sábado, 9 de agosto de 2025

En 1895, un niño de 12 años llegó a Boston con los zapatos rotos y apenas unas cuantas palabras en inglés.




 En 1895, un niño de 12 años llegó a Boston con los zapatos rotos y apenas unas cuantas palabras en inglés. Venía desde las montañas del Líbano, acompañado por su madre, dos hermanas y un medio hermano. No traían certezas, solo esperanza.

Eran pobres, estaban de duelo y no entendían este nuevo mundo. En la escuela lo marginaban por su acento, lo tachaban de torpe e incluso de sucio por el tono de su piel. Pero algunos maestros vieron más allá: callado, sí, pero profundamente atento. No dominaba el idioma, pero se expresaba con el alma al dibujar, y comprendía la vida con una madurez que desafiaba su edad.
Aprendió inglés, y con ese idioma formó una voz que resonaría por generaciones.
Ese niño se llamaba Kahlil Gibran.
Perdió a su medio hermano, a su hermana, y luego a su madre. Todo en cuestión de años. Su hermana menor trabajó vendiendo ropa para que él pudiera estudiar. Ese acto de amor lo marcaría para siempre. Más adelante escribiría: “La palabra más bella en labios humanos es ‘Madre’.”
Cuando hablaba del amor, lo hacía desde la herida, desde el agradecimiento, desde la sabiduría que nace del dolor.
📖 En 1923 publicó El Profeta, una obra poética sobre el amor, la libertad, el gozo y el sufrimiento. Se convirtió en un fenómeno universal, traducido a más de 100 idiomas y citado en bodas, funerales y discursos de líderes y artistas. Desde Elvis Presley hasta John Lennon y JFK hallaron consuelo en sus páginas.
Nunca alzó la voz. Escribió. Y nos dejó estas palabras:
🖋️ “Las almas más fuertes han surgido del sufrimiento; los caracteres más firmes llevan cicatrices.”
Un siglo después, su mensaje sigue vivo. Nada mal para alguien que un día fue llamado “indeseado”.

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