jueves, 29 de enero de 2026

ATILA EL HUNO Y EL PAPA LEÓN I

 ATILA EL HUNO Y EL PAPA LEÓN I 



En el año 452, Atila, el rey de los hunos, al que muchos llamaban «el azote de Dios», irrumpió en Italia sin que los debilitados ejércitos romanos del general Aecio y sus aliados bárbaros pudieran hacer algo. El año anterior una gran coalición de romanos, visigodos, burgundios, francos y alanos, habían logrado que se retirara de la Galia, pero el caudillo no se dió por vencido y volvió con renovadas fuerzas. Le animaba además la promesa de matrimonio realizada por Honoria, hermana del Emperador. La ciudad de Aquilea fue completamente devastada y Valentiniano III abandonó la corte de Rávena para refugiarse en Roma.


Si bien en el siglo V la figura del papa aún no alcanzaba el poder que tendría en los siglos posteriores, la población de Roma, recurrió a él  como último recurso dada la incapacidad evidente de su Emperador.


Los relatos contemporáneos nos dicen que León I, entonces papa, salió de Roma y se dirigió al norte para encontrar a Atila cerca de la ciudad de Mantua, lo acompañaban Avieno, un hombre de rango consular, y el prefecto Trigecio.


No hay registro fidedigno de las palabras que pudieron intercambiar en su reunión, pero después de ella, Atila ordenó a sus tropas levantar su campamento y retirarse hacia sus bases en Panonia.


Por alguna razón, hay varias hipótesis, incluida la aparición de la peste en el ejército huno, una hambruna el año anterior en los territorios del Imperio, que puede haber impedido la capacidad de los hunos de obtener suministros, y el ataque del emperador oriental contra las tierras hunas más allá del Danubio, que Atila se alejó de Italia y retorno a su base de operaciones (en la actual Hungría) a cambio del pago de un tributo, que al final no se habría llegado a efectuar.


El historiador Prisco, contemporáneo de esos hechos, señala que fueron sus propios hombres quienes disuadieron a Atila de atacar Roma porque temían que tuviera el mismo destino del rey visigodo Alarico, quien falleció poco después de saquear la ciudad en el año 410.


Sin embargo, la gente en ese entonces creyó que León, además de la gracia divina, era la razón por la que Atila se había retirado. A partir de entonces lo llamaron León el Grande y el pontífice logró no solo una victoria para Roma sino también para su Iglesia. En los años futuros, a medida que el poder secular de Roma continuó desvaneciéndose, el poder de la Iglesia romana y el del papa, aumentó considerablemente.


Algunos años más adelante, en el 455, León I se enfrentó con otra invasión. Esta vez, fueron los vándalos los que amenazaron Roma. Pero en esa oportunidad no hubo milagro y el papa no pudo impedir que los bárbaros entraran en la ciudad, pero sí consiguió –y fue un logro importante– convencer a su rey Genserico que no la arrasara.


Los hunos por su parte, regresaron a casa. Según Sidonio, Atila bromeó diciendo que sabía cómo conquistar hombres, pero el león (papa León) y el lobo (San Lupus de Troyes) eran demasiado fuertes para él.


El siguiente objetivo de Atila fue el Imperio Romano de Oriente. Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de iniciar esta empresa. Constantinopla sobreviviría durante mil años más, pero la vida de Atila pronto terminaría.


Aunque ya tenía varias esposas, Atila tomó otra tras retornar de Italia. Celebrando el evento, en algún momento durante los primeros meses de 453, bebió mucho y falleció en su noche de bodas. La mayoría de los historiadores dicen que la causa fue una hemorragia nasal, tal vez por una arteria reventada. El poderoso rey huno había gobernado sólo ocho años pero su fama ha perdurado hasta nuestros días.


Gracias por su lectura y difusión 👍 


🎨 “Atila y León el Grande”, ilustración de Ugo Pinson.

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