La Prisión de la Purpurina: Instagram y la Inquisición de la "Buena Vibra"
Por: Fernando Casares
Hubo un tiempo en que la censura vestía de uniforme y quemaba libros. Hoy, la censura viste de color pastel, usa filtros de "piel de porcelana" y te aniquila socialmente con un algoritmo programado para la felicidad artificial. Bienvenidos a la Prisión de la Purpurina, donde no ser feliz, no ser estético o simplemente ser "real" es el nuevo pecado capital que el Ministerio de la Imagen castiga con el ostracismo digital.
La Estética del Vacío
El escándalo no es que usemos filtros; es que el algoritmo ha decidido que la realidad es ofensiva. Si tu desayuno no parece una obra de arte minimalista o si tu cara muestra los estragos de una noche de insomnio, el sistema te esconde. Instagram ya no es una ventana al mundo, es un escaparate de maniquíes donde la imperfección es tratada como un virus que hay que poner en cuarentena.
La Dictadura del "Wellness"
Lo más retorcido es cómo han disfrazado la presión social de "autocuidado". Nos bombardean con frases de amor propio mientras nos obligan a compararnos con estándares imposibles. Es la violencia del "tú puedes con todo" mientras te quitan el suelo bajo los pies. En las oficinas de Silicon Valley se ríen mientras nosotros nos obsesionamos con el ángulo perfecto para ocultar nuestra propia humanidad.

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