sábado, 23 de agosto de 2025

Los veteranos de la Guerra Civil se reunieron una vez más en el suelo sagrado donde se habían perdido tantas vidas

 



En 1913, cincuenta años después de la batalla de Gettysburg, los veteranos de la Guerra Civil se reunieron una vez más en el suelo sagrado donde se habían perdido tantas vidas. Entre ellos estaba este soldado, capturado en una inquietante fotografía mientras estaba frente a un muro de piedra que una vez había hecho eco con el trueno de fuego de mosquete y explosiones de cañón. El tiempo había envejecido su rostro y se inclinó sus hombros, sin embargo, los recuerdos de la juventud y la guerra pesaban mucho más que los propios años.

Mientras miraba las piedras desgastadas, sus pensamientos deben haberse alejado del terrible día en que amigos y enemigos cayeron en grandes cantidades. El silencio del campo ahora contrastaba bruscamente con los gritos de los heridos y el caos lleno de humo que alguna vez había conocido. El muro de piedra permaneció como un testigo inmutable, pero él mismo llevó la carga de la memoria, sabiendo que no todos los que lucharon a su lado habían vivido para ver este reencuentro.
La fotografía es más que un registro del regreso de un veterano; es un testimonio de dolor que nunca se desvaneció completamente. Bajo la postura silenciosa del viejo soldado se encuentra la tristeza no dicha de la supervivencia, de sobrevivir a aquellos que perecieron a su lado. Su presencia en Gettysburg fue a la vez un acto de recuerdo y una peregrinación privada de luto, un último intento de reconciliarse con un pasado que nunca podría ser olvidado verdaderamente.
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