sábado, 23 de agosto de 2025

la Doncella de Hielo,

 



En lo profundo del hielo eterno de Siberia, los arqueólogos hallaron un cuerpo que parecía dormido hacía 2.500 años. La llamaron la Doncella de Hielo, y en su piel descansaba un secreto antiguo: un tatuaje.

Bajo su melena helada apareció un ciervo escita, dibujado con líneas finas y curvas que aún hoy sorprenden por su elegancia. No era un adorno banal: era un símbolo. Los escitas, un pueblo de guerreros y nómadas, tatuaban sus cuerpos como un lenguaje sagrado, un mapa de poder y espiritualidad que viajaba con ellos más allá de la muerte.
El hallazgo de la Doncella reveló que, incluso en medio de las estepas gélidas, la tinta era memoria y resistencia. Sus tatuajes, entre los más antiguos jamás encontrados, abren una ventana a un mundo que se pensaba perdido: un mundo de creencias complejas, de rituales, de animales totémicos que servían de guía y de protección.
No era solo una momia. Era un testimonio de cómo, desde tiempos inmemoriales, el ser humano buscó dejar marcas indelebles en su propia piel. Marcas que sobrevivieran al tiempo, al hielo y a la muerte misma.
Puede ser una imagen de hueso
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