miércoles, 17 de diciembre de 2025

El gallo que no canta en su gallinero es porque ya cantó en el forastero

 


Dedicado "amablemente" a quienes no les apetecía tener relación con su mujer, por haberla tenido con otras mujeres. Contrasta este decir un tanto conformista, como hecho irremediable, de esa arcaica sumisión que en tiempos pasados le debía la mujer al marido, y contrasta con la expresión castellana de "poner los cuernos", referido a la infidelidad matrimonial.



Esta expresión o locución castellana según algunas fuentes tiene su origen en las costumbres vikingas y el derecho de pernada de los jefes tribales sobre las mujeres de su entorno, quienes acostumbraban a poner sobre la puerta de la "casa" ajena su casco y los cuernos de beber cuando mantenían las relaciones sexuales, al objeto de advertir de su presencia en la misma.


Otras fuentes, por lo lejano que resulta este costumbrismo, refieren que se debe a la fábula de Pitas Payas en el El libro de buen amor, de Juan Ruiz conocido como el Arcipreste de Hita (1284-1351). El poema narra de cuando el pintor Pitas Payas recién casado, antes de marchar a Flandes, pintó bajo el ombligo de su bella mujer un pequeño cordero en garantía que la impidiera hacer cualquier locura. Meses después, ella viéndose sola y deseosa, tomó un amigo que le acompañaba en la cama, borrándose el cordero. Habían pasado dos años cuanto tuvo noticias de la vuelta del pintor, y pidió a su amante le pintara en el mismo lugar un cordero. Con las prisas según narra, pintó un carnero con buena cornamenta. Así, cuando llega Pitas Payas y comprueba la pintura en el cuerpo de su mujer, sorprendido le espetó:


«─ ¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar que yo pinté corder y encuentro este manjar?.

Como en estas razones es siempre la muger sutil y mal sabida, dijo:

─ ¿Qué, monseñer? ¿Petit corder, dos años, no se ha de hacer carner? Si no tardaseis tanto, aún sería corder».


En las islas, en el léxico los atributos que dan nombre coloquial a estas costumbres son llamadas de distinta manera, y como bien dice el diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, se llama tarro al «Cuerno de los animales. 'A la cabra que tiene los tarros abiertos la llaman ballestera'».


De ahí que Pancho Guerra en su léxico recoja, con cierta interpretación machista debida a los tiempos que corrían, «TARROS.- En sentido figurado: cuernos, aplicado a aquellos que por otra denominación se les dice "cabrones". Se dice se le "pone los tarros" al marido engañado con otro hombre por una mujer. ¿Es cubanismo?».


Siempre las referencias serán en definir que quien practica la infidelidad es la mujer, nunca el hombre, y así incluye varias entradas a su léxico: «TARROS = figur. cuernos, de mujer infiel, infidelidades hacia su marido»; «ENTARRAR = poner los cuernos, ser infiel». Sí parece no distinguir el género del infiel cuando define «COBIJAR.- Tener trato íntimo con mujer, especialmente el furtivo» y «FALTAR = ser infiel en el matrimonio», definición que parece derivar de su sinónimo de ofender.


Siempre fue utilizado también como una clara ofensa, tal como lo relata en su libro Memorias de Pepe Monagas:


«Recompuse la cara para que no se dieran el gustazo de averme dolido. Llegué, aparentemente, tan fresco y tan ancho como la hoja de una ñamera. Asomé a la puerta y me planté en el umbral.

─ Mastro Juan Garepa- dije al patrón, que me miró cambado y suspenso ante la descarada cita de mi nombrete, en cuya entonación cargué la mano-, que dise mastro Lorenzo que en lugar de estar dando el requilorio con la piedra de la serda, que pa que no agarra usté uno de los dos tarros que tiene -de su mujer,¿sabe?-, que seguro que le hasen mejor oficio ...

La carcajada del corrillo de cotorrones se oyó en el barranco de Arguineguin. Atrás me zingó en el oído un tarugo de tea, que todo lo que anduve liviano para destorcerme, no me trincó, abriéndome un túnel como el de Telde».


En tiempos de la gran emigración de canarios que se buscaban la vida en Cuba, antes y después de su independencia de España en 1899, recoge Pancho Guerra otras locuciones que hacían referencia a las secuencias que se daban con las esposas que aquí quedaban: «"El padre hay más de dos años que fue pa la Habana, cristiano". En el bautizo, cuando el cura pregunta por el padre del crío. Discusión entre la suegra y la nuera». De donde la mención de la capital cubana lo era para apuntalar la infidelidad de la mujer con su marido ausente, cuando probablemente ella venía ostentando silenciosamente la condición de "Viuda Blanca", según se describe en la película documental de producción canaria realizada por Ana Pérez Pinto, Dailo Barco Machado y Estrella Monterrey en 2012 ( Tráiler Viudas Blancas).


