jueves, 5 de febrero de 2026

Un 30 de enero de 1948, Mahatma Gandhi fue asesinado en Nueva Delhi, a los 78

 Un 30 de enero de 1948, Mahatma Gandhi fue asesinado en Nueva Delhi, a los 78 años.

Pero su muerte no comenzó ese día.

Llevaba meses caminando hacia ella… mientras el país que ayudó a independizar se rompía por dentro.


En agosto de 1947, la India obtuvo su independencia del Imperio británico. No fue una celebración limpia. La partición con Pakistán provocó una de las migraciones forzadas más grandes del siglo XX y una ola de violencia religiosa que dejó más de un millón de muertos.


Gandhi se opuso públicamente a la partición. Para muchos nacionalistas hinduistas, eso lo convirtió en un obstáculo. Lo acusaban de favorecer a los musulmanes y de debilitar a la nueva nación india en nombre de principios morales que ya no parecían prácticos.


En los meses posteriores a la independencia, Gandhi pasó más tiempo intentando frenar la violencia interna que celebrando la libertad. Realizó ayunos extremos para presionar a líderes políticos y comunidades enteras. Sus métodos, que antes habían sido símbolo de resistencia, ahora eran vistos por muchos como chantaje moral.


Las amenazas comenzaron a acumularse.

Las autoridades lo sabían.

La tensión era evidente.


El 30 de enero de 1948, Gandhi caminaba hacia una reunión de oración cuando Nathuram Godse, un extremista hinduista, se acercó y le disparó a quemarropa. No fue un soldado extranjero. No fue un agente colonial. Fue un ciudadano indio convencido de que Gandhi estaba dañando al país.


Murió casi de inmediato.


La independencia no lo protegió.

Su figura tampoco.


Gandhi quedó convertido en símbolo global. Pero su asesinato dejó claro algo incómodo:

la libertad política no resolvió los conflictos religiosos, sociales ni nacionales de la India. Solo los hizo imposibles de ignorar.


A veces, el problema no es el imperio que se va.

Es todo lo que queda cuando ya no hay a quién culpar.

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