Lo que ves en la imagen es el resultado de décadas de estudios geofísicos y cartografía por radar que han permitido “mirar” debajo de los espesores de hielo de la Antártida. El mapa fue elaborado por el British Antarctic Survey a partir de datos recopilados por aviones equipados con radar de penetración de hielo, mediciones sísmicas y satelitales.
Contrario a la idea de un único bloque sólido, la base rocosa del continente es un mosaico de grandes masas de tierra separadas por extensos valles y cuencas, muchas de ellas por debajo del nivel del mar. El hielo, con espesores que en algunos puntos superan los 4 kilómetros, cubre y une estas masas, dando la impresión de un único continente compacto.
El conocimiento de este relieve oculto es crucial para la ciencia. La topografía subglacial determina cómo fluye el hielo hacia la costa, influye en la estabilidad de las plataformas de hielo flotante y condiciona la respuesta del continente al calentamiento global. Zonas situadas bajo el nivel del mar, como partes de la Antártida Occidental, son más vulnerables a la entrada de agua cálida del océano, lo que podría acelerar el retroceso glaciar y contribuir al aumento del nivel del mar.
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