Algo parecido sucedió en la guerra civil española, cuando fueron movilizados muchos maridos obligados por la Dictadura que dejaban en las islas a sus mujeres, quienes se auto-consolaban con el decir "Lo que va allá, no viene aquí" o algo similar "Lo que se deja allá, no viene aquí", típica airosa contestación cuando alguna vecina "jodelona" pudiera apuntar maliciosamente la posible vida amorosa que su marido pudiera tener en la península, dado que lo importante para su familia era que el hombre regresara vivo de una guerra que solo deparó odio y auténticas miserias humanas.


Ahora, en pleno siglo XXI, parece que viajamos en la imaginaria máquina del tiempo, hacia atrás para redescubrir a nuestro "gallo" en las fronteras del siglo XIX, cuando pastores eclesiásticos de Granada anclados en Trento, editan panfletos o manuales que ordenan en imperativo a la mujer  "cásate y se sumisa"También hay proclamas de ortodoxos periodistas de mucha Razón, predicando que "habrá que enseñar a las mujeres a no quedarse embarazadas". Mentes privilegiadas que han compuesto el nuevo teorema de Pitágoras, de dos cuadrados catetos: "Ser casada, sumisa y no quedar embarazada". Es la nueva ilustración inquisitorial de la cuadrada hipotenusa.


Mejor seguir con nuestros decires, a pesar de que algunos ignoran sus enseñanzas: Hablar bien y dar buena respuesta, mucho vale y poco cuesta.

Por un comino no se pierde un mojo

 



Este decir es una adaptación del castellano "Por un garbanzo no se descompone el puchero" u otras versiones similaresque trata como es sabido, cuando alguien falta, su ausencia no es motivo suficiente para que deje de celebrarse o hacerse lo que se trata.


No resulta extraña la referencia al comino dada su presencia en los típicos mojos verde y rojo, donde es un ingrediente común al igual que la cabeza de ajo, el vinagre, el aceite de oliva y la sal gorda, y los componentes variables son los que se añaden para definir las características finales del mojo según sea verde o rojo. Además de la utilización de esta especie en distintos potajes canarios.

El recurso a la inclusión del comino en el decir, tiene su lógica pues conociendo que la cantidad requerida para los mojos es una cucharilla de comino, el sentido figurado que falte un grano de semilla, no altera para nada la calidad del mojo. Igual como sucede con aquellos que se creen indispensables para todo, creyéndose que sin su presencia cualquier acto o reunión colectiva se suspenderá.

También tenemos la locución castellana "Me importa un comino" utilizada para manifestar desinterés, que recurre también figuradamente a una semilla de comino, probablemente por lo menuda que es la misma y lo común, tal como sucede cuando en esta locución se sustituye el comino por el bledo, en este caso por tratarse de una planta salsolácea cuyos tallos llegan hasta el suelo, y si bien son comestibles, su aprecio es bajo.

Precisamente por esa menudencia del comino, Pancho Guerra recoge el sentido figurado con que es usado en el léxico canario que no tiene nada que ver con nuestro decir, cuando nos referimos de forma risueña a los atrevidos niños: «COMINO.- Dícese de los niños cuando prematuramente hombrean o se manifiestan resabidillos. También suele aplicarse a las personas de baja estatura». 

En más de una ocasión todavía oímos la expresión "valiente comino" dirigida cariñosamente a un niño que emula frases o comportamientos que corresponde a personas mayores, trasladando cierta sorpresa y satisfacción a quien la pronuncia precisamente por lo inesperado que es para el niño que consideramos una "menudencia" como el aludido comino.

El 17 de Diciembre de 1905 en Rautjärvi, Gran Ducado de Finlandia




 El 17 de Diciembre de 1905 en Rautjärvi, Gran Ducado de Finlandia, nacía el mas letal francotirador de la Segunda Guerra Mundial, ese día llegaba al mundo Simo Häyhä, más conocido como "La muerte blanca".

