El viaje invisible del aire en tu cuerpo: una maravilla de la física y la biología que ocurre 20.000 veces al día
Al inhalar, no succionas el aire como si usaras una pajita. Lo que sucede es una maravilla del comportamiento de los fluidos. Tu diafragma, un gran músculo que se encuentra debajo de los pulmones, se contrae y baja, aumentando el espacio dentro de tu caja torácica. Este aumento de volumen reduce la presión interna, generando un vacío parcial en comparación con el exterior. Como la naturaleza busca siempre el equilibrio, el aire, que está a mayor presión fuera de tu cuerpo, entra para igualar esa diferencia.
El aire también se prepara para su misión al pasar por tu nariz, donde se filtra gracias a los vellos, se calienta debido a los vasos sanguíneos y se humedece por las mucosas. Luego baja por la tráquea y avanza a través de una red de bronquios que se van haciendo cada vez más pequeños.
Finalmente, llega a millones de diminutos sacos llamados alvéolos. Si pudieras unir toda su superficie, cubrirían un área similar a la de una pista de tenis. Es en estos alvéolos donde se produce el intercambio de gases: el oxígeno atraviesa una membrana finísima para unirse a la hemoglobina en tu sangre, mientras que el dióxido de carbono, producto de tus células, se expulsa al exhalar. Un proceso silencioso, perfecto y esencial.
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