CÓMO LA RESPIRACIÓN PROFUNDA ACTIVA EL NERVIO VAGO Y AYUDA A REDUCIR LA INFLAMACIÓN Y EL ESTRÉS
La respiración profunda no es solo una técnica de relajación, sino un mecanismo biológico capaz de influir directamente en el sistema nervioso. Su efecto principal se da a través de la activación del nervio vago, una de las vías más importantes de comunicación entre el cerebro y los órganos internos. Este nervio forma parte del sistema nervioso parasimpático, encargado de promover estados de calma, recuperación y equilibrio frente al estrés. Cuando respiramos lenta y profundamente, especialmente con exhalaciones prolongadas, estimulamos el nervio vago, lo que desencadena una cascada de respuestas fisiológicas que reducen la frecuencia cardíaca, equilibran la presión arterial y modulan la respuesta inflamatoria del organismo.
El nervio vago actúa como un puente entre la mente y el cuerpo. Su estimulación a través de la respiración profunda incrementa la llamada “variabilidad de la frecuencia cardíaca”, un marcador de resiliencia del sistema nervioso autónomo. Este ajuste favorece un predominio del tono parasimpático sobre el simpático, lo que significa que el cuerpo deja de estar en “modo alerta” y entra en un estado de recuperación y descanso. A nivel inmunológico, estudios han demostrado que la activación vagal inhibe la liberación excesiva de citocinas proinflamatorias, reduciendo procesos inflamatorios que están implicados en enfermedades crónicas como la artritis, la diabetes y los trastornos cardiovasculares.
Los beneficios de esta práctica se manifiestan tanto en la esfera física como en la mental. Las personas que incorporan ejercicios de respiración consciente suelen experimentar menor ansiedad, mejor calidad del sueño, mayor capacidad de concentración y una recuperación más rápida frente a situaciones de tensión. A nivel corporal, se ha observado una disminución de dolores asociados a inflamación y una mejor regulación del sistema digestivo, ya que el nervio vago también interviene en la motilidad intestinal y en la secreción de enzimas digestivas.
El entrenamiento respiratorio puede practicarse de manera sencilla: inspiraciones profundas y controladas por la nariz, llevando el aire hacia la parte baja de los pulmones y expandiendo el abdomen, seguidas de exhalaciones lentas y prolongadas por la boca. Dedicar algunos minutos al día a este tipo de respiración puede generar cambios significativos en el bienestar general, siempre y cuando se realice con constancia y en un entorno tranquilo.
En síntesis, la respiración profunda es una herramienta natural y poderosa para activar el nervio vago, equilibrar el sistema nervioso y reducir tanto la inflamación como el impacto del estrés. Integrarla en la rutina diaria no solo ayuda a calmar la mente, sino que también fortalece la salud física, recordándonos que la forma en que respiramos puede ser un puente directo hacia el equilibrio y la sanación del cuerpo.
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