En 1905, el Gran Ducado de Finlandia aún pertenecía al Imperio ruso, por ello pese a un seguro futuro de granjero, el servicio militar obligatorio al que fue convocado en 1925 cambió sus planes, esto puso el germen de su pasión por las armas. Al estallar la WW2 y en el marco de la llamada Guerra de Invierno, la URSS invade Finlandia, Simo, quién ya era un francotirador de élite de la "Suojeluskunta" (Guardia Civil Finlandesa) fue destinado a Kollaa en Noviembre de 1939. Las fuerzas soviéticas superaban en número de efectivos 100 a 1 a las finlandesas, por ello, las fuerzas locales estaban obligadas a batallar con táctica de guerra de guerrillas y evitar el enfrentamiento abierto.
Dentro de este panorama, el cuerpo de francotiradores se transformaba en crucial para la defensa, Simo se desempeñaba de manera solitaria y con sus propios métodos. Vestido totalmente de blanco solía parapetarse detrás de una montaña de nieve que él mismo compactaba para que al disparar no se moviese y tornar casi imposible descubrir el origen de los disparos, además para no emitir vapor al respirar llenaba su boca de nieve. Las condiciones extremas como -40°C, hacían que el estado de su arma fuera esencial, su Fusil de largo alcance Mosin Nagant M28 y su subfusil de corto alcance Suomi M-31 SMG eran confiables y letales. Simo se negó a utilizar miras telescópicas, no confiaba en ellas, se empañaban imprevistamente y un fortuito reflejo en la lente frontal podía delatar su posición.
En pocos meses su escuadrón le acreditó 542 soldados rusos abatidos, aunque se estima que fueron mas de 700, esto le valió el apodo de "Biélaya Smiértch" (La muerte blanca). Para infundir terror al invasor soviético, a las víctimas de Simo se las dejaba congelar y se las colocaba de pié en campos abiertos para prevenir sobre las consecuencias de avanzar dentro del territorio finlandés. La guerra se acabó para él cuando el 6 de Marzo de 1940, un disparo con una bala explosiva le destrozó la parte izquierda de su cara pulverizando su mandíbula. Si bien sobrevivió al disparo, no solo se acabó la guerra para él, sino que comenzó un calvario de operaciones y dolorosos ejercicios de recuperación, luego de 10 cirugías recuperó la funcionalidad de su mandíbula. Para terminar con la guerra Finlandia se vio obligada a ceder a la URSS parte de su territorio, entre esas tierras se encontraba el hogar natal de Simo, por lo que nunca pudo regresar a su granja perdiendo todas sus posesiones. Pese a ser un héroe nacional y uno de los pocos en recibir la Cruz de Mannerheim, Simo envejeció como un humilde granjero hasta su muerte el 1 de Abril de 2002.
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En el corazón del Kremlin de Moscú, en 1657, nació una niña que sería conocida por su astucia

 


En el corazón del Kremlin de Moscú, en 1657, nació una niña que sería conocida por su astucia y determinación. Hija del zar Alejo I y su primera esposa, María Miloslávskaya, Sofía Alekséyevna creció en un entorno de lujo y privilegio, pero también de intrigas y luchas por el poder.


La muerte de su hermano, el zar Teodoro III, en 1682, sin dejar descendencia, cambió el curso de la historia de Rusia y la vida de Sofía. Con la ayuda de su aliado, el príncipe Vasili Golitsin, se convirtió en regente de Rusia, gobernando en nombre de sus hermanos menores, Iván V y Pedro I.


Durante su regencia, demostró ser una líder astuta y capaz, implementando reformas y políticas que beneficiaron a Rusia. Sin embargo, su ambición y sed de poder la llevaron a cometer actos crueles y despiadados, incluyendo la persecución de sus opositores y la eliminación de aquellos que se interponían en su camino.


La lucha por el poder entre ella y su hermano Pedro, quien más tarde se convertiría en Pedro el Grande, fue intensa y sangrienta. Pedro se oponía a la regencia de Sofía y buscaba asumir el trono para sí mismo. En 1689, Pedro se rebeló contra ella y la depuso del trono, enviándola al monasterio de Novodévichi, donde pasó el resto de su vida en reclusión.


La caída de Sofía fue un golpe devastador para ella, ya que se vio obligada a abandonar el poder y la influencia que había disfrutado. Su salud se deterioró rápidamente, y murió el 3 de julio de 1704, a la edad de 46 años.


A pesar de su trágica historia, Sofía dejó un legado duradero en la historia de Rusia. Su regencia marcó un período de estabilidad y progreso en el país, y su influencia se puede ver en las reformas y políticas implementadas por su hermano Pedro el Grande.


Su historia es un recordatorio de la importancia de la humildad y la compasión, y de los peligros de la ambición y la sed de poder. 


