El 8 de febrero de 1814 Simón Bolívar ordenó que fueran pasados por las armas 886 prisioneros españoles, la mayoría de ellos neutrales.
En junio del año anterior, Bolívar firmó el Decreto de Guerra a Muerte en la ciudad de Trujillo. La declaración venía precedida meses antes por el Plan de Antonio Nicolás Briceño:
“…el fin principal de esta guerra es el de exterminar en Venezuela la raza maldita de los españoles de Europa sin exceptuar los isleños de Canarias, todos los españoles son excluidos de esta expedición por buenos patriotas que parezcan, puesto que ninguno de ellos debe quedar con vida no admitiéndose excepción ni motivo alguno…”.
A este período de la guerra de Independencia de Venezuela se le conoce como la Guerra a Muerte, que duró hasta 1820, caracterizado por la adopción del modelo haitiano de guerra de exterminio, en el que la aniquilación del enemigo político, civil o militar, fue concebida como instrumento legítimo de lucha, iniciándose tras la caída de la Primera República de Venezuela, provocada por la reconquista del general Domingo de Monteverde.
El documento pretendía cambiar la opinión pública sobre la guerra civil venezolana, para que en vez de ser vista como una rebelión en una de las colonias de España, fuera vista como una guerra entre naciones distintas. Proclamaba que todos los españoles y canarios que no participasen activamente en favor de la independencia se les daría muerte, y que todos los americanos serían perdonados, incluso si cooperaban con las autoridades españolas. Y así comprometer de forma irreversible a los individuos con la revolución. Fue redactada bajo la justificación de supuestos crímenes practicados por Domingo Monteverde (que dejó libre a Bolívar a cambio del apresamiento de Miranda) y su ejército contra los republicanos durante la caída de la Primera República. Otra de las justificaciones de la declaración de Bolívar la da en Valencia el 20 de septiembre de 1813, por la represión de Quito ordenada por el gobernador local Ruiz de Castilla el 2 de agosto de 1810, en el marco de la represión de la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito: "En los muros sangrientos de Quito fue donde España, la primera, despedazó los derechos de la naturaleza y de las naciones. Desde aquel momento del año 1810, en que corrió sangre de los Quiroga, Salinas, etc., nos armaron con la espada de las represalias para vengar aquéllas sobre todos los españoles...".
En febrero de 1814, al concluir la campaña y ser derrotados por los realistas en la Primera Batalla de La Puerta, Juan Bautista Arismendi, por órdenes de Bolívar, mando a fusilar a 886 prisioneros españoles en Caracas. Para engrosar su número añadió a los 300 enfermos y heridos en el hospital de La Guaira. Bolívar escribió los detalles al Congreso de Nueva Granada. En consecuencia, entre 1815 y 1817 fueron implicados y sentenciados a muerte varios ciudadanos distinguidos de Nueva Granada, cabecillas de la revolución, siendo ajusticiados a manos del ejército realista venido con Pablo Morillo. En represalia por el Decreto de Guerra a Muerte emitido por Bolívar en la ciudad de Trujillo, el 15 de julio de 1813, por el que son ejecutados más de dos mil españoles de los cuales 1600 eran canarios, sólo por el hecho de haber nacido al otro lado del Atlántico.
La Guerra a Muerte fue practicada sistemáticamente por orden de Simón Bolívar durante un periodo de la guerra en Venezuela en el cual las tropas de Bolívar se negaron a tomar condescendencia con cualquier español nacido en la Península o en Canarias, perdonando solo aquellos realistas nacidos en América y solo perdonando a aquellos peninsulares o canarios que abiertamente se posicionaron a su favor. La guerra a muerte llegó a su punto máximo en el año 1814, en la cual José Tomás Boves al mando de los llaneros con el grito de «muerte a los blancos» desató una feroz lucha de clases que liquidó la Segunda República. Historiadores han calificado dicho periodo como una guerra civil entre venezolanos que apoyaban a la corona y los que deseaban la independencia, pero con la muerte de Boves, y la sustitución de las montoneras llaneras que peleaban por el rey, por un ejército expedicionario regular comandado por el Mariscal Pablo Morillo comenzó a humanizarse la guerra en 1815, ya que además de la misión militar de reconquistar Nueva Granada, tenía la misión policial de desarmar y licenciar en Venezuela las incontrolables huestes de Boves que en su mayoría se habían plegado al bando independentista.
Al concluir la Campaña Libertadora de Nueva Granada y la instauración en España del Trienio Liberal, los patriotas se hallaron en una posición lo suficientemente fuerte para abandonar la guerra a muerte y negociar con Morillo un Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, que se firmó entre Bolívar y Morillo el 26 de noviembre de 1820. Mediante este acuerdo ambos bandos se comprometían a hacer la guerra "como lo hacen los pueblos civilizados", acordando el respeto a los no combatientes, el canje de prisioneros y a acabar definitivamente con las viejas prácticas de la guerra a muerte. Este tratado, está considerado el precursor del Derecho Internacional Humanitario actual.

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