Las neuronas, esas diminutas células que forman nuestro cerebro y sistema nervioso, son sorprendentemente rápidas.
Algunas de ellas pueden transmitir señales eléctricas a velocidades de hasta 400 kilómetros por hora. Esta velocidad es comparable a la de un tren bala y permite que reaccionemos en fracciones de segundo, pensemos con rapidez o retiremos la mano de algo caliente casi sin pensarlo. Gracias a esta increíble velocidad, nuestro cuerpo y mente pueden comunicarse casi instantáneamente, manteniéndonos vivos, alerta y en movimiento constante.
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