bonapartistas los comprometidos. Pues aunque el joven duque de Reichstadt residía en Viena, a los ojos de los bonapartistas seguía siendo el heredero del trono imperial de Francia, sobre todo después de la muerte de su padre en 1821. Así, alcanzó la adolescencia, huérfano de padre y con una madre cuya presencia era únicamente epistolar. Le compensó de su soledad la especial predilección que sentía por él su abuelo, el Emperador austríaco.
El hijo de Napoleón Bonaparte se convirtió en objeto de preocupación y fascinación para las monarquías de Europa y los gobernantes de Francia, en este punto el canciller Metternich fue muy astuto en usar al joven en las negociaciones con los franceses para obtener ventajas para Austria.
En 1830, cuando el rey Carlos X perdió el trono de Francia, el joven Napoleón, ya enfermo de tuberculosis, no pudo plantearse ningún intento de sucesión. Se le voceo también para ocupar los tronos en Bélgica y Polonia pero la enfermedad ya había hecho estragos en el joven archiduque, quien, por otro lado, nunca se declaró sobre un posible retorno a Francia o a cualquier otro país.
En la primavera de 1832, el joven no era más que piel y huesos y apenas se podía mantener en pie. Ya en esos años se rumoreaba acerca de la responsabilidad de Metternich por la mala salud del príncipe. E incluso se habló de envenenamiento. Desde hacía varios años, su madre, María Luisa, había insistido en que se permitiera a su hijo viajar a Italia, para que el benigno clima mediterráneo fortalecería sus pulmones. Pero el canciller siempre se negó. Temía lo que pudiera suceder si el jóven cruzaba la frontera austríaca.
Napoleón II, falleció a causa de la tuberculosis el 22 de julio de 1832, en el palacio de Schönbrunn. Tenía solo 21 años.
📌 En 1940 sus restos fueron trasladados, desde Viena a la cúpula de Los Inválidos de París, para ser colocados junto a la tumba de su padre. Como un acto de buena voluntad del Canciller alemán con el pueblo francés.
📌 En 1900, el escritor Edmond Rostand rindió homenaje al príncipe al convertirlo en el personaje principal de una obra de teatro llamada L'Aiglon (El Aguilucho). Así, bajo este nombre la historia ha recordado a este joven, cuyos momentos terrenales resultaron tan fugaces y que él mismo admitió: “Mi historia es mi nacimiento y mi muerte. Entre mi cuna y mi tumba, hay un gran cero”.
📌 Hubo rumores de una relación amorosa entre la archiduquesa Sofía y Napoleón II, así como la posibilidad de que el segundo hijo de ella, Maximiliano, futuro emperador de México, nacido en 1832, fuera el resultado del romance.
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