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¿Cuál es el mito de Pigmalión?

 



¿Cuál es el mito de Pigmalión?


El mito de Pigmalión cuenta la historia de un escultor chipriota que se enamoró de una estatua de marfil que él mismo esculpió, tan perfecta que la llamó Galatea; tan profundo fue su amor que la diosa Afrodita, conmovida por sus súplicas y su devoción, le dio vida a la estatua, convirtiéndola en mujer real, con quien Pigmalión se casó y tuvo descendencia, consolidando un poderoso relato sobre el poder del amor, la creación y la profecía autocumplida que inspira el "efecto Pigmalión" en la psicología moderna. 

Resumen del mito

El escultor y el desengaño: Pigmalión, un rey y escultor, desilusionado por la vanidad de las mujeres, decide no casarse y se dedica a su arte, creando una estatua femenina de marfil tan bella que se enamora de ella, tratándola como si estuviera viva. 

La oración a Afrodita: En un festival en honor a Afrodita, Pigmalión pide a la diosa que le conceda una esposa "como su estatua de marfil". 

El milagro: Afrodita, viendo el amor sincero de Pigmalión, hace que la estatua cobre vida. Al besarla, el marfil se vuelve carne tibia, y Galatea se convierte en una mujer real. 

El desenlace: Pigmalión y Galatea se casan, y de su unión nacen sus hijas, incluyendo a Pafos, de quien deriva el nombre de la isla. 

El efecto Pigmalión

Profecía autocumplida: Este mito da nombre al efecto psicológico donde las altas expectativas de una persona sobre otra pueden llevar a que esta última mejore su rendimiento, haciendo que las expectativas se cumplan, explica Emooti – Instituto de Salud Mental y Bienestar y Gabinete DR ROMEU. 

Inspiración cultural: El mito ha sido adaptado en obras como la pieza teatral Pigmalión de George Bernard Shaw, que explora la transformación social y de clase, y en la película My Fair Lady, como se menciona en Casa del Libro y Old Vic 

martes, 16 de diciembre de 2025

Que una baronesa danesa huyera de un matrimonio sin amor,

 



Que una baronesa danesa huyera de un matrimonio sin amor, levantara una vida en una plantación de café que apenas se sostenía y acabara perdiéndolo todo lo que más quería… es más épico que cualquier ficción.


En 1914, Karen Blixen llegó a África Oriental Británica (la actual Kenia) con veintiocho años. Estaba huyendo. Su matrimonio con el barón Bror von Blixen-Finecke fue un acuerdo de conveniencia: su billete de salida del rígido mundo social de Copenhague. Fue un trato que la llevaría a la única vida que de verdad quiso vivir… y le costaría casi todo.


Karen se entregó por completo a gestionar la plantación de café de 4.500 acres a las afueras de Nairobi. Mientras su marido, Bror, perseguía safaris, ella aprendió suajili, dirigió a la mano de obra kikuyu y descubrió un yo auténtico en la inmensidad de la sabana.


Pero la granja iba mal, y el matrimonio era un desastre. La infidelidad constante de Bror la llevó a un hallazgo devastador: la había contagiado de sífilis. El matrimonio terminó, dejándola con el corazón roto, enferma y sola en una finca que se hundía, a miles de kilómetros de su hogar.


En su soledad, Karen conoció al amor de su vida: Denys Finch Hatton.


Denys era un aristócrata británico, guía de safaris, con estudios en Oxford y amante de la poesía, la música y la naturaleza africana.


Su relación fue intensamente moderna para los años veinte: profundamente apasionada, poco convencional y ferozmente independiente.


Nunca se casaron. Denys se negó, valorando su libertad por encima de todo. Desaparecía durante meses de safari y luego regresaba sin avisar a su granja. Karen aceptó ese amor —perfecto cuando estaba presente, agonizante cuando se iba— sabiendo que no podía exigir un compromiso que él no estaba dispuesto a dar.


Poco a poco, todo empezó a resbalarse entre sus manos. La altitud de la finca no era la ideal para el café, y el fracaso era casi inevitable. Karen volcó dinero y esperanza en ella, pero la deuda era insalvable.


En 1931, el derrumbe llegó de golpe.


La plantación de café quebró. Karen se vio obligada a subastar sus pertenencias y prepararse para regresar a Dinamarca, sin un centavo.


Entonces, la tragedia golpeó. Denys, que había aprendido a volar para contemplar desde arriba la inmensidad del paisaje, murió cuando se estrelló su avioneta.


