La “Ciudad Perdida” no es un mito, sino un ecosistema submarino único descubierto en el océano Atlántico.
Aquí, el agua rica en hidrógeno y metano brota a temperaturas relativamente bajas (entre 40 y 90 °C), alimentando comunidades microbianas que sobreviven sin luz solar, basando su energía en reacciones químicas. Esta bioquímica extrema convierte a la Ciudad Perdida en un laboratorio natural para entender los orígenes de la vida y posibles entornos similares en otros mundos, como Europa (luna de Júpiter) o Encélado (luna de Saturno).

Fuente: Nature
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