domingo, 8 de febrero de 2026

SAN MARTÍN: UNA BIOGRAFÍA INCOMPLETA

 SAN MARTÍN: UNA BIOGRAFÍA INCOMPLETA



Por Revisionismo Historico Argentino 


Resulta de importancia vital una reflexión profunda que obligue, más temprano que tarde, a desarrollar una biografía más plena de la vida del General Don José de San Martín. No para repetir el bronce ni el relato escolar, sino para iluminar aquellos aspectos desconocidos, silenciados o deliberadamente ocultados de nuestro héroe máximo, de modo que las generaciones futuras puedan acceder a una interpretación más cabal, ajustada a los hechos históricos, y comprender en toda su dimensión la personalidad extraordinaria del Padre de la Patria.


EL SAN MARTÍN DEL BRONCE Y EL SAN MARTÍN OCULTADO


Mucho se ha escrito sobre el San Martín arquetípico: el Prócer inmaculado, el Libertador de naciones hermanas, el Militar ejemplar, el Estadista ilustrado, el Padre educador y el héroe despojado de pasiones terrenales. Incluso se ha difundido la imagen de un San Martín anciano, enfermo y solitario, casi ajeno a los conflictos políticos de su tiempo. Sin embargo, poco y nada se ha dicho de su persecución política, de su destierro forzado, de su enfrentamiento con el poder porteño, de su visión hispanoamericana y de las razones profundas de su retiro de la vida pública.


La historiografía liberal necesitó un San Martín neutralizado, sin enemigos internos, sin posiciones incómodas y sin vínculos con el federalismo. Ese San Martín domesticado es funcional al relato porteño, pero no resiste el contraste con los hechos.


EL PLAN CONTINENTAL Y EL BOICOT PORTEÑO


San Martín no pensó la Revolución desde Buenos Aires ni para Buenos Aires. Pensó en términos americanos. Su Plan Continental requería unidad interna, paz entre provincias y un esfuerzo común contra el verdadero enemigo: el imperio colonial. Sin embargo, mientras organizaba la campaña libertadora, desde Buenos Aires se lo desfinanciaba, se le negaban recursos y se intentaba subordinar su ejército para usarlo en guerras civiles contra las provincias federales.


El centralismo porteño, encarnado en el directorio y luego en el liberalismo unitario, veía en San Martín un peligro: no lo podía controlar. Su negativa a utilizar el Ejército de los Andes para someter a Artigas, a López o a cualquier provincia del interior fue uno de los “pecados imperdonables” que jamás le perdonaron.


SAN MARTÍN, ARTIGAS Y LÓPEZ: LA CAUSA AMERICANA


La relación de San Martín con los grandes caudillos federales José Gervasio Artigas y Estanislao López fue política, estratégica y doctrinaria. Los tres compartieron una concepción común: la Patria no podía construirse sobre la dominación de las provincias ni bajo la tutela de intereses extranjeros.


Artigas denunció tempranamente que Buenos Aires pretendía reemplazar al rey por una oligarquía portuaria aliada al comercio británico. San Martín comprendió esa advertencia y jamás se sumó a la campaña de demonización contra el Protector de los Pueblos Libres. Sabía que Artigas no era un anárquico, sino un dirigente profundamente americano, defensor de la soberanía popular y de una confederación de pueblos libres.


Con Estanislao López, en cambio, la relación fue directa y ejemplar. Ambos entendieron que la guerra entre provincias solo beneficiaba al centralismo. López garantizó la paz en el Litoral para permitir la campaña libertadora y, cuando Buenos Aires decidió avanzar contra San Martín, fue el único dirigente que lo defendió con hechos concretos. Descubrió que el gobierno porteño planeaba someter al Libertador a un consejo de guerra y ofreció poner a toda la provincia en armas para protegerlo y llevarlo en triunfo a Buenos Aires. Ningún porteño hizo algo semejante.


San Martín agradeció el gesto, pero eligió el exilio antes que provocar una guerra civil. Esa decisión selló su destino y confirmó que el único poder que realmente lo protegió fue el federalismo.


