Por qué algunos animales cambian de color al salir del agua
Cuando el mar ya no los abraza, muchos animales muestran un rostro que nunca vemos bajo las olas. No es magia, es ciencia: una coreografía de luz, células y evolución que desaparece en cuanto el agua deja de ser su escenario.
Un pez plateado pierde su brillo metálico en segundos al salir del agua, o un pulpo deja de cambiar de color y se torna pálido o gris. Es fácil pensar que se trata de una reacción a la muerte o al estrés. Pero lo que en realidad ocurre es una combinación fascinante de física, biología y adaptación evolutiva, donde el agua actúa como escenario indispensable para una coreografía de luz y color que se pierde al salir del medio marino.
La mayoría de los peces pelágicos, como sardinas o arenques, muestran un brillo que no proviene de pigmentos, sino de microestructuras reflectantes en sus escamas. Estas están formadas por capas de cristales de guanina que interactúan con la luz a través de fenómenos de interferencia, produciendo lo que se conoce como color estructural. Bajo el agua, este tipo de coloración resulta en reflejos plateados, iridiscentes o incluso tornasolados. Pero el agua tiene un índice de refracción diferente al del aire, lo que afecta la forma en que la luz se comporta. Al cambiar de medio, las condiciones ópticas se alteran, y la iridiscencia desaparece. Lo que parecía un espejo vivo se transforma en una superficie opaca.
Pero no todos los cambios son ilusiones ópticas. Algunos animales, como cefalópodos, poseen cromatóforos: células pigmentarias que se expanden o contraen mediante impulsos nerviosos. Gracias a ellos, un calamar puede mimetizarse con el fondo o enviar señales a otros miembros de su especie. Sin embargo, al ser extraído del agua, el animal pierde control sobre este sistema, ya sea por estrés o por falta de oxígeno, y su coloración se vuelve uniforme o apagada. En casos extremos, como tras la muerte, el sistema de cromatóforos colapsa por completo.
Este fenómeno pone de manifiesto que muchos de los colores que vemos en el océano no son estáticos, sino que existen gracias a una interacción constante entre el cuerpo del animal y su entorno. El mar no es solo el lugar donde viven estos seres: es también un componente esencial de su apariencia. Fuera del agua, sus adaptaciones pierden sentido. La evolución ha moldeado cuerpos diseñados para reflejar luz en condiciones específicas, y al cambiar el medio, lo que parecía brillo natural era en realidad un delicado truco óptico.
Fuentes:
-Denton, E. J. (1970). Reflecting surfaces in marine animals.
-Hanlon, R. T. & Messenger, J. B. (2018). Cephalopod Behaviour.
-Cloney & Brocco (1983). Chromatophore systems in cephalopods.
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