¿Sabías que una vez una ciudad fue arrasada por una ola… de melaza?
Ocurrió el 15 de enero de 1919, en Boston, Estados Unidos.
No hubo tormenta.
No hubo terremoto.
Hubo azúcar.
Una enorme cisterna industrial almacenaba millones de litros de melaza, un jarabe espeso usado para producir alcohol industrial. Esa mañana, el tanque cedió sin previo aviso.
Lo que salió no fue un simple derrame.
Fue una ola viscosa de casi cinco metros de altura que avanzó a gran velocidad por las calles, arrancando edificios de sus cimientos, doblando estructuras de acero y atrapando todo a su paso.
Las personas quedaron pegadas al suelo.
Los caballos no pudieron escapar.
Los gritos quedaron ahogados por algo que parecía inofensivo… pero no lo era.
Murieron 21 personas.
Más de 150 resultaron heridas.
Durante semanas, la ciudad olió a azúcar fermentada.
La melaza se metió en sótanos, ríos, ropa y memoria.
Dicen que, durante años, en los días calurosos Boston volvía a oler ligeramente dulce.
El desastre no fue solo extraño.
Fue histórico.
El juicio posterior cambió la forma en que se regulan las grandes estructuras industriales.
Y dejó una lección insólita:
el peligro no siempre ruge…
a veces avanza lento, pegajoso
y con apariencia inofensiva.
Porque la historia también está hecha de tragedias tan absurdas
que cuesta creer que hayan ocurrido de verdad.


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