SAN MARTÍN, ROSAS Y LA SOBERANÍA


La línea que une a Artigas, López y Rosas es la misma que San Martín reconoció como propia. Por eso elogió explícitamente al Restaurador y le legó su sable. No fue un acto sentimental, sino una definición política: Rosas encarnaba la resistencia a la injerencia extranjera y la defensa de la soberanía nacional, aquello que el liberalismo porteño jamás estuvo dispuesto a sostener.


San Martín comprendió que quienes se aliaban al extranjero para vencer en disputas internas eran traidores a la Patria. Esa convicción explica sus advertencias a los unitarios y su respaldo a los gobiernos de orden que defendían la integridad nacional.


SAN MARTÍN, LAS LOGIAS Y EL MITO MASÓNICO


Uno de los mayores fraudes historiográficos ha sido presentar a San Martín como “gran masón”. Desde el punto de vista histórico, no existe ningún documento empírico, directo ni verificable que pruebe su iniciación en una logia masónica regular. No hay actas, diplomas, listas de miembros ni correspondencia interna que lo acrediten como tal, ni en América ni en Europa.


Las organizaciones en las que participó en su juventud —como los Caballeros Racionales o la Logia Lautaro— no fueron logias masónicas formales, sino sociedades políticas secretas, propias de una época de conspiración contra el absolutismo. Confundir militancia política con masonería es una construcción posterior, impulsada para apropiarse simbólicamente de su figura.


La propia masonería institucional ha reconocido que no conserva prueba alguna de su iniciación, limitándose a reivindicaciones simbólicas tardías.


EL CATOLICISMO DOCUMENTADO DEL LIBERTADOR


Frente a esa ausencia documental, la evidencia de su catolicismo es abundante y concreta. San Martín fue un católico practicante durante toda su vida. Nombró a la Virgen del Carmen de Cuyo Patrona del Ejército de los Andes, realizó votos religiosos antes del cruce cordillerano, mantuvo una relación constante con sacerdotes y utilizó un lenguaje cristiano coherente en su correspondencia.


Durante su exilio asistió a misa, observó el calendario litúrgico, recibió los sacramentos y pidió asistencia espiritual antes de morir. Su testamento expresa claramente su fe y su voluntad de ser enterrado en un templo católico. Aquí no hay interpretaciones: hay documentos.


PERSECUCIÓN, SILENCIO Y DESTIERRO


San Martín no se retiró por cansancio ni por ambición ajena. Fue empujado al exilio. No pudo llegar a tiempo para ver morir a su esposa porque su vida corría peligro. La prensa porteña lo injurió. Fue despojado de apoyo político y militar. Desafió a duelo a Rivadavia por su honor, y el unitario no respondió. Todo esto fue sistemáticamente ocultado por la historiografía oficial.


Comprendió que su presencia en el país sería utilizada para profundizar la discordia y eligió el silencio, el sacrificio y el destierro antes que traicionar la causa americana.


GLORIA, MARTIRIO Y PATRIA INCONCLUSA


San Martín vivió conforme a una ética cristiana y espartana: la vida solo tiene sentido cuando se entrega a una empresa grande. No buscó éxitos personales, sino Glorias. Y las Glorias no se miden en cargos ni honores, sino en sacrificio.


Su soledad no fue fracaso. Su exilio no fue derrota. Fue el precio de no haberse sometido al centralismo porteño ni a intereses extranjeros. Como Artigas, como López, como Rosas, fue perseguido por defender una Patria libre, soberana y americana.


Entender a San Martín sin los caudillos federales es mutilar su pensamiento. Separarlo del conflicto con Buenos Aires es vaciar su biografía. Su vida fue una lucha por una Patria Grande aún inconclusa, cuya realización sigue siendo una tarea pendiente de los argentinos.


Desde esta página vamos a seguir recuperando, una a una, las partes silenciadas de su historia, su vida y su obra, porque mientras haya memoria por reconstruir, el Libertador seguirá marchando.


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Titular: Damian Leandro Zanni

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