domingo, 18 de enero de 2026

GUERRA ENTRE DOS CABALLEROS

 


GUERRA ENTRE DOS CABALLEROS
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, las colonias de paises europeos en Africa no quedaron excluidas del campo de batalla. Al contrario, fue escenano de épicas contiendas donde se destacaron actos de grandeza y heroismo típicos del antiguo estilo de los cabelleros. En el libro titulado "El sueño de Atrica", del autor español Javier Reverte nos presenta la emocionante historia del coronel alemán Paul Von Lettow, como una de aquellas figuras que pudo darse el extraño lujo de no haber perdido ni una sola batalla durante toda una guerra.
Al ser nombrado comandante supremo de las fuerzas armadas alemanas en Tanganica, sólo contaba con poco más de doscientos soldados alemanes y tres mil suboficiales nativos. No obstante, su pequeño número formaba una temible tropa. Los soldados nativos recibian el nombre de Askaris, palabra que significa soldado en swahili, a pesar de estar conformados por sudaneses, zulues y otros, se les enseñó a responder a órdenes precisas en alemán.
Al poco de estallar la guerra con Inglaterra, les tocó estrenarse ante un contingente muy superior en número. Los famosos gurkas indobritánicos lograron conquistar el hotel Dester Kaiser y el general Aitken que se encontraba al mando, ordenó destapar las botellas de champaña. En ese instante, Von Lettow ordenó a sus hombres lanzarse a la bayoneta en un ataque casi suicida por el flanco izquierdo. En pocos minutos, los británicos huyeron despavoridos hacia las playas. "Corrían como conejos y chillaban como monos”comentó un ofícial alemán. Aiken fue degradado a coronel.
Dos años después Londres escogió a un hombre muy singular para dirigir las tropas de Africa Oriental. Se trataba de Jan Smuts. Smuts junto a Louis Botha, jugó un papel protagónico en la fundación del estado de Sudátrica y en la conquista de la colonia alemana en Sudáfrica -actual Namibia- por lo que no tardó en cosechar éxitos. No obstante quedaba Von Lettow quien junto a su ejercito le infringio numerosas pérdidas
Los números cuentan mejor que nadie la leyenda de Von Lettow: Sus tropas nunca excedieron el número de once mil, mientras que sus adversarios llegaron a mantener hasta trescientos mil combatientes en Tanganika. Ciento treinta generales lucharon contra él en cuatro años y les hizo sesenta mil bajas a sus enemigos.
Pero la guerra de Lettow fue una guerra de caballeros. Comenta Reverte que mientras en Europa el gas y los bombardeos de las trincheras acaban con los nobles sentimientos de una generación de europeos, Lettow dejaba libres a los oficiales enemigos que capturaba
bajo la promesa bajo palabra de honor de que no lucharían contra Alemania en todo el tiempo que durase el conflicto.
Smuts correspondió con la misma caballerosidad. En cierta ocasión le hizo llegar la noticia a Lettow, con su felicitación personal, de que el Kaiser le había concedido la Cruz de Hierro. Lettow le devolvió un mensaje agradeciéndole el gesto y anadiendo que no era merecedor de tan alto honor.
Al entregar sus armas tras recibir la noticia de la rendición alemana el noventa por ciento se las había arrebatado al enemigo. "Más que rendir sus armas"
comenta el historiador Charles Miller "lo que hizo fue devolver artículos prestados" y agregó que "hubo una ridícula ceremonia. la capitulación de un ejército que no había perdido ante un ejército que no había ganado".
Así, terminada la guerra, Lettow regresó en tren desde Rhodesía y en todas las estaciones los colonos alemanes acudían a vitorearle.
Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, perdió dos hijos en el frente y al término de la contienda se vio en serias dificultades para sobrevivir. Fue su viejo adversario Jan Smuts quien obtuvo algo insólito en la historia de la guerra: una pensión militar aliada para un antiguo soldado alemán.
En 1953 Von Lettow teniendo ochenta y tres años volvió a embarcarse a Africa.
Allí en el muelle del puerto una multitud congregada le rindió honores junto a una orquesta. Un grupo de ancianos nativos pudo distinguirse entre el resto. Estos al ver que Lettow pisaba el muelle, rompieron la barrera para alzarlo en hombros cantando el haya safari ante la mirada atónita de los asistentes. Eran los askaris que cuarenta años antes habían jurado seguirle hasta la muerte. Once años después murió este héroe, justo el mismo año que el parlamento alemán acordaba pagar los sueldos y pensiones que desde hace mucho se le debían a los askaris. Comenta Javier Reverte que el epilogo de esta historia se escribió de forma curiosa: para cancelar la deuda con lo askaris, el gobierno publicó un anuncio intormandoles que el pago se efectuaría en la ciudad de Mwanza en una fecha señalada. Así las cosas, llegó el día y el pagador alemán se encontró ante sí a trescientos ancianos de los cuales muy pocos conservaban el certificado que los acreditaba como antiguos soldados. El pagador tuvo entonces una brillante idea. Comenzó a ordenar en alemán movimientos de orden cerrado: firmes, presenten armas, descansen, marchen. Ni uno de los ancianos dudó en ejecutar efectivamente las órdenes.
Lettow dejó asi saldada su deuda con estos supervivientes, que no dudaban en decir: "Mini ni askari Mdaichi", o lo que es lo mismo: "Soy un soldado alemán".
Jose Luis Salas Abad
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