domingo, 17 de agosto de 2025

Un rey tenía diez perros salvajes.





 Un rey tenía diez perros salvajes. Eran su castigo para cualquiera que cometiera un error: los lanzaban a la jauría para que lo destrozaran.

Un día, uno de sus sirvientes más antiguos falló en algo. El rey, sin dudar, ordenó que lo echaran a los perros.
Pero el hombre le dijo:
—Majestad, te he servido durante diez años. Solo te pido diez días antes de que me castigues.
El rey aceptó.
Durante esos diez días, el sirviente pidió quedarse con los perros. Los alimentó, les limpió la perrera, los bañó y los cuidó con paciencia y cariño.
Cuando se cumplió el plazo, lo lanzaron a los perros… pero pasó algo que nadie esperaba.
En vez de atacarlo, lo rodearon moviendo la cola y le lamían los pies.
El rey, sorprendido, preguntó qué había pasado.
El sirviente respondió:
—Solo estuve con ellos diez días y no olvidaron lo que hice por ellos. A ti te serví diez años… y lo olvidaste en mi primer error.
Ese día, el rey entendió lo que significaba la gratitud.
Porque sí… a veces los animales son más agradecidos que algunas personas.

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