“Craso: el romano más rico de la historia y la ambición que lo llevó a la ruina”
Marco Licinio Craso (c. 115–53 a. C.) fue una de las figuras decisivas del final de la República romana. Político, general y empresario, su trayectoria muestra hasta qué punto la riqueza privada podía convertirse en una fuerza estructural dentro del Estado romano.
Orígenes y contexto
Miembro de la gens Licinia, Craso creció en un ambiente político marcado por las guerras civiles del siglo I a. C. Estas experiencias tempranas le enseñaron que, en una república sacudida por la violencia interna, el poder no se sostenía solo con cargos públicos, sino con recursos económicos y redes de influencia.
La construcción de una fortuna sin precedentes
Durante la dictadura de Sila, Craso aprovechó las proscripciones y la inestabilidad urbana para adquirir propiedades confiscadas o incendiadas a precios mínimos. Organizó un sistema empresarial basado en:
Bienes inmuebles,
Esclavos especializados (arquitectos, contables, artesanos),
Préstamos y operaciones financieras.
Las fuentes antiguas coinciden en que fue, con diferencia, el hombre más rico de Roma, y que su fortuna condicionó decisiones políticas de alto nivel.
Craso y la guerra contra Espartaco
Entre 73 y 71 a. C., Roma enfrentó la gran rebelión esclava encabezada por Espartaco. Tras varios fracasos, Craso asumió el mando.
Impuso una disciplina extrema en las legiones —incluida la decimatio— y logró derrotar a los rebeldes. Aun así, el prestigio de la victoria fue disputado por Pompeyo, reforzando la sensación de que Craso nunca recibía el reconocimiento que deseaba.
El Primer Triunvirato
Hacia 60 a. C., Craso selló una alianza informal con Julio César y Pompeyo Magno.
En este acuerdo:
Craso aportaba dinero y apoyo financiero,
Pompeyo aportaba prestigio militar,
César aportaba liderazgo político y popularidad.
El equilibrio fue efectivo, pero frágil. Craso seguía aspirando a una gloria militar propia que equilibrara su peso económico.
Carras y el final
En 53 a. C., como procónsul de Siria, Craso lanzó una campaña contra el Imperio parto. La batalla de Carras terminó en desastre: las legiones romanas fueron vencidas por la caballería y los arqueros partos. Craso murió durante negociaciones posteriores a la derrota.
La tradición relata que sus vencedores vertieron oro fundido en su boca, una imagen simbólica que resume cómo fue percibida su ambición.


No hay comentarios:
Publicar un comentario