OSTEOARTRITIS DE RODILLA: EL DESGASTE DEL CARTÍLAGO QUE LIMITA LA MOVILIDAD Y LA VIDA DIARIA
La osteoartritis de rodilla es una enfermedad articular degenerativa y progresiva en la que el cartílago que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación se desgasta de manera gradual, generando fricción, dolor y limitación funcional. El cartílago articular cumple la función de amortiguar los movimientos y permitir un deslizamiento suave entre los huesos; sin embargo, cuando se deteriora, la rodilla pierde estabilidad y flexibilidad, los huesos pueden rozar entre sí y la articulación comienza a deformarse. Este proceso, que afecta principalmente a adultos mayores, pero también a personas con sobrepeso, antecedentes de lesiones articulares o predisposición genética, constituye una de las principales causas de discapacidad física en el mundo.
El origen de la osteoartritis de rodilla es multifactorial. La edad avanzada es el factor más influyente, ya que con los años disminuye la capacidad de regeneración del cartílago. El exceso de peso incrementa la presión sobre la articulación, acelerando su desgaste. Las lesiones previas de rodilla, como fracturas o desgarros de ligamentos y meniscos, predisponen a un daño articular precoz. También influyen factores biomecánicos, como el mal alineamiento de las piernas, y procesos inflamatorios crónicos de bajo grado que contribuyen a la degeneración progresiva.
Los síntomas se desarrollan lentamente y empeoran con el tiempo. El dolor es el signo cardinal, inicialmente asociado a la actividad física y que mejora con el reposo, pero que con el avance de la enfermedad puede presentarse incluso en reposo o durante la noche. Se acompaña de rigidez matutina, crujidos articulares, inflamación, pérdida de fuerza muscular y limitación en la movilidad. En fases avanzadas, la rodilla puede presentar deformidad visible y el dolor se vuelve constante, afectando de manera significativa la capacidad de caminar, subir escaleras o realizar actividades cotidianas.
El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración física y estudios de imagen. Las radiografías de rodilla son la herramienta principal para detectar el estrechamiento del espacio articular, la presencia de osteofitos (pequeños crecimientos óseos) y cambios en la estructura ósea. En ciertos casos, la resonancia magnética puede aportar información adicional sobre el estado del cartílago, los meniscos y los ligamentos.
El tratamiento de la osteoartritis de rodilla busca aliviar los síntomas, mejorar la función y frenar el deterioro. Las medidas no farmacológicas incluyen la pérdida de peso, el fortalecimiento muscular mediante fisioterapia, el uso de bastones o plantillas ortopédicas y la práctica de ejercicio moderado de bajo impacto, como la natación o el ciclismo. En el ámbito farmacológico, los analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos son de primera línea, y en casos seleccionados se utilizan infiltraciones intraarticulares de corticoides o ácido hialurónico para reducir la inflamación y mejorar la movilidad. Cuando el daño es severo y el dolor incontrolable, la cirugía de reemplazo articular o prótesis de rodilla se convierte en la opción más eficaz para devolver la funcionalidad y mejorar la calidad de vida.
La osteoartritis de rodilla no es solo un problema de desgaste mecánico, sino una condición que limita profundamente la independencia y la vida social de quienes la padecen. Reconocer sus síntomas de forma temprana, aplicar medidas preventivas y seguir un tratamiento integral puede marcar la diferencia entre una vida activa y un progresivo deterioro físico. Cuidar las rodillas significa cuidar el movimiento mismo que sostiene nuestra autonomía, recordándonos que cada paso depende de la salud silenciosa de estas articulaciones que tanto damos por sentadas hasta que comienzan a fallar.
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