ESTE FÓSIL ES UNA INCREÍBLE CÁPSULA DEL TIEMPO
Se trata del fósil de un nodosaurio identificado como Borealopelta markmitchelli, cuyos restos fueron descubiertos en 2011, por un operador de máquinas en el interior de la mina Millennium, una enorme cantera situada a unos 27 km al norte de Fort Mcmurray, Alberta, en Canadá.
La criatura extinta está datada entre 110 y 112 millones de años, mide 5,5 metros de largo y pesa casi 1360 Kg. Se podría decir que era el rinoceronte de su época un herbívoro gruñón que se mantenía bastante solitario. Tiene un increíble estado de conservación más que cualquier fósil.
Si algún depredador se acercaba —quizás el temible Acrocanthosaurus— , el nodosaurio tenía el truco perfecto: dos púas de 50 centímetros de largo que sobresalían de sus hombros como un par de cuernos de toro mal colocados.
Según los paleontólogos, su hábitat se parecía al sur de Florida actual, con brisas cálidas y húmedas que mecían bosques de coníferas y prados repletos de helechos. Por lo que es posible que el nodosaurio contemplara el mar. A principios del Cretácico, la crecida de las aguas esculpió un mar interior que cubrió gran parte de lo que hoy es Alberta, cuya costa occidental bañaba la costa oriental de la Columbia Británica, donde pudo haber vivido el nodosaurio. Hoy en día, esos antiguos lechos marinos yacen enterrados bajo bosques y ondulantes campos de trigo.
Se sospecha que fue arrastrado por la crecida de un río y murió. Según la reconstrucción de los paleontólogos, el cadáver, boca arriba, fue arrastrado río abajo —mantenido a flote por los gases que las bacterias expulsaban en su cavidad corporal— y finalmente fue arrastrado al mar. El viento lo empujó hacia el este y, tras una semana flotando, el cadáver hinchado reventó. El cuerpo se hundió de espaldas en el fondo del océano, levantando lodo espeso que lo envolvió. Los minerales penetraron en la piel y la armadura, sosteniendo su espalda y asegurando que el nodosaurio muerto conservara su forma original a medida que eones de roca se acumulaban sobre él.
Este proceso de fosilización terminó convirtiéndolo en una increíble cápsula del tiempo. «Fue un descubrimiento realmente emocionante», afirma Victoria Arbour , paleontóloga especializada en dinosaurios acorazados del Museo Real de Ontario en Canadá.
Crédito de las imágenes National Archaeology


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