sábado, 16 de agosto de 2025

Santa Clara de la Cruz 17 AGOSTO Abad Religiosa




 Santa Clara de la Cruz 17 AGOSTO

Abad Religioso
En Montefalcone, de la Umbría, santa Clara de la Cruz, virgen de la Orden de los Eremitas de San Agustín, que estuvo al frente del monasterio de la Santa Cruz con un amor ardiente a la pasión de Cristo.
Celebración 17 de agosto

Llegó el momento en que la comunidad se amplió sobremanera y fue necesario construir en el 1290 el nuevo convento de Sta. Cruz, que el obispo de Espoleto puso bajo la regla de S. Agustín, constituyéndose así una comunidad conventual en toda regla
16.08.2022 Ángel Gutiérrez Sanz

A mediados del siglo XIII nos encontramos que en Montefalco vivía la familia de los Vengente, un matrimonio compuesto por Damiano e Iacopa, ambos de una espiritualidad acendrada, muy devotos de Jesucristo y de Ntra. Señora, que habían tenido cuatro hijos, la mayor de los cuales se llamaba Juana, quien una vez cumplidos los 20 años se retiró a un reclusorio a las afueras del pueblo que le había facilitado su padre, para allí, juntamente con su amiga Andreola, dedicarse a la vida de oración y de sacrificio. Al poco tiempo se le fueron agregando más devotas, entre ellas su hermana Clara, que con pocos añitos demostraba una madurez humana y espiritual poco corrientes; paulatinamente fueron constituyendo una Comunidad informal compuesta por terciarias franciscanas, donde se vivía al modo de los eremitas, bajo la dirección de Juana Vengente . Llegó el momento en que la comunidad se amplió sobremanera y fue necesario construir en el 1290 el nuevo convento de Sta. Cruz, que el obispo de Espoleto puso bajo la regla de S. Agustín, constituyéndose así una comunidad conventual en toda regla.

Durante todo este tiempo Clarita había demostrado una ejemplaridad impropia de su edad, manifestando una especial devoción por la Santa Cruz, razón por la cual añadiría este sobrenombre al suyo de pila, en el momento de consagrarse como religiosa y hacer los correspondientes votos de pobreza, castidad y obediencia, que la convertían en monja agustina. Mientras vivió, Juana fue la encargada de dirigir con acierto los destinos de esta fundación agustina y Clara obediente y sumisa supo cumplir la función que según las necesidades se le iban asignando, incluso saliendo fuera del convento a pedir limosna para la comunidad. A la muerte de su hermana y muy a pesar suyo, fue ella la elegida para sustituirla y en este cargo permanecería hasta el final de sus días.

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