Destrozada, Karen lo enterró en las colinas de Ngong —el paisaje que ambos amaban— y dejó África para siempre.


A los 46 años, Karen regresó a la finca familiar, rota, enferma y sin futuro. Sin nada que perder, tomó la pluma y empezó a escribir bajo el seudónimo masculino de Isak Dinesen.


Su escritura fue un acto de recuperación. No podía volver a la vida que había construido, pero podía hacerla permanente en el lenguaje.


En 1937, publicó Out of Africa.


El libro no era una memoria típica. Era lírico, onírico y obsesivamente atento a la textura de la luz, a la conversación con un ser amado y a la sensación de pertenecer. Transformó sus diecisiete años de lucha y pérdida en literatura atemporal.


Convirtió la pérdida en un éxito internacional.


Décadas después, la historia de Karen Blixen capturó la imaginación del mundo cuando se adaptó en la película épica de 1985, Out of Africa.


Protagonizada por Meryl Streep como la imponente Karen y Robert Redford como el carismático Denys Finch Hatton, la película fue un triunfo comercial y de crítica, y ganó siete premios Óscar, incluido Mejor Película. El filme consolidó la leyenda de Karen, aunque a menudo romantizó las realidades complejas de su vida colonial y la tensión profunda —y difícil— de su historia de amor.


Karen Blixen nunca regresó a África, pero a través de su obra maestra pasó el resto de su vida intentando escribir el camino de vuelta, alcanzando una inmortalidad que la plantación de café jamás habría podido darle.


Karen Blixen tomó los pedazos de su vida rota —una granja que fracasaba, un amor imposible y una pérdida devastadora— y los moldeó en una obra maestra. Su vida demuestra que los cortes más profundos pueden alimentar las creaciones más duraderas.


Puedes perder tu tierra, tu amor y tu salud, pero nunca pierdes tu historia. Y tu último acto de desafío es decidir cómo será contada.

Antes de encender tu primer cohete, debes saber esto

 


Antes de encender tu primer cohete, debes saber esto
La etología y la medicina veterinaria han documentado durante décadas que los animales son extremadamente sensibles al ruido explosivo, especialmente cohetes, petardos y pirotecnia de impacto.
Los animales procesan el sonido con mayor intensidad que los humanos y, en muchos casos, a frecuencias que nosotros ni siquiera percibimos.
1) Los decibeles no son un “ruido bonito”
Perros, gatos, aves, caballos y fauna silvestre poseen un rango auditivo más amplio.
Un cohete puede alcanzar 120 a 155 dB (equivalente a un avión despegando a pocos metros).
Los perros pueden escuchar hasta 45 kHz y los gatos hasta 64 kHz (nosotros apenas 20 kHz).
El estímulo es abrupto, penetrante y sin anticipación. No hay forma de “prepararlos” para el estallido.
Traducción real: No es “solamente ruido”, es un estímulo que el encéfalo animal interpreta como amenaza inmediata de muerte.
2) El daño no es solo emocional, también orgánico
El estallido puede provocar:
taquicardia severa
hiperventilación
miedo paroxístico
ataques de pánico
huida descontrolada (perros, gatos y caballos salen corriendo y son atropellados)
auto-trauma (lastimarse intentando esconderse)
convulsiones en animales con predisposición neurológica
miopatía por estrés en aves silvestres y caballos
En perros y gatos con comorbilidades cardíacas o endocrinas, el susto puede desencadenar:
arritmias,
síncope,
crisis hipertensivas,
e incluso muerte súbita.
3) La naturaleza paga el precio más alto
En fauna silvestre, la pirotecnia provoca:
abandono de nidos,
choques contra ventanas, postes, cables,
desorientación migratoria,
colapso respiratorio en aves por estrés masivo,
desbandadas que terminan en masacre accidental.
Miles de aves mueren cada Nochevieja y cada fiesta patronal. Sólo que no salen en Instagram.
4) “Solo es un ratito”
No para ellos.
El ruido no dura 3 segundos. El estrés fisiológico persiste horas e incluso días:
temblor constante,
negación a comer,
vómito,
diarrea,
desregulación del sueño,
lamido compulsivo,
conductas de apego extremo o, por el contrario, evasión y huida.
Si no te importan las mascotas… piensa en la fauna silvestre.
Y si tampoco te importa la fauna silvestre…
al menos reconoce que ningún animal te pidió celebrar con explosiones.
No es tradición. Es ruido que enferma, aterroriza y mata silenciosamente.
*Le Prell CG., 2019. Noise-induced damage